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¿Por qué no todas las personas con COVID-19 van a experimentar una tormenta de citoquinas?

¿Por qué no todas las personas con COVID-19 van a experimentar una tormenta de citoquinas?


Cada vez con más insistencia se escucha el término tormenta de citoquinas (o citocinas) para referirse a una reacción inmunitaria grave que ocurre en algunos pacientes infectados con el virus Sar-CoV-2, que ocasiona el COVID-19. Mediante esta reacción, el cuerpo libera muy rápido unas proteínas denominadas citoquinas, que, según los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), cumplen una función importante en las respuestas inmunitarias normales, pero son dañinas cuando el cuerpo las produce de una vez en grandes cantidades.

Citoquinas: ¿Buenas o malas?

Sin embargo, como aclara el doctor en Inmunología Aníbal José Valentín Acevedo, “esta no es una reacción específica del COVID-19”, ya que este es un mecanismo particular del sistema inmunológico y ocurre con muchas otras infecciones, como las bacterianas, en pacientes con VIH y en pacientes con ciertas enfermedades asociadas a células del sistema inmunológico.

“Lo que se denomina como tormenta de citoquinas es simplemente una respuesta del sistema inmunológico para producir más citoquinas de las que se necesitan”, apunta el también catedrático auxiliar de la Universidad Central del Caribe (UCC), al describir que las citoquinas son producidas por todas las células del sistema inmunológico, e incluso otras células del cuerpo, y que actúan como mensajeros químicos que les dicen a las células cómo responder ante la presencia de un patógeno.

“Bajo condiciones normales, el sistema inmunológico está secretando citoquinas todo el tiempo; es parte normal del sistema y todas las respuestas inmunológicas, siempre van a estar mediadas en parte, por las citoquinas. La producción de citoquinas no es algo anormal, no es algo patológico”, subraya.

“Cuando este evento ocurre en una forma balanceada, se produce exclusivamente la cantidad necesaria de citoquinas para resolver una situación determinada, por lo tanto, el paciente no tiene muchos síntomas cuando pasa el problema. Eventualmente, el cuerpo se encarga y el paciente mejora sin ayuda”, señala, por su parte, el doctor Armando Torres Nieves, infectólogo del Sistema de Salud Menonita.

“Por distintas razones que no están del todo claras y que pueden relacionarse a la naturaleza de la persona, así como a sus comorbilidades, en algunos casos, la respuesta del sistema inmune es exagerada y, entonces, la producción de citoquinas es demasiado alta”, destaca el infectólogo. Los efectos de esta sobreproducción de citoquinas son tantos que afectan literalmente a todos los órganos del cuerpo.

“Uno de los efectos que tienen las citoquinas es que pueden cambiar la impermeabilidad de los vasos sanguíneos, que entonces comienzan a retener líquido, por lo que los alvéolos se llenan de agua”, menciona como ejemplo el doctor Valentín Acevedo.

El proceso, describe, por su lado, el doctor Torres Nieves, se relaciona a la manera en la que el coronavirus, cuya superficie tiene unas proteínas denominadas ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2), se pega a los receptores ACE2 de las células de los alvéolos pulmonares, que son unas diminutas bolsas de aire que parecen un ramillete y que se encuentran al final de los bronquios.

“Como parte de esa respuesta inmunológica, ocurre un proceso bien severo de inflamación en los alvéolos, que, a su vez, los puede dañar y afectar seriamente la oxigenación del paciente. Dependiendo de cuán grave sea el daño pulmonar, entonces evoluciona en una cascada de inflamación que lleva una gama de complicaciones que eventualmente pueden conllevar la muerte del paciente”, como parte de la llamada tormenta de citoquinas, explica el doctor Torres Nieves.

Lo que se sabe hasta el momento

Aunque se debe consignar que el conocimiento sobre el COVID-19 está en constante evolución, se han identificado que son las citoquinas proinflamatorias, como la interleucina 6 (IL-6), las que provocan el cuadro grave de los pacientes infectados por coronavirus 2.

En este punto, el doctor Valentín Acevedo recuerda que no todos los pacientes enfrentan la tormenta de citoquinas y que, ante ciertos reportes que señalan que esta reacción sería mucho más severa en pacientes jóvenes, cuyo sistema inmunológico es más fuerte, destaca que esta es una interpretación incorrecta.

“La respuesta de las citoquinas no te dice el estado del sistema inmunológico por lo que cualquier persona puede generar una tormenta de citoquinas, no importa si tiene un sistema inmunológico normal, un sistema inmunológico suprimido, o un sistema inmunológico sobreactivado”, señala.

