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Danza y ballet en Puerto Rico: cinco décadas de movimiento

Danza y ballet en Puerto Rico: cinco décadas de movimiento


Un repaso de los pasados 50 años en la danza en Puerto Rico presenta un cuadro complejo de logros, crecimiento e innovación y fondos cada vez más escasos.

La década de los setenta, cuando se funda El Nuevo Día, vio la celebración del 20 aniversario de Ballets de San Juan, la primera compañía profesional de ballet en Puerto Rico, y la fundación de varios otros grupos, algunos de ballet clásico (Ballet Concierto, Ballet Municipal de San Juan), otros de ballet “contemporáneo” (fusiones del clásico con otros estilos y vocabularios: Ballet 70 de Petra Bravo y Otto Bravo; Ballet Teatral de Otto Bravo; Ballet Puertorriqueño de Ramón Segarra: todos de vida demasiado breve); y otros grupos de diversas expresiones, entre ellos, Ballet Raíces de Lotti Cordero (jazz y otras modalidades contemporáneas); Sylvia del Villard (con elementos afro-puertorriqueños que comenzaban a valorarse en el ámbito de la danza de concierto o teatral).

Además, el extraordinario y original Taller de Histriones (bajo la dirección de Gilda Navarra, tras abandonar Ballets de San Juan y los bailes “españoles”, que desarrolló una suerte de danza-teatro basada en la pantomima que montó hermosos “mimodramas” en sus 14 años de vida).

También vimos la primera visita del bailarín y coreógrafo puertorriqueño Manuel Alum y la del Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección de Alicia Alonso. La década cierra con la fundación del primer grupo de danza “experimental”, modalidad que ya venía tanteándose por distintos sectores de San Juan: el grupo llamado Pisotón. Esta expresión ha continuado desarrollándose, diversificándose y floreciendo hasta el presente.

En la década de los ochenta, Petra Bravo funda Danza Brava y también funda los Encuentros de Danza Moderna. Se inicia el Festival Interamericano de las Artes, bajo la égida del Centro de Bellas Artes y la Corporación de las Artes Musicales, festival que trajo compañías de muchos países latinoamericanos (DanzaHoy de Venezuela, Corpo de Brasil, la compañía del Teatro General San Martín de Buenos Airesyel Ballet Folklórico de México, entre muchas otras) y de Estados Unidos (como las de Martha Graham, Erick Hawkins y Garth Fagan, por mencionar sólo algunas), lo que nos dio la oportunidad de ver danza muy diversa y muchas veces de gran calidad. La UPR trajo la estupenda compañía de Merce Cunningham con el gran compositor y músico John Cage, entre otras ofertas inolvidables.

En el plano local y en el entorno cada vez más rico de la danza experimental, comenzó un maravilloso festival llamado Rompeforma: Maratón de danza, visuales y performance, que presentó seis iteraciones entre 1989 y 1996 . Asímismo, se organizaron festivales y encuentros bajo la dirección de Nelson Rivera, Pedro López, Puchi Plateon y otros. Mientras tanto, se van multiplicando las presentaciones de creadores como Viveca Vázquez, Awilda Sterling, Gloria Llompart y Oscar Mestey y, al final de la década, Vázquez establece un singular grupo de producción llamado Taller de Otra Cosa, que perdura hasta hoy día.

Las compañías de ballet continúan con sus repertorios de clásicos, muchas veces con artistas invitados, aunque cada vez más con bailarines principales formados en Puerto Rico, y piezas de ballet neoclásico o informadas por el creciente desarrollo de la danza experimental.

En la década de los noventa, Ballet Concierto funda su Festival de Coreógrafos, que se presentaba una vez al año y que comisionaba piezas de jóvenes coreógrafos como Jesús “Pito” Miranda, muchos de los cuales exploraban una suerte de danza “contemporánea”, marcada por la experimental pero de base técnica clásica.

Hacia finales de la década y en este giro estético, Lolita Villanúa funda Andanza – Compañía Puertorriqueña de Danza Contemporánea, que ya celebra sus veinte años. También Petra Bravo funda otro grupo llamado Hincapié, esta vez de estudiantes del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, que a la vez que le daba a los jóvenes la experiencia de presentarse y también de coreografiar, invitaba a bailarines y coreógrafos establecidos. Con la colaboración de artistas como Jaime Suárez, vimos programas importantes y retantes.

Bajo el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña y de otras organizaciones, existieron varios importantes festivales, producidos muchas veces por los mismos bailarines. A la vez, fueron años en los que comenzaron a reducirse dramáticamente los apoyos del National Endowment for the Arts, tanto para artistas independientes como para las compañías y sus coreografías y producciones.

A lo largo de todos estos años finales del siglo XX, recibimos la visita de bailarines de fama internacional, tanto de ballet como de otras modalidades.

En el comienzo del siglo XXI, en su primera década, menguaron todos los fondos para los grupos y artistas establecidos. La Universidad de Puerto Rico subsanó parcialmente esta sequía al subvencionar, bajo los auspicios de Actividades Culturales, eventos estupendos de Viveca Vázquez, los Encuentros de Danza Moderna, un Maratón de La Iliada, con participación de actores y de coreógrafos y bailarines, entre otros. Se redujeron notablemente las visitas de artistas extranjeros, lo que empobrece nuestra vida cultural.

En la década del 2010, se funda una segunda compañía de danza contemporánea y ballet: Compañía de Danza 21 o CoDa 21, y otros grupos como Balleteatro Nacional. Interesantemente, se incrementan la presencia de la danza en la calle y en plazas, incluyendo el novedoso proyecto de Noemí Segarra llamado PISO Proyecto.

El Centro de Bellas Artes articula un importante concepto de residencias artísticas que, para la danza, subvencionó a Norberto Collazo, José “Pepe” Álvarez, Karen Langevin, Alejandra Martorell y Jeanne D’Arc Casas, quien presentó otro giro de la danza-teatro: “[email protected] de la Bernarda”, co-dirigida con la teatrera Rosa Luisa Márquez.

A la vez, el Museo de Arte Contemporáneo celebró en el 2013 la primera retrospectiva de una coreógrafa y bailarina, llamada Coreografía del error: CONDUCTA de Viveca Vázquez. Su compromiso con la danza como un arte contemporáneo se ha incrementado con la inclusión de varios bailarines y coreógrafos como Karen Langevin, Alejandra Martorell, Javier Cardona, Eduardo Alegría, La Trinchera, Jesús Pito Miranda y otros bajo sus residencias y su programa “El MAC en el barrio”.

Mientras tanto, la década cierra con importantes aniversarios, a pesar de las dificultades de presentación: Ballets de San Juan celebró sus 65 años en el 2019 y Ballet Concierto celebró sus 50.

El performance se instala con fuerza en el panorama del movimiento, el cuerpo y la voz mientras que el Taller de Otra Cosa, que representa la vitalidad de expresiones de danza, performance y cualquier novedad corporal, celebra en el 2020 sus 30 años de trabajo ininterrumpido.



Sources: metro.pr

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