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Víctimas colaterales del coronavirus: “¿A quién pedirle ayuda con el lobo en casa?”

Víctimas colaterales del coronavirus: "¿A quién pedirle ayuda con el lobo en casa?"



LA CARTA. Sin duda la indicación de “quedarnos en casa” es algo que todos debemos respetar. El tema es que la casa es un ámbito tan amplio y diferente para cada uno, hay de tantos tipos, como seres humanos hay en el planeta.

Hay quienes tienen por casa un sólo ambiente, una sola habitación que hace las veces de cocina, comedor y dormitorio juntos, tal vez éste último espacio dividido por una cortina o algo que parezca el lugar donde deben trascurrir los sueños, -el único lugar en donde se puede escapar de la realidad- sea un lugar distinto al que se tiene para pasar las horas despierto y para soportar la dura cotidianidad, en muchos casos, también sin acceso a distracciones mundanas modernas como Internet o cable para entretenerse y pasar los días, lo que para muchos sería imposible de concebir como un hogar, es la diaria realidad de muchos más, y es allí donde transcurren sus vidas entre cuatro paredes, veinticuatro interminables horas.

Home office. Carolina y su hijo Facundo en cuarentena por el coronavirus.

En esta imposición, también quedaron atrapadas personas, en su mayoría mujeres, con sus enemigos en casa y éstos cumpliendo, además de la cuarentena, sus deseos enfermos llenos de violencia y, lamentablemente, las cifras de femicidios nos demuestran esta cruda realidad. El vivir a tiempo completo con una persona violenta se convierte en una verdadera pesadilla de la que muchas veces no pueden escapar, y la única salida termina siendo la muerte misma.

¿A quién podrán pedir ayuda entonces con el lobo dentro de la jaula?, si a duras penas eran escuchadas sin cuarentena mediante. Ellas no podrán pedir a ninguna Justicia que les saquen de sus casas a esos torturadores si encima ven con desesperación cómo, por decisiones judiciales, los encarcelados son liberados y vuelven para continuar o finalizar sus actos de violencia​. Quien firmó la liberación de un violento no volverá a su casa y lo encontrará adentro. Quien tendrá que convivir con el violento o lo tendrá que padecer, es la víctima que seguro luchó duro por sacárselo de encima.

Para los enfermos crónicos o con tratamientos no se congelaron sus padecimientos, se sienten más frágiles, con sus vidas pendiendo de un hilo”.

Ni hablar de los niños que viven en esos hogares o los que son víctimas de violencia o de abusos en carne propia y que, sin duda, sus recuerdos sobre ésta pandemia serán mucho más que el de un momento histórico, como algunos creemos que estamos atravesando; el salir de sus casas o sus prisiones personales, era para estos desafortunados seres algo más que sólo dirigirse a otros sitios por distintos motivos, era un escape de sus situaciones insoportables y miserables, ir a trabajar, ir a la escuela o tan sólo poder caminar un rato por la calle o jugar en una plaza era su válvula de escape, su pequeño e invalorable momento de libertad. Lamentablemente, no terminaron los sufrimientos de estas personas. Sólo están allí, más escondidos, con sus heridas siendo laceradas por perpetradores viviendo el sueño de sus vidas y con el terreno más fértil que puedan alguna vez haber soñado. Y lo que para ellos es un sueño, es la dolorosa pesadilla de las víctimas.

Será entonces cuando el dictamen de quedarnos en casa se convertirá en los peores días que tengan que pasar tantas personas que no miden la cuarentena en días, la cuentan en insufribles segundos.

Otro de los terribles efectos colaterales son las víctimas de situaciones que requieren atención médica y que no son atendidos debidamente por no tener los síntomas “correctos” de coronavirus y merecer la atención correspondiente. ¿Acaso enfocamos tanto un punto que no podemos ver el panorama completo? ¿Quién le devuelve a una madre su hija que no fue atendida y la mandaron en repetidas ocasiones a su casa por no presentar síntomas de Covid 19 y terminó muriendo de una falla renal? ¿Tendremos en cantidad tantas muertes evitables como inevitables? Para los enfermos crónicos o con tratamientos en curso no se congelaron sus padecimientos, continúan y con el agravante del terror de sentirse más frágiles, con sus vidas pendiendo de un hilo.

 Hay que escuchar más a las personas que piden ayuda médica con distintos síntomas a los del Covid 19,​ y demostrarles que encontraron ayuda”..

Toda guerra, sea contra lo que sea, siempre tiene víctimas colaterales. Lo ha demostrado la Historia. Pero podemos prestar más atención al panorama completo que estamos viviendo y a la vez poniendo más consideración en los detalles que pueden hacer la diferencia entre la vida y o la muerte para algunas personas y así, tal vez, podamos ayudar más de lo que estamos haciendo ahora, escuchar más a las personas que piden ayuda médica con distintos síntomas a los del coronavirus, o en los casos que conozcamos personas que tengan situaciones que no son sanas dentro de sus hogares, hacerles saber de alguna manera que pueden tocarnos la puerta o el timbre y que algo podemos hacer por ellos.

No podremos abrazarlos o darles la mano, pero con una mirada, que parece ser el nuevo lenguaje que llegó para quedarse, demostrarles que encontraron ayuda.

Las pequeñas acciones diarias son las que evitaran las víctimas colaterales de esta lucha. Desde mi punto de vista, la pandemia no sólo traerá nuevos sufrimientos, lamentablemente ahondará más las heridas que cada uno tiene…

Carolina Rodríguez

Igarzabal [email protected]

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Por César Dossi

Un poco de humanidad ante tanto desapego

Algunas de las víctimas colaterales de la cuarentena, de las que habla la lectora, son mujeres. El Ministerio de Justicia anunció en abril que hubo al menos 28 femicidios, pero no hay estadísticas oficiales.

Ante ello, el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación, y la Secretaría de Innovación Pública de la Jefatura de Gabinete de Ministros, para que no se invisibilicen esos crímenes, crearon una línea directa en WhatsApp (+54 9 11 2771-6463) para asistirlas. Pero ya en mayo del 2019 se presentó en el Congreso un proyecto para declarar la emergencia social por violencia de género. Hoy, ese pedido se potencia ante el aislamiento obligatorio que las pone aún en un peligro mayor.

La lectora que nos escribe manda su carta desde Cofico, Córdoba, tiene 47 años y vive con su hijo de 24. Ambos hacen “home office”. A Carolina la desvela este tema y habla también de los que se “sienten más frágiles, con sus vidas pendiendo de un hilo”. Y alienta a tenderles una mano, “escuchar más a las personas que piden ayuda médica”.

Sumarse a esta cruzada no contagia, llena el corazón de solidaridad y cura el alma de aquellos que, solos contra el coronavirus, luchan por su salud y buscan aunque sea un poco de humanidad ante tanto desapego.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Sources:
clarin-com

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