Cultura

Pilar Eyre: «Con mi hermana ‘indepe’ ya no hablo de política»

Pilar Eyre: «Con mi hermana 'indepe' ya no hablo de política»


Nieta de un juez gallego e hija de la burguesía catalana, fue maoísta de joven pero con los años pasó del rojo a lo rosa… Finalista del Premio Planeta, biógrafa real y cronista del corazón, más que un libro hace falta una enciclopedia para definir a Pilar Eyre. En su nueva novela, ‘Un perfecto caballero’, aborda la Barcelona franquista que vivió en su infancia.

–¿Ha conocido a muchos hombres así?

–Sí, en mi época abundaban los señores de apariencia elegante que luego eran auténticos truhanes.

–¿Qué fue de aquella burguesía catalana que prefería hablar castellano?

–Eso es muy bueno… Poco después de que entraran los nacionales, mi padre se encontró en el Liceo a Ferran Valls Taberner, ex secretario del catalanista Cambó. Fue a darle un abrazo: «Hombre, Ferran, ¿cómo estás?»… Pero él lo apartó y le dijo: «Vicente, ahora me llamo Fernando». De la noche a la mañana empezaron a hablar castellano en la familia y en el Liceo cantaban el ‘Cara al sol’. Y esos eran probablemente los abuelos o bisabuelos de los chicos que ahora cantan en el Liceo ‘Els Segadors’.

–A su padre también le benefició el franquismo.

–Mi padre, como sus ocho hermanos, había participado en la guerra. En el bando de los vencedores. Luego lo metieron en la checa de Vallmajor y lo condenaron a muerte. No lo fusilaron porque entraron los nacionales.

–¿Por qué ha escrito el libro?

–Para explicar todo aquello. Barcelona fue muy franquista. Yo recuerdo salir a la calle y ver a Franco desfilando, y la gente partiéndose las manos aplaudiendo. Mi madre me contaba que en las fiestas a las que acudía Carmen Polo se le hacían honores de reina, con reverencias y todo.

–¿Dónde está toda esa gente?

–Siguen siendo los mismos, los veinte apellidos conocidos de siempre, la gente bien, los dueños de las fábricas… La diferencia es que en aquella época se hacía ostentación de la riqueza y ahora no. Los ricos catalanes tienen barcas pequeñas en la Costa Brava y yates impresionantes en Cerdeña o en Grecia. No se conoce sus caras y son los dueños del Ibex.

–¿Y a qué ascua han arrimado su sardina?

–A la que toque. Se han ido adaptando a todos los regímenes políticos, han sabido surfear todas las olas. Contaba mi abuela que, cuando Franco ganó la guerra, una de sus vecinas dobló la bandera republicana y la guardó porque dijo: «Nunca se sabe qué puede pasar mañana». Es el espíritu pragmático de los catalanes.

–Pero ahora parece que la ‘rauxa’ (locura) se ha impuesto al ‘seny’ (sentido común).

–Es verdad, de la sensatez se está pasando a la rabia. Yo no soy independentista pero sí creo que hay independentistas sensatos. Son dos millones y desde luego no están todos locos. Pero sí hay un grupo violento que hay que erradicar. Aquella imagen de Torra apretando los puños y diciendo ‘Apreteu, apreteu’ no se me va borrar nunca. Espero que le pase factura.

–¿Se irá de Cataluña si se independiza?

–No, porque es mi tierra y es donde ha nacido mi hijo, donde están enterrados mis padres. Y mis perros, que también son parte de la familia.

–¿Se explica de dónde ha salido tanto ‘indepe’?

–Creo que el caldo de cultivo está en esa amalgama, en esa Barcelona de luces y sombras que yo relato en el libro. En esos dos mundos de ricos y pobres que chocaron en aquella época, del descontento… Creo que también el gobierno central ha cometido errores. Pero yo solo concibo el diálogo, para eso están los políticos.

–En 2015 se posicionó a favor de un referéndum.

–Ahora tendría que reflexionar. No quiero dar una respuesta bobalicona y superficial, porque han pasado cosas y mi opinión también ha cambiado.

