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Reflexiones de una pareja en aislamiento social

Reflexiones de una pareja en aislamiento social


Una pareja se besa mientras Silvio canta en el barrio de El Fanguito. Foto: Archivo Cubadebate.

En el día de ayer le comentábamos el título de este artículo a dos colegas amigas y en broma preguntaban: ¿Tirándose los platos?

Precisamente de eso se trata, evitar que esto suceda.

La vida muchos la han tildado de contradictoria, pero se podría decir mejor que no es ella como tal, sino lo que hacemos y pensamos acerca de ella en la cotidianidad. Nos quejamos de la rutina, y cuanto puede entorpecer nuestra creatividad, que va desde nuestra profesión hasta las relaciones de pareja y su sexualidad.

Sin embargo, cuando algún hecho o situación no deseado aparece, queremos que regrese lo cotidiano, entonces la rutina de costumbre se convierte en un anhelo y pasa de ser despreciada a ser deseada.

Cuando estamos inmersos en nuestro trabajo, anhelamos estar mucho más tiempo en casa, pero cuando estamos obligados a permanecer en el hogar por una enfermedad u otra razón, entonces extrañamos nuestras rutinas laborales y sociales, entre otras.

En estos tiempos de la COVID-19, tanto nuestras vidas como las de los que nos rodean han cambiado, por lo que enfrentar este reto es una necesidad, donde también hay que aprender a ver oportunidades y nuevos aprendizajes. Nosotros como pareja y como profesionales de la salud, hemos reflexionado sobre una serie de aspectos que trataremos a continuación.

La sexualidad y las relaciones de pareja es algo que se vive de forma muy personalizada y cada quien tiene sus expectativas en el día a día, de lo que espera, de lo que le es placentero o no, pero en estos tiempos de pandemia todo se ha modificado, muchas parejas históricamente, han deseado permanecer más tiempo juntos.

Expresiones como “ojalá que lleguen las vacaciones para lograrlo” o “cuando los niños crezcan tendremos más tiempo para nosotros”, sonaban muy familiares, pero ahora, todo cambió, la necesidad del aislamiento ha impuesto que las parejas y las familias tengan que permanecer en el hogar un tiempo que no estaba planificado y del cual la mayoría no tiene hábitos para ello.

Esto puede generar en muchas personas un posible desconcierto, pues tras perder las rutinas del trabajo, las actividades sociales y recreativas, las tareas familiares fuera del hogar como la visita y el cuidado directo de los padres si no se convive con ellos, el cierre de escuelas, cuarentenas obligatorias, se enfrentan a la realidad de estar todos juntos prácticamente las 24 horas; solo con salidas para resolver tareas básicas como la alimentación, si somos responsables, disciplinados, considerados y respetuosos con todos los demás, especialmente con los que están arriesgando sus vidas en el enfrentamiento a la pandemia.

Por otra parte, ha cambiado de una forma más evidente la separación de trabajo y de hogar, muchas personas realizan la modalidad de teletrabajo, por lo que las familias y las parejas deben adaptarse también a ello; aprender a organizar dentro del hogar qué tiempo le dedicamos al trabajo, los que tienen hijos a apoyar a estos en sus tareas docentes y cuál a la pareja y al resto de la familia, cómo distribuir los tiempos para el ocio y para el trabajo de cada uno, y cuánto y cómo para las labores del hogar.

Es necesario crear nuevos mecanismos de distribución del trabajo doméstico y de cuidadores. Sabemos que en nuestra cultura, la mayoría de estas han recaído sobre las mujeres y las niñas, por lo que pensamos que esta situación puede ser una posibilidad para nuevos aprendizajes para las parejas y las familias y así  lograr una distribución más justa, pues de lo contrario se genera sobrecarga en unas pocas personas, generalmente mujeres, malestares que puede llegar a la violencia doméstica, no solo de los miembros masculinos hacia su pareja, sino de los propios hijos hacia sus madres.

En investigaciones a nivel mundial, se ha comprobado que las mujeres hacen dos veces y medio más de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que los hombres.

Todas estas situaciones planteadas con anterioridad pueden influir en la sexualidad, ya que el estrés por las informaciones sobre la pandemia–que si son excesivas, pueden llegar a la infoxicación– y las preocupaciones por la salud de la familia y la propia, incluyendo los que no viven en el mismo hogar, provocan en algunas personas sentimientos de angustia, desesperanza, o irritabilidad, pérdida del control de las emociones; por lo que el tiempo del encuentro, de la ternura y del erotismo puede distanciarse, a pesar de encontrarse la pareja muy cerca y mucho tiempo juntos. Por supuesto, que esto no se puede generalizar, pues depende las personas y las parejas y como afronten estas situaciones.

