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La escapada final de Tim y Tom

La escapada final de Tim y Tom


Los mil colores del otoño caen mansamente sobre A esta tierra alta, fría y barrida por el viento la llaman ‘la Laponia española’. Por su clima. Por su infinita soledad. Tan despoblada. Las cumbres de Javalambre y Gúdar y los Montes Universales se unen para componer las Montañas Vacías, llenas de silencio y ocupadas desde el pasado sábado por Una vez acabado el calendario de carreras, han ido a ese borde del mundo para disfrutar de la esencia de su deporte. El reto. El hombre frente a la naturaleza. Casi 700 kilómetros, la mayor parte por senderos de tierra y con tramos nevados, sobre bicicletas que, cargadas con todo lo necesario para sobrevivir, pesan 25 kilos. Empezaron el sábado y ahí siguen. Etapas en silencio, perezosas. Puro ciclismo. La meta es llegar.

Hace un año, tras el Giro de Lombardía que cierra la temporada, De Gendt y Wellems decidieron regresar a Bélgica en bicicleta. Más de mil kilómetros. Fue su aventura inicial. Wellems, hijo y sobrino de ciclistas, es un buen clasicómano y tiene victorias en el Giro, la París-Niza y la Vuelta a Andalucía. Wellems es Tim. Y Tom es De Gendt, vencedor en el Stelvio (Giro) y el Mont Ventoux (Tour) Esta campaña ha terminado las tres grandes vueltas. Es el mejor fugado del pelotón. Le gustar correr a su aire. A solas. Escapado. Nadie se fuga como él. Juega con el pelotón. Dicen que le pirra el chocolate. También las costillas asadas. De Gendt no cuadra en este ciclismo moderno, tecnológico y dietético. Lo suyo es la soledad, recibir el aire en la cara que esta semana le regalan las Montañas Vacías.

Esta travesía por la ‘Laponia’ turolense está quedando reflejada en sus cuentas en las redes sociales. Cuelgan fotos arrodillados al calor de una chimenea, rodando sobre caminos blancos , tropezando con un bache oculto bajo la nieve… «No es fácil subir con una bici de 25 kilos. Pero vale la pena cuando contemplas las vistas», escribe De Gendt. «El inicio de la etapa ha sido frío, pero pronto entramos en calor. Tras comer en Zafrilla tuvimos tramos de barro y piedras durante 30 kilómetros. Ahora sabemos por qué las llaman ‘Montañas Vacías’».

«Los motivos para hacer esto son la amistad y la aventura», coinciden Tim y Tom. Aislados durante horas en la altitud de esta geografía sin casi pueblos. Los que hay, eso sí, lucen a sus anchas, como Albarracín. Allí se han abastecido. Mejor prevenir y cargar las mochilas porque en estos montes pueden pasar horas sin otear una aldea. Frío. Aliento blanco. Jadeo en el silencio. De Gendt se siente aquí en casa. Solo. El ciclista que mejor domina el arte de la fuga ha encontrado entre Teruel y Cuenca el paisaje perfecto para la ‘escapada final’.



Sources:
sport.es
elcorreo.com

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