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Puerto Rico

El gobierno detalla el plan para reabrir las escuelas

El gobierno detalla el plan para reabrir las escuelas


Ponce/Guánica – Tras un mes de incertidumbre, el Departamento de Educación anunció ayer la reorganización en carpas, vagones y edificaciones públicas y privadas de 55 escuelas en los seis municipios más afectados por el terremoto del 7 de enero y las réplicas subsiguientes.

Queda pendiente, sin embargo, el plan para proceder con el reinicio de clases de los planteles fuera de los seis pueblos epicentrales, que han sido declarados no aptos o parcialmente aptos para recibir estudiantes por el Comité Interagencial de Inspección de Escuelas.

Se adelantó, sin embargo, que la intención del gobierno es mover a los estudiantes a otros planteles bajo un sistema de horarios alternos o “interlocking” dentro de los próximos 30 días.

Los detalles sobre lo que pasará con estos últimos planteles, que en su mayoría enfrentan problemas que datan del paso por Puerto Rico de los huracanes Irma y María, se anunciarán próximamente, indicó el secretario de Educación, Eligio Hernández.

En el caso de Ponce, 11 escuelas elementales con un total de casi 3,000 alumnos serán reubicadas en el Complejo Ferial, ubicado muy cerca del Centro Judicial de la Ciudad Señorial bajo un sistema de horarios alternos. Esta instalación municipal fue alquilada a un costo de $150,000 mensuales, se informó. El secretario rehusó dar información sobre cuánto estarán invirtiendo en todas las instalaciones educativas temporeras y solo mencionó el caso de Complejo Ferial.

Otros planteles ponceños serán reubicados en el Recinto de Ponce de la Universidad de Puerto Rico y la Caribbean University, entre otros lugares.

En los otros cinco pueblos de la zona más afectada (Guánica, San Germán, Yauco, Guayanilla y Peñuelas) se instalarán carpas o vagones en las áreas verdes, los estacionamientos y los parques aledaños de muchos de los planteles que servirán como salones de clases.

En algunas instancias específicas, explicó Hernández, estarán utilizando estacionamientos de áreas industriales, comerciales, canchas e instalaciones universitarias como la de la Universidad Interamericana en San Germán, como sustitutos a las escuelas.

El ingeniero Carlos Pesquera, encargado del Comité que inspecciona las escuelas, indicó que, aunque algunos planteles en esta zona pudieran ser acondicionados para reabrir con relativa rapidez, muchas personas temen estar dentro de edificios debido a que todavía se registran réplicas de terremoto de magnitud 6.4 que sacudió a Puerto Rico a inicios de año.

Como parte de las instalaciones temporeras se estarán instalando baños portátiles y, en los casos donde los estudiantes estén en instalaciones temporeras relativamente lejos de la escuela original, se ajustará el sistema de transporte hasta llegar a los nuevos sitios de enseñanza. Sostuvo también que se contempla establecer viajes de trasbordo de modo que los padres puedan dejar a sus hijos en el plantel original y, desde allí, los alumnos serían trasladados al nuevo lugar en el que recibirán las clases.

“No hay una solución idónea o perfecta pero es lo que tenemos tomando en consideración la responsabilidad que esto conlleva”, dijo Pesquera.

En términos académicos, las primeras dos semanas de este semestre estarán dominadas por un currículo especial preparado con el apoyo de los psicólogos de la agencia, que buscará canalizar las inquietudes emocionales de los estudiantes que han vivido de cerca el desastre natural, indicó, por su parte, Hernández.

“Vamos a establecer un proceso de transición. Los estudiantes van a trabajar por dos semanas la parte socioemocional. El programa de sicología desarrolló unas guías para los maestros día por día sobre lo que debe suceder con los estudiantes. El programa de psicología escolar también tiene programa para trabajar con los padres y cuidadores de los niños para manejar emociones tras un desastre natural”, dijo el funcionario durante una conferencia de prensa en la que participó la gobernadora Wanda Vázquez Garced.

El secretario indicó que también los estudiantes tendrán la opción de tomar algunos de los cursos especiales que estarán ofreciendo en línea varias universidades locales y que han sido convalidados por el Departamento de Educación.

En casa el 66% de los niños

Las 331 escuelas en las que el semestre ya inició atienden a 100,897 estudiantes. La matrícula certificada en agosto pasado ascendía a 292,518 alumnos, lo que implica que más de 191,000 estudiantes -el 66% de la población estudiantil- siguen en sus casas. El jueves, Educación anunció que 109 escuelas adicionales abrirán el martes.

