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Puerto Rico

Puertorriqueña da a luz en Holanda a su primer hijo en medio de la crisis del coronavirus

Puertorriqueña da a luz en Holanda a su primer hijo en medio de la crisis del coronavirus


Nota del editor: novena entrega de la serie “En cuarentena desde…” en la que boricuas nos cuentan cómo están pasando fuera del país la emergencia provocada por el coronavirus COVID-19.

La puertorriqueña Yaiza Morales Medina, quien vive en Holanda, se estrenó como madre, el pasado 19 de marzo, y describió la experiencia como “verdaderamente única”, pues la alegría de traer al mundo a su hijo Dewa se combinó con el miedo y el estrés de parir en plena pandemia del coronavirus COVID-19.

Los temores de Morales Medina, de 38 años, incrementaron una semana antes de dar a luz, cuando su partera le envió un correo electrónico indicándole que tanto su oficina como los hospitales holandeses tomarían “medidas estrictas” para frenar la expansión del virus. En Holanda, las embarazadas no se atienden con ginecólogos, sino con parteras.

La partera le mencionó, por ejemplo, que cerraría su oficina, que solo atendería emergencias y que serían visitas rápidas, que los hospitales demarcarían la distancia entre sus pacientes y que, cuando le tocara parir, solo podía tener un acompañante. Esto último trastocó los planes de Morales Medina, cuya madre, de 78 años, viajó de Puerto Rico a Holanda para estar juntas en el alumbramiento.

“Al final, me acompañó mi esposo y mami se quedó tres días sola en casa. Tuve una cesárea y pasé tres días en el hospital, no pudo acompañarme”, contó en entrevista telefónica.

“Cuando recibí el e-mail de la partera y vi todo lo que estaba pasando, empecé a preguntarme si debía parir en casa. Llamé a la partera y le dije que tenía miedo, pues no quería que se afectaran el bebé, mi esposo, que es holandés, o yo misma. Estaba ansiosa, nerviosa. Pero, al final, ella me convenció y me dijo que la mayoría de las primerizas, como yo, terminan en el hospital. Yo quería dar a luz en el hospital, precisamente, por eso, porque era mi primer bebé”, añadió.

Morales Medina, quien es natural de San Juan, dijo que tuvo un embarazo “superdifícil”, e igualmente ardua fue la decisión de parir en el hospital.

El empujón que necesitaba para convencerse lo recibió al saber que en el hospital de Zaandam, ciudad en la que vive y que queda a 15 minutos en auto de Ámsterdam, no había pacientes contagiados con COVID-19. “Pero justo después de dar a luz, ya había cuatro casos de coronavirus en la unidad de cuidado intensivo”, resaltó.

“Parir en el hospital de Zaandam fue lo mejor, porquelos hospitales de Ámsterdam se pusieron aún más estrictos y establecieron que las mamás tienen que parir solas. Yo tuve un parto de 30 horas, y no me imagino estando sola en el hospital todo ese tiempo”, expuso.

Tras dar a luz, indicó Morales Medina, le dio “mucha paranoia y persecución” con las enfermeras y doctores que atendían a Dewa. No quería, por ejemplo, que lo cargaran o le pusieran los dedos en la boca para estimularlo a chupar. A todos les pedía que se lavaran las manos antes de tocar al bebé, así lo hubieran hecho poco tiempo antes.

“Era una constante preocupación y estoy segura de que, si no fuera por el coronavirus, esas cosas no me hubiesen importado tanto. Pero el bebé está superbién; gordo y saludable”, reconoció.

Lo conocen a través de unas ventanas

Ya de vuelta en su casa, Morales Medina determinó que no aceptaría visitas hasta nuevo aviso, excepto de profesionales de salud.

En Holanda, el Estado les asigna una enfermera a las recién paridas, que las visita –al menos– por una semana, durante ocho horas al día. Esa enfermera, además de atender la salud de madre e hijo, limpia la casa y cocina. “¡Es una cosa maravillosa!”, exclamó.

Contó, por otro lado, que sus suegros, quienes viven en el sur de Holanda, viajaron hasta Zaandam para conocer a su nieto, pero solo pudieron verlo a través de las ventanas de cristal de la casa.