Pero, para que esto ocurra, median muchos factores:

Genéticos: el inmunólogo explica que hay diferencias genéticas. “No todas las células del sistema inmunológico de una persona son iguales a las de otras y las células van a responder de manera diferente”, enfatiza. Así, por ejemplo, puede ocurrir que hay células que cuando se estimulan para producir citoquinas producen mucha cantidad y hay otras que con la misma estimulación producen poca. “Así que ese puede ser un factor que afecte en quién se produce la tormenta y en quién no”, dice el doctor Valentín Acevedo.

Carga viral: “Puede ser que una persona que se infecta con mucho virus responda con una reacción más fuerte que una persona que se infecta con poco virus y eso podría influenciar si se produce o no la tormenta de citoquinas”, argumenta el inmunólogo.

Comorbilidades: enfermedades quesufra el paciente infectado como enfermedad pulmonar obstructiva crónica, hipertensión, diabetes y enfermedad cardiovascular, entre otras, podrían ser un detonante de la tormenta de citoquinas.

La paradoja de los medicamentos en prueba

En su búsqueda para encontrar una solución al problema de la tormenta de citoquinas, la comunidad médica y la científica han utilizado su conocimiento y el historial de ciertos medicamentos utilizados para tratar otras condiciones, para neutralizar y controlar sus efectos en los pacientes con COVID-19.

“Los medicamentos que están mirando generalmente son medicamentos que se utilizan para el tratamiento de enfermedades autoinmunes como, por ejemplo, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoidea y el lupus, porque en estas condiciones los pacientes tienen el sistema inmunológico sobreactivado. Esa sobreactivación se debe a que producen muchas citoquinas, así que en estos pacientes se dan estos medicamentos para suprimir esa respuesta”, indica el doctor Valentín Acevedo, a explicar la racional detrás de este tratamiento para los pacientes con COVID-19 en su manifestación más severa por las tormentas de citoquinas.

Entre estos medicamentos, apunta, de su lado, el doctor Torres Nieves, se está utilizando con bastante éxito un antagonista del receptor de interleucina 6 llamado Tocilizumab y aunque los datos son preliminares y más anecdóticos, se ha visto que funciona bien en algunos casos.

También se están considerando medicamentos como los esteroides en cierto punto de la infección.

“Los esteroides se están usando porque, literalmente, suprimen el sistema inmunológico y bajan esa inflamación”, indica el catedrático asociado de la UCC. Sin embargo, hace la salvedad de que lo que puede ser una ventaja, se puede convertir en un problema potencial, pues, “estos medicamentos que suprimen el sistema inmunológico tienen un efecto secundario severo que es dejar a la persona desprotegida porque le quitan la herramienta que tienen para defenderse de las infecciones: su propio sistema inmunológico”, abunda el doctor Valentín Acevedo.

“El paciente que genera la tormenta de citoquinas tiene dos problemas principales. El primero es que tiene un virus y el virus se está replicando y está generando más partículas virales, que están estimulando el sistema inmunológico y eso causa el segundo problema, la tormenta de citoquinas”, razona, para recalcar que los médicos buscan establecer un fino balance para controlar la tormenta de citoquinas.

Tomando en consideración la experiencia con el uso de estas estrategias, ambos entrevistados coinciden en que, en estos momentos, se trata de identificar en qué momento de la infección es más recomendable suprimir el sistema inmunológico para que “apague” larespuesta de la producción de citoquinas.

Otros medicamentos de este mismo grupo que se están considerando son los inhibidores de proteínas quinasas, que inhiben la producción de ciertas citoquinas, sin necesariamente interferir con otros procesos inmunológicos.

“O sea, que estás suprimiendo solamente una respuesta y no muchas al mismo, como harías si usas, por ejemplo, un esteroide”, destaca el investigador, quien manifiesta que, desde el punto de vista científico, ve mucho potencial en esta clase de medicamentos.

Aunque no existe ningún protocolo establecido ni aceptado mundialmente para el uso de estas terapias, los médicos están utilizando su criterio para determinar si usan o no alguna de estas.

“Es bien difícil saber quién va a desarrollar la tormenta de citoquinas o no, pero, indistintamente de eso, es bien importante que las personas sigan cuidándose, sigan en distanciamiento social y manteniendo su sistema inmunológico saludable”, destaca el doctor Valentín Acevedo, mientras que el doctor Torres Nieves urgió a no flexibilizar antes de tiempo las medidas tomadas hasta el momento para evitar que haya un aumento de casos incontrolable.



Sources: metro.pr

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