–¿Su familia se ha dividido?

–Sí. Yo tengo una hermana independentista. Me trato con ella pero no hablamos de política. Bueno sí, tenemos un territorio común que es criticar a Albert Rivera. Ahí nos explayamos durante horas. Es lo único que nos une, je, je…

–De joven militó en la izquierda radical.

–Yo pertenecía a la burguesía y fui de derechas hasta que entré en la universidad. Estuve un año intentando ingresar en el PC pero me rechazaron por frívola, porque salía por las noches. Así que me fui a un partido de extrema izquierda, Bandera Roja. Tuve años de mucha actividad política, luchábamos contra una dictadura.

–Luego del rojo pasó a lo rosa…

–Ja, ja, ja… Eso está muy bien. ¡Se lo copio! Yo me sigo considerando una persona de izquierdas. Quizás ya no lo sea, pero me siento así de una manera romántica. En lo que soy muy soviética es en el tema animalista. Soy antitaurina y voto a Pacma, donde por cierto mi hermana la independentista se presenta como senadora.

–En su libro se describe como niña feucha, gafosa que escribía poesía…

–Y como buena catalana pedía un duro por cada poema, je, je… Yo era el patito feo. Soy de una familia de guapos. Mi madre, Pilar Estrada, era una de las mujeres más guapas de Barcelona. Se parecía a Ava Gardner, tenía unos ojos verdes increíbles. Mis hermanas son dos bellezas. Y yo fea, delgaducha, con gafas gruesas, granos… La única gracia es que escribía versos. De mis hermanas decían ¡Qué guapas!. Y luego mirándome a mí remataban: «Esta es la lista».

–¿Eso le marcó?

–Pues sí. Lo hubiera dado todo por que alguien dijera: «¡Mira qué mona es!». Me hubiera gustado ser monísima, rubia y de nariz respingona. Pero el señor me llamó por otros caminos, ja, ja, ja…

–¿No le quitó el complejo aquel beso de Julio Iglesias?

–Ah, sí. Julio es un gran seductor. Tú estás media hora con Julio y acabas enamorada. Supongo que todo es comedia pero lo hace fenomenal. Conmigo lo que desplegaba era vulnerabilidad, fragilidad. Me hizo creer que mi opinión era lo que más le importaba del mundo. Fue en Ibiza y él acaba de sacar el disco Divorcio. Toda la vida he estado medio enamoriscada de él.

–Como biógrafa de varios Borbones, ¿le ha dado muchas collejas la Casa Real?

–Algunas. En ‘La soledad de la Reina’ fui la primera que conté que el matrimonio de Juan Carlos y Sofía no era idílico. Me llamaron de Casa Real para decirme que no lo iban a prohibir porque estaban por la libertad de expresión. Pero que no le había gustado ni al Señor ni a la Señora. Lo malo es que luego hay más papistas que el Papa, gente que se cree que hace méritos atacándome, prohibiéndome o despidiéndome del programa en el que estaba. Pero nunca he tenido el menor desmentido de la Casa Real, aunque sé que en la intimidad don Juan Carlos me llama la mosca cojonera.

–«Hablo mal de los demás y aún peor de mí misma», suele decir.

–Si te ríes de ti misma también te puedes reír de los demás. Yo me hago mucha gracia. Y nada humano me es ajeno. Esa frase es la esencia de mi vida. Veo Gran Hermano y leo ‘Sobre los huesos de los muertos’ de Olga Tokarczuk. He estado en Sálvame y no me arrepiento.

–Y se define como «la típica señora mayor que quiere ir de chica joven»…

–Yo cuando me miro en el espejo y veo una señora mayor no lo entiendo porque tengo el corazón de una chica de 20 de años.

–Pero tiene la edad de Isabel Preysler. ¿Cuántas operaciones la separan de ella?

–Ja, ja, ja… Isabel tiene una genética que le viene de su madre. Fue una mujer muy guapa y ahora se ha reconvertido en una señora muy elegante. Con arreglillos, pero todas nos los hacemos, ¿no?

–No.

–Ya le recomendaré algún médico…

clubwifiusa


Sources:
elcorreo.com

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