“Somos superunidos con ellos, pero yo no los dejo entrar en mi casa, y ellos entienden, porque no sabemos (si pueden ser portadores del virus). Guiaron tres horas hasta acá para ‘janguear’ con nosotros a través de las ventanas. Me rompió el corazón y se me aguaron los ojos. Era bien emotivo, pero raro”, narró.

Agregó que, para hacer la situación un poco más cómoda, su esposo colocó en el jardín, cerca de las ventanas de cristal, una mesa, dos sillas, café y galletas. Solo entonces, el hombre les dijo a sus padres que entraran a la propiedad, que el portón estaba abierto.

“(Mis suegros) pasaron solos por el patio y se acomodaron al otro lado del cristal. Nos estábamos gritando porque casi no se oía lo que hablábamos, pero fue chulo. Conocieron a su nieto a través del cristal”, dijo.

Relató que, en Holanda, es tradición colocar un cartel frente a las casas cada vez que nace un nuevo miembro de la familia. Su suegro hizo el cartel, en el que escribió el nombre del bebé y dibujó una cigüeña. Al colgarlo, los vecinos supieron del nacimiento de Dewa y, desde entonces, también se acercan a conocerlo a través de las ventanas.

“Todos han venido y se paran frente a casa, a un metro de distancia cada uno, para ver al bebé. Nos comunicamos casi por lenguaje de señas, pero nos entendemos bien. Aunque apenas los escucho, siento su emoción y eso es algo bien bonito”, afirmó Morales Medina, tras contar que sus suegros “ya están planificando el próximo ‘jangueo’ por la ventana” con su nieto.

Dijo que está “superpreparada” en cuanto a pañales, artículos de higiene y otros productos para atender al bebé, y que, en caso de que necesitara algo, amigos de la pareja se han ofrecido a hacerles las compras para que no tengan que salir del hogar.

“Nos pasó el otro día, que necesitábamos un par de cosas, como medicinas y comida, y un amigo de mi esposo fue al supermercado, a la farmacia y a otra tienda. Fue a los tres sitios, compró todo y nos los dejó frente a la puerta. Nos saludamos por la ventana y, cuando se fue, recogimos las cosas”, describió.

Gobierno actuó “un poco más lento”

Morales Medina vivió tres años en Holanda. Luego, vivió un año en China, donde quedó embarazada, y se regresó a Holanda en julio pasado.

Es maestra de kínder en una escuela internacional, en Ámsterdam, pero está en licencia de maternidad por cuatro meses. Como al vencer la licencia comienzan las vacaciones de verano, su regreso al colegio está previsto para agosto.

“Aunque no estoy trabajando, estoy pendiente a los e-mails y sé lo que está pasando. Todos mis compañeros maestros están actualmente trabajando desde las casas”, indicó.

A juicio de Morales Medina, el gobierno holandés “tomó acción un poco más lento que otros” para frenar el avance del coronavirus. Mencionó, por ejemplo, que las escuelas cerraron después que las de Puerto Rico, que no hay un toque de queda y la cuarentena es voluntaria.

“El gobierno no ha obligado a la gente a quedarse en las casas. Cuando fui al hospital una semana antes de dar luz, vi gente en los parques, corriendo bicicleta y congregándose en todos los lugares como si nada”, dijo.

Poco después, el gobierno prohibió los grupos de más tres personas y autorizó a los alcaldes a multar a quienes no sigan esa orden. Los restaurantes también han cerrado.

“Acá, lo que hay es distanciamiento social. En los supermercados, han hecho acomodos para que eso suceda. Ponen un ‘tape’ (cinta adhesiva) para que la gente se pare a un metro de distancia de cada uno”, contó.

Otra medida impuesta por las autoridades fue la cancelación, para todo holandés, de todo viaje fuera del país hasta el 1 de junio.

“No estoy segura si los extranjeros pueden salir, pero los holandeses no pueden hacerlo, a menos que sea una emergencia y tienen que comprobarlo. Mi mamá sigue acá conmigo y no sé si va a poder regresar a Puerto Rico el 8 de mayo, que es la fecha de su vuelo. Ella trabaja todavía, pero no sabemos si podrá regresar”, dijo.

Hasta el miércoles, 5,560 personas habían dado positivo al COVID-19 en Holanda, según cifras del Instituto Nacional de Salud.

Mira aquí otras historias de “En cuarentena desde…”:



Sources: metro.pr

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