En total, el gobierno estima que el 51% de las escuelas estarán abiertas esta semana y que dentro de los próximos 30 días repararán una buena parte de las escuelas parcialmente aptas hasta llegar a un 75% de las escuelas abiertas.

Se estima que la reparación de las escuelas implicará inversiones que rondarán los $64 millones.

Retrasado regreso a la normalidad

El retraso en el reinicio de las clases, debido a los sismos, es algo que mantenía desconcertado a muchos. Por ejemplo, Mariangelys González Lugo, de 11 años, solo tiene una cosa clara: jamás volverá a su escuela, la intermedia Agripina Seda. Los salones en los que tomó clases -hasta diciembre- ahora son una montaña de escombros.

Mariangelys teme perder el semestre escolar. Hasta ayer, no sabía qué opciones tenía para seguir estudiando. Se preocupa por su hermano gemelo, que tiene varios impedimentos y no está recibiendo los servicios que necesita. Siente miedo cuando piensa en lo que hubiese pasado si el sismo se hubiese reportado cuando ella estaba en el plantel con el resto de sus compañeros del sexto grado.

“Deberían mandar a maestros aquí (el campamento base de Guánica) para que nos den clases. Aunque sea un mes nada más, deben hacer algo”, soltó la niña.

Su madre, Angélica Lugo, narró que su hija mayor, de 13 años, quiere irse con familiares a Estados Unidos.

“Al papá de los nenes, se le salían las lágrimas cuando vio cómo quedó la escuela”, señaló Lugo.

“La nena de octavo grado se quiere ir para allá fuera porque tiene miedo de fracasar (en la escuela)”, añadió.

El tiempo parece haberse detenido para los niños y adolescentes que pasan sus días en el refugio principal de Guánica. Los desplazados que quedan en el lugar no pueden regresar a sus residencias. Mientras los adultos van a trabajar o hacen gestiones para conseguir ayudas, los menores pasan horas sentados en sillas plásticas bajo calurosas carpas, bromeando con los empleados gubernamentales que dan orientaciones. La preocupación por la falta de clases ha pasado a un segundo plano, en medio de la angustia por no saber dónde irán a vivir ni cómo podrán proveer sustento a sus familias, reconoció Lidia León Vélez.

El techo roto y las paredes colapsadas de la escuela intermedia Agripina Seda se han convertido en la imagen principal de la tragedia, pero los desplazados están claros que -aún sin confirmación oficial- ninguno de los planteles en Guánica se puede usar.

“Estamos esperando que nos digan qué va a pasar”, manifestó, por su parte, Yahaira Rivera, madre de tres menores que estudian en escuelas en Guánica y Yauco.

Sus hijos de 8, 12 y 13 años llevan un mes y medio en su casa. Como terapista sicológica, Rivera conoce el retraso académico que pueden experimentar y los mantiene al día con ejercicios que fomenten sus destrezas de lectura, escritura y matemáticas.

“Ellos están felices porque en casa tienen todos sus electrónicos”, expresó Rivera. “Pero entiendo que es tiempo que se vaya moviendo el asunto. Ya va un mes y tenemos que ver cómo se le da curso a esto porque en inercia no se resuelven las cosas”, añadió.

Su situación se complica porque trabaja en tres escuelas públicas, donde da terapia sicológica a 85 niños de Educación Especial. Lleva un mes sin trabajar.

“Yo estoy cobrando ahora por los servicios que di en diciembre, pero ya sé que el mes que viene no voy a cobrar”, sostuvo.

En el norte de la isla, la historia es la misma. Cientos de escuelas aún permanecen con sus portones cerrados y son pocas las explicaciones al respecto.

En el caso de la Escuela con Causa Rosalina Martínez, en Guaynabo, la comunidad escolar sabe que se identificaron grietas nuevas en dos edificios tras el sismo del 7 de enero, explicó el director Michael Fernández.

Pero, ante la falta de soluciones por parte de Educación, el personal escolar optó por comenzar a atender a sus estudiantes medio día, bajo carpas, con mesas y sillas plásticas, en la acera frente al plantel. La opción sería dejar a los niños y adolescentes sin nada que hacer por las calles del barrio Amelia, a merced del ocio y a riesgo de sucumbir al mundo de la violencia o las drogas que ha aquejado a la comunidad por generaciones, indicó la viceprincipal del nivel intermedio de la escuela, Rosario Cortés Silva.

“Lo que estamos haciendo, cada día que no tenemos las escuelas abiertas, es que no estamos diciendo presente para nuestros niños. Le estamos diciendo a nuestros niños que no los respetamos”, manifestó Fernández.



Sources: metro.pr

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