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“Convertir a Santa Sofía en mezquita agrega un factor de intolerancia”

"Convertir a Santa Sofía en mezquita agrega un factor de intolerancia"



Santa Sofía, majestuosa construcción bizantina que desde su privilegiado lugar a orillas del Bósforo parece querer abarcarlo todo. Su inconfundible silueta es el ícono más representativo de toda Estambul (Constantinopla) y parece resumir perfectamente todo su pasado de gloria. Impávida ante el paso del tiempo, el sitio es además, Patrimonio Mundial de la Humanidad.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el viernes en Santa Sofía cuando realizó la primera oración luego de convertirla en mezquita. (Foto: Xinhua)

Hoy, a ochenta y cinco años de haberse declarado como museo, esta joya, patrimonio de todos, está amenazada. El actual gobierno turco del presidente Recep Tayyip Erdogán ha anunciado públicamente su intención de transformarla en una mezquita, alterando para siempre su actual significado y agregando (una vez más), un factor de intolerancia desde Turquía hacia el mundo civilizado.

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La decisión ha causado asombro, rechazo y estupor de muchos líderes mundiales y diversas organizaciones no gubernamentales que reclaman un urgente diálogo a fin de encontrar otras respuestas. Respuestas que lamentablemente quizá no lleguen, ya que el Estado turco es negacionista y no reconoce aún el genocidio perpetrado contra más de un millón y medio de armenios entre 1915 y 1923, que todavía espera justicia y reparación.

Al lado de estos hechos, la conversión de este histórico sitio en mezquita puede parecer insignificante, pero hechos como estos no son más que la conclusión cultural y religiosa de ese nefasto proceso iniciado con ese genocidio.

Después de todo, en aquellos años los “jóvenes turcos” que gobernaban el país, habían sostenido la necesidad de aniquilar los elementos no turcos de su imperio. Y esto no se refería solamente al exterminio físico, llevado a cabo lamentablemente contra los griegos de Esmirna y el Asia menor y los armenios del este, sino al exterminio cultural e histórico de todos estos elementos no turcos.

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Hoy, la posibilidad de que la basílica de Santa Sofía pase a ser solo una mezquita es un macabro telón de fondo de dicho proceso, ante la mirada cómplice de un mundo que hace ciento cinco años no ha hecho nada por los armenios, y hoy, ocupado por esta nueva pandemia, quizá no haga nada tampoco.

Gustavo Sterczek

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OTRAS CARTAS

Los residuos en tiempos de coronavirus​

“La llegada de la pandemia del coronavirus multiplicó la producción y el consumo de material plástico”, asegura el lector (Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)

Con la llegada de la pandemia del coronavirus se multiplicó la producción y el consumo de material plástico, sobre todo el de usar y tirar, lo cual tiene consecuencias negativas para el medio ambiente. También creció el consumo de otros plásticos desechables de un solo uso como bolsas, botellas de agua, recipientes para envíos a domicilio o embalajes. Es un tema secundario cuando el foco está puesto en salvar vidas humanas, por supuesto, pero el problema existe y tiene un impacto concreto en el ambiente.

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Por otro lado, el aumento de los residuos sanitarios y su posible mala gestión puede enfermar. Los residuos sanitarios de los centros que tratan enfermos del COVID-19 deben seguir el tratamiento convencional, que incluye su desinfección por vapor y vacío mediante autoclave, para, una vez desinfectados, ser tratados como residuos domésticos ordinarios, con la posibilidad de recuperar los materiales reciclables, como metales o plásticos.

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Este tratamiento genera menos impacto ambiental que la incineración, el vertido de los residuos u otros tratamientos agresivos. Algunos de los equipos de protección individual se pueden reciclar y reutilizar una vez desinfectados.

Patricio Oschlies

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“Sacrificio es hoy una palabra olvidada”

La lectora asegura que es necesario “hacer esfuerzo y descartar lo superfluo en pos de lograr lo que necesitamos como personas”. (Foto: DPA)

Sacrificio, palabra olvidada si las hay. Lamentablemente, muchos argentinos piensan solo con su bolsillo y así nos ha ido como país en las ultimas décadas. Así votan muchos. ¿Sacrificio? ¿Para qué? ¿Luchar contra el narcotráfico? ¿Para qué? ¿Pensar en el futuro de nuestros hijos y nietos? ¿Para qué? No importa, siempre y cuando podamos comprarnos todo lo que se nos viene en ganas y viajar. Aunque no sepamos si mañana tenemos algo en la heladera.

Solo importa si el mango alcanza para lo que consideramos que tiene que alcanzar. Y no hablo de pobres e indigentes. Hablo de una parte de la clase media argentina.

Mi viejita (que supo ser dignamente pobre) me enseñó que se gasta lo que se tiene, se vacaciona si el resto está asegurado, que ahorrar es importante, que laburar es indiscutible y si no se encuentra en qué, hay que inventar algo.

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Es muy sacrificado estudiar, trabajar, madrugar, pasar noches sin dormir porque tenemos un examen o terminar un trabajo, ir a trabajar aun sintiéndose mal, pensar que el que nos da trabajo es una buena persona y no un explotador, agradecer poder levantarnos cada dia y ganarnos el mango laburando.

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Pero algunos no tienen idea de qué es y representa hacer esfuerzo y descartar lo superfluo en pos de lograr lo que necesitamos como personas y como país. Eso es sacrificio.

Emma Alba Dolorini

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“Pandemia autóctona y otras miserias”

Congreso Nacional en la ciudad de Buenos Aires. (Foto: Xinhua/Martín Zabala)

Recuerdo que hace años mis padres se referían a la inflación como “aumento de la vida”, teniendo en cuenta que somos cuatro generaciones transitando nuestro querido país, esa referencia permanece absolutamente actualizada.

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Pero no solo esto se repite. Otras tragedias nos frustran y muestran nuestra decadencia de manera permanente, aunque la mala política pretenda enmascarar la realidad culpando a los medios de comunicación de hacernos creer lo que no es, como si fuésemos recién llegados de otro planeta mientras la realidad nos atropella y nos muestra lo vulnerable que somos, no solo ante una pandemia.

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La pobreza, la ignorancia, la inseguridad, cárceles funcionando muy al margen de lo que indica nuestra Constitución, una Justicia nada justa y con mucha gente fuera del sistema, causan muerte y destrucción y no son culpa del periodismo, de un virus o de una potencia extranjera, sino consecuencia de corrupción a todo nivel, sumada a impunidad y a complicidades que se ponen muy en evidencia cuando se “cajonean” leyes que afectan ciertos intereses.

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Toda una vida nos han engañado y no cejan en su intento, inventando nuevas y polémicas imágenes para nuestra moneda totalmente devaluada. Basta de insultar nuestra inteligencia con los llamados “precios cuidados”, con los “impuestos por única vez”, con hacernos creer que les importa la gente, pero solo les importan los votos. Por esto es que existen las villas o asentamientos y las dejaron crecer a un nivel inmanejable con las dolorosas consecuencias a la vista, mientras sectores políticos, con su bolsillos bien provistos, pierden tiempo repartiendo culpas con cero autocríticas.

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La experiencia nos dice que quienes tengan causas en la justicia y pretendan evadirlas con todo tipo de chicanas en lugar de enfrentarlas, saben de su culpabilidad. Para que la historia nos absuelva, debemos honrar a quienes, a pesar de todo, entregan su descanso y su vida luchando por sus semejantes y nunca se aprovecharán de quienes confían en ellos.

Alicia Gallino

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TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Sources:
clarin-com

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