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Agua y fuego, la Tierra contraataca

Nos espera un futuro retro - 21/10/2019


“Nuestra casa está ardiendo” se llama el libro de Greta Thunberg sobre la crisis ecológica y ambiental, editado por Lumen. Más que una metáfora, el título es una realidad. En agosto, se incendió parte del Amazonas. Ahora arden más de cinco millones de hectáreas en Australia por una combinación de calor extremo, fuertes vientos y sequía prolongada.

Hace falta mucha agua para apagar tanto fuego. Pero, paradójicamente, el elemento que constituye el 70 por ciento de la superficie de la Tierra también está en peligro. Hoy, los mares y océanos se encuentran saturados de residuos plásticos. Los ríos reciben efluentes cloacales sin tratar o se contaminan con metales, aceites, arsénico y otras sustancias tóxicas, como el cianuro, empleados por la minería y la industria. El agua potable se desperdicia o no se llega a reutilizar. El recurso se agota o no se aprovecha lo suficiente.

¿Cuánto consumimos, reutilizamos, tratamos y malgastamos? Si analizamos el panorama a nivel nacional, encontramos que del agua dulce disponible, municipios e industrias emplean el 20% y la agricultura, el 80% restante. “En la economía lineal, el agua que se usa se vuelca a un curso de río, un acuífero o napas subterráneas. Los países desarrollados tratan el 70% del agua que vuelcan a los ríos. Los que están en vías de desarrollo, entre un 28% y 38% solamente”, explica el ingeniero industrial José Pano, de la Asociación Latinoamericana de Desalinización y Reúso del Agua (ALADYR).

Si calculamos lo que consumimos indirectamente, encontramos queproducir un kilo de tomate demanda unos 15 litros de agua. Un kilo de trigo requiere 1.500 litros y un kilo de carne vacuna, 15.000, de acuerdo a la FAO. “Argentina exporta millones de litros de agua virtual cada año a través de los cultivos y el comercio. Aquí, se relaciona la palabra sequía con la falta de agua en el campo, pero nunca con los 8.000.000 de habitantes que no tienen disponible el recurso”, agrega el ingeniero Alejandro Sturniolo, vicepresidente de la Asociación Internacional de Desalinización del Agua y directivo de la organización sin fines de lucro ALADYR.

Otros datos de peso:

-Aproximadamente el 30% de la población mundial no tiene agua potable en sus casas.

A nivel pureza, la info no mejora. Los contaminantes presentes en los efluentes cloacales e industriales no son tratados de forma eficiente por las plantas convencionales que operan actualmente. Como consecuencia, terminan en las fuentes de agua fresca que se distribuyen en la comunidad y la industria.

Los contaminantes “emergentes” también inciden. Todos los días, sin darnos cuenta, arrojamos estos compuestos químicos, derivados de productos farmaceúticos y de cuidado personal a los desagües de nuestras casas.

Varias regiones, además, presentan elevadas concentraciones de contaminantes naturales como el arsénico, que afectan las napas y ponen en riesgo la salud de la población.

¿Soluciones? La industria del tratamiento del agua ya ha decodificado cómo controlar estas sustancias. Los efluentes tratados pueden ingresar a un sistema de reuso y salir con una calidad superior a la obtenida por las plantas potabilizadoras. “En el país está tecnología existe, pero no está muy difundida ni cuenta, hasta el momento, con un marco regulatorio que reglamente su aplicación”, explica Sturniolo.

La reutilización es importante porque la población mundial consume agua en cantidades récord y la escasez provoca trastornos geopolíticos y humanitarios cada vez más profundos. Según Naciones Unidas, para 2025, 1.800 millones de personas vivirán en condiciones muy reservadas de recursos hídricos. Sólo cuidando el 10% del agua que se destina directamente al consumo humano, como hacemos ahora, no se lograrán cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible previstos para subsanar las necesidades de una población mundial de 9.600 millones depersonas en 2050, apuntan los especialistas.

El desafío está pendiente. Hay que mejorar los índices de consumo o aportar agua de fuentes no convencionales, como las provenientes del reuso, para aprovechar el 90% de agua dulce restante. En este contexto, la desalinización aparece como una salida. Al desalinizar el agua marina, según Sturniolo, se reducen las extracciones de los acuíferos y, a la vez, se aporta una fuente fiable de agua dulce, apta para riego. Las plantas móviles se instalan en zonas geográficas impactadas por la sequía y la falta de agua. Su montaje es simple y de bajo costo. Pueden ponerse rápidamente en funcionamiento y reubicarse, sin dañar el medio ambiente.

“La llamada ‘guerra por el agua’ tiene una solución viable”, dice el experto. En el país, esta tecnología todavía no se emplea ni está regulada. Tendremos que esperar para conocer esta forma del agua.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Sources:
clarin-com

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