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Presencia y cubanía de Rafael Hernández

Presencia y cubanía de Rafael Hernández


Rafael Hernández es el compositor, entre otras muchas piezas, de “Cachita”, “El cumbanchero”, “Campanitas de cristal” y “Capullito de alelí”. Foto: latin.peermusic.com

No son pocos los amantes de nuestra música que piensan que Rafael Hernández es un compositor cubano. Ocurre así, escriben los musicólogos cubanos Olavo Alén y Ana Victoria Casanova, no porque confundan simplemente el lugar de nacimiento de tan insigne músico, sino porque están convencidos de que muchas de sus composiciones llevan un sello de cubanía inconfundible.

Baste decir que Rafael Hernández es el compositor, entre otras muchas piezas, de Cachita, El cumbanchero, Campanitas de cristal y Capullito de alelí, que se estrenó en 1925, en ocasión del Día de la Canción Cubana. La versión de Buche y pluma no’ma en la voz del Trío Matamoros fue el primer gran éxito del compositor boricua interpretado por músicos cubanos. Son piezas que todos en algún momento hemos tenido como creadas en la Isla.

Por cierto, en 1933 subió a escena en un teatro habanero la pieza titulada Quítate tú para ponerme yo. En ella cada presidente de Cuba era escenificado con música alusiva. José Miguel con La Chambelona, Zayas, con música china, Menocal, con un repique de timbales… Grau, entonces en el poder, se identificaba en la pieza con Buche y pluma no’ma. Sobra decir que la obra no fue más allá de la segunda puesta. Esa noche hubo en el teatro una batalla campal con huevos, tomates podridos y piedras que acabó la policía a tiros.

“El hecho es que Rafael Hernández utilizó los géneros musicales más importantes de Cuba para crear algunas de sus obras de mayor trascendencia. Es posible que las versiones que hicieron los músicos cubanos de algunas de sus obras influenciaran al autor de tal forma que su estilo creativo se fue acercando cada vez más a las sonoridades más auténticas de la música cubana. Es posible también que el contacto de Rafael Hernández con los músicos de Cuba lo convirtieron en un portador de ritmos, estilos, formas de armonizar e incluso de determinados ‘manierismos’ utilizados en la música tradicional nacida en Cuba”, afirman los ya citados Alén y Casanova en el libro La marcha de los jíbaros; 1898-1997: cien años de música puertorriqueña por el mundo.

Es también el autor de Lamento borincano, Amor, no me quieras tanto, Corazón, no llores, Ahora seremos felices… Este prolífico compositor nació en Aguadilla, el 24 de octubre de 1896. Estudió trombón y con posterioridad hizo estudios de violín, trompeta, contrabajo y guitarra. Ya en San Juan amplió sus conocimientos de música. Viaja entonces a México y en 1914 está en Nueva York.

Aseguran algunos autores que Hernández vivió en La Habana entre 1919 y 1922. Otros afirman que su estancia habanera transcurrió entre 1920 y 1925. En esa época el compositor trabajó como trombonista en la orquesta del teatro Fausto, situado en la esquina de Prado y Trocadero, en esta capital. De La Habana, se dice, saltó a Nueva York y de ahí a México antes de volver a Puerto Rico.

Resulta imposible enumerar todos los viajes del compositor porque Rafael Hernández recorrió casi todo el mundo. Cuando en 1939 regresó a Cuba era ya todo un maestro a quien intérpretes y compositores cubanos admiraban. Vino comisionado en esa segunda ocasión por el sello discográfico Víctor para hacer grabaciones con orquestas y agrupaciones del patio. Trabajó entonces con la orquesta Riverside, bajo la dirección de Enrique González Mántici y con la de Alfredo Brito que, por deferencia del cubano, conduce el propio Rafael Hernández.

En ese mismo año, con motivo de la Feria Mundial de Nueva York, Emilio Grenet —hermano de Eliseo— compila y prologa una especie de antología de la música cubana. La tituló La música popular cubana y es, dice Díaz Ayala, el primer esfuerzo serio de analizar dicha temática. Incluye el volumen ochenta partituras de compositores locales que parecieron representativas al compilador. Dos de ellas no fueron escritas por cubanos. Son Cachita y Buche y pluma no’ma. No se trata de un error de Grenet. Se trata, sí, dicen Alén y Casanova, de magníficos modelos en sus géneros correspondientes; una canción-rumba y un son. Música cubana de la mejor, sin duda alguna.

En video, El cumbanchero



Sources: cubadebate.cu

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