Las situaciones de desastres y de emergencias pueden provocar, según reportes de diferentes investigadores, desde un aumento de los deseos sexuales en algunas personas, hasta la disminución y aversión por todo contacto o encuentro erótico, muchas veces relacionado con el miedo al contagio, en especial en parejas que no conviven todo el tiempo, o que no se tiene seguridad de sus responsabilidades ante situaciones difíciles y de tensión.

Por todo ello y ante la diversidad de familias y parejas, hay elementos que se recomiendan:

Mejorar nuestras habilidades comunicativas o sociales, en primer lugar, ser empáticos, que es la habilidad de comprender y conmovernos con lo que le ocurre al otro(a), ya que hay momentos que un miembro de la pareja y la familia puede sentirse angustiado, triste y hasta irritable y hay que apoyarlo en el manejo de estas emociones; está demostrado que las críticas, lejos de resolver, agravan la situación.
No es el momento de culpar, ni de analizar conflictos antiguos que no tienen relación con lo que se está viviendo en la actualidad y ser asertivos, que es la habilidad de decir lo que nos gusta o no. Este es un momento adecuado para ejercitarnos en el logro de una mejor comunicación.
Crear nuevas rutinas, pero respetando el tiempo de sueño en los horarios habituales, ya que las personas tienen un ritmo circadiano que comprende el período de sueño y vigilia que se sincroniza con la luz del día. La melatonina se segrega en el cerebro en la ausencia de luz e induce el sueño. Se recomiendan por lo menos, siete horas de sueño nocturno.
Cuando se varía este ritmo, al mantenerse despierto durante largas jornadas de madrugada, ya sea mirando TV o frente a equipos digitales (todos contribuyen al insomnio), se provoca que entonces se duerme hasta avanzada la mañana o la tarde. Esto produce somnolencia durante la etapa del día en la que estamos despiertos e influye negativamente sobre las actividades que desarrollamos en esos momentos.
Si esta situación se mantiene, puede aparecer malestar general que disminuirá nuestro rendimiento físico e intelectual, ansiedad, depresión, dificultades para concentrase, alteraciones cardiovasculares como hipertensión arterial, digestivas y neurológicas entre otras.
Se producirá algo parecido en algunos aspectos al síndrome de jet–lag, que es el que ocurre cuando se viaja rápidamente de una zona a otra que tiene un ciclo horario muy diferente, por lo que se recomienda respetar los horarios de sueño y descanso.
No excederse en el tiempo que se dedica a la TV, en especial recibiendo noticias relacionadas con la pandemia, es recomendable seleccionar horarios y espacios donde se concentre la información oficial y tener mucha cautela con lo que se informa por las redes sociales y por espacios no oficiales, porque las noticias falsas resultan imperdonables, ya sean criminalmente intencionadas o producto de la irresponsabilidad, la incultura o la ingenuidad como resultado de la inmadurez.
No canalizar la ansiedad e incertidumbre de la situación con el consumo de bebidas alcohólicas o ingiriendo excesos de té o de café.
Hablar con la pareja de los miedos e incertidumbre que a cada cual le genera esta situación, para así apoyarse mutuamente y buscar recursos que sirvan de fortaleza y estrategias de salida a los obstáculos.
El temor a estar solo, es un sentimiento que se agudiza en estos tiempos de aislamiento. Pero el solo hecho de sentir que necesitamos de los demás y que acudirán en su momento, constituye una fortaleza.
Tratar de identificar las actividades que más nos reconfortan, así como las que nos deprimen o producen malestar, el solo hecho de identificarlas constituye el primer paso para crear mecanismos de defensa y superarlas a la vez que nos hace más fuertes y con una mayor capacidad de adaptación ante las adversidades (resiliencia).
Programar actividades agradables ya sea de una forma individual, como pareja y familia, que se puedan organizar desde el hogar.
Desarrollar de acuerdo a las características y gustos, ejercicios físicos de forma sistemática dentro de la casa (caminar en espacios pequeños, ejercicios de estiramiento, aeróbicos, entre otros). También realizar ejercicios de respiración y de relajación que ayudan al control de las emociones.
Desarrollar planes a mediano y largo plazo, pues, sin temor a equivocarnos, esta epidemia va a terminar en algún momento, algunos se han dejado de cumplir o se han pospuesto, pero otros pueden seguir organizándose como individuo, pareja y familia.
Ayudarnos a elaborar las pérdidas y organizar nuevos comienzos.
Desarrollar e incrementar el apoyo social con nuestros grupos y comunidad. En estos momentos hay dos valores, la empatía y la solidaridad que deben desarrollarse al máximo, lo cual nos engrandecerá como seres humanos.

Y tratar de mantenernos ocupados en cosas útiles y placenteras, para evitar el proverbio que dice:  “La mente ociosa es el terreno del diablo” y bajo ningún concepto  “tirarse los platos”.



Sources: cubadebate.cu

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