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Estamos aquí por la fuerza que habita en nuestra sangre › Mundo › Granma


No tengo la menor duda, si Fidel o Chávez pudieran volver a pronunciar un encendido discurso para mover el alma de América, no faltaría en su contundente verbo una palabra imprescindible para los tiempos de hoy: unidad.

Del mismo modo lo harían Martí, o Bolívar, o lo haría el Che, porque en ese breve vocablo de infinito alcance, radica la esencia de lo que corresponde y ha correspondido a lo largo de la historia a la izquierda de este continente, a la que ha constituido resistencia permanente ante la denigrante clasificación de «patio trasero».

Unidad dirían, sí, porque no hay nada que haga más fuertes a los pueblos que su capacidad de convertirse en un mismo ideal, de caminar movidos por el mismo sentimiento, de abrazar una causa común. Cuando esas condiciones se manifiestan, ni todo el capital y sus cultores, ni el crimen ni las más brutales represiones pueden acallar los reclamos de millones de gargantas que a la postre también son una.

Tanto es el oprobio cometido contra la Patria Grande que hasta escribirlo provoca indignación. Amañados procesos de impeachment, prisión y persecución de líderes sociales, difamación para desacreditar a las principales figuras políticas y, por si fuera poco, un resurgir de las fórmulas neoliberales que por décadas han desangrado la economía de los más humildes, de «los de abajo», condenándolos a la más honda miseria.

Es curioso, pero los hilos provenientes del Norte no dejan de moverse, los años pasan, los tiempos cambian y el titiritero sigue siendo el mismo, como es igual el prototipo de sus marionetas, aunque tengan apellido Almagro, Macri, Bolsonaro, Piñera, Moreno, Guaidó y otros tantos que desde el anonimato también tienen su papel en el retablo, pero que como ha sucedido de forma cíclica, serán echados al fuego cuando dejen de divertir a su amo.

No hace falta ser un gran politólogo para entender el por qué de la obsesión patológica hacia Cuba y Venezuela. Más allá de la posición estratégica de la una en el Caribe o de las enormes reservas de petróleo de la otra, también se trata de símbolos y los símbolos de justicia y batallar incesante molestan profundamente al enemigo, le hacen sentir impotente, pequeño a pesar de su ilimitado poderío. Ambos países son hoy columnas que sostienen el ideal de resistencia en el continente, y sabe el imperio que quebrar una de ellas significaría asestar un golpe muy duro al progresismo.

Allá ellos. Han tardado en entender que si el cansancio fuera para nosotros una opción ya serían dueños hace mucho de estas tierras, pero la sangre de estos pueblos es la misma, hemos compartido el dolor, conocemos el significado de la explotación mejor que nadie, su propio acoso enfermizo nos ha hecho más fuertes.

Los hijos de la Patria Grande están de pie, como una avalancha que mira a los ojos a la ignominia y se niega a aceptarla. Así se levantó Ecuador, así resiste Chile, así alza Brasil su voz por Lula, así batallan entre las balas los líderes campesinos de Colombia. Es esa la razón por la que Bolivia abrazó a Evo una vez más y es la misma por la que el binomio Fernández triunfó en Argentina, porque el sentimiento patriótico es más fuerte que la represión, que el ocultamiento de la verdad, que todos los paquetazos juntos.

También son una muestra de ello las jornadas vividas en Cuba como parte del Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo, donde se observó con claridad que existe una conciencia colectiva en relación a la misión histórica que ahora corresponde y que no puede ser otra que la de un antimperialismo sin fronteras ni remilgos. Coherencia también de pensamiento entre los líderes que hoy se yerguen como continuidad, y que hablan en nombre de quienes con su ejemplo los han traído hasta aquí.

«Como la plata en las raíces de los Andes», así nos corresponde caminar. Todas las manos deben ahora apretarse, todo hijo de estas tierras debe ofrecer el corazón, porque ellos pueden creer en su presentación providencial para someternos, pero nosotros, creemos en la fuerza de nuestra sangre negra, mestiza, indígena, orgullosamente mezclada, para poder evitar que eso ocurra.

clubwifiusa


Sources: cubadebate.cu

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