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Chile: la hora de la verdad – 30/10/2019

Chile: la hora de la verdad - 30/10/2019



Ahora la pregunta que nos llega desde diversos países es cómo saldrá Chile de esta crisis. Y la respuesta pasa por una palabra de dimensiones profundas: la verdad. Se necesita ser transparentes en el diagnóstico y también en las perspectivas de acción. Y en éstas hay que distinguir lo inmediato de lo mediato. Hay tareas para ahora, para las urgencias de los tiempos que corren, y otras a cumplir con ciertos plazos –por cierto, plazos conocidos por todos– pero que hagan posible hacer las cosas bien.

La verdad en el diagnóstico se ha hecho evidente en estos días. Nuestra recuperación de la democracia se hizo bajo condiciones complejas: los jóvenes de hoy no saben o no quieren saber que tras la llegada del presidente Patricio Aylwin al primer gobierno elegido democráticamente Pinochet siguió siendo por ocho años Comandante en Jefe del Ejército.

Sin embargo, bajo esas condiciones críticas se logró avanzar, la pobreza que en 1990 afectaba al 40% de la población, hoy alcanza el 10%. Se abrieron espacios democráticos, se instalaron nuevas visiones de derechos y libertades, se transformaron las ciudades, se pasó a interactuar de otra forma con el mundo y el debate social se transformó en ebullición con internet y las redes sociales.

Pero cuando se quiso llevar esas transformaciones a niveles más profundos, cuando se buscó que los programas en salud, el seguro del trabajo, una mejor educación o una mejor calidad de vida tuvieran los recursos y financiamientos adecuados, la respuesta fue un no rotundo. Un no de los sectores más conservadores, por cierto. Siempre estuvieron allí, desde el Congreso y desde sus entidades de apoyo, defendiendo el modelo de privilegios heredado de los años de la dictadura militar y rechazando todo aumento en su aporte tributario.

Por eso hemos llegado al absurdo extremo de que casi el 50% de los ingresos fiscales provengan del IVA, ese impuesto regresivo que hasta el más pobre debe pagar cuando consume un litro de leche o un kilo de pan. Allí no hay elusión ni evasión posible.

Y este es el meollo de la protesta en Chile. Un sistema tributario inequitativo, que no restablece ninguna posibilidad de mayor igualdad antes y después de impuestos, incluidas las transferencias.

Esta es la gran diferencia con el mundo más desarrollado, que tiene, por cierto, un nivel tributario mucho más alto que el de Chile. En Alemania es de un 37%; en España, 33%; en Francia, 46%; en Estados Unidos, 27%. ¿Cómo, con una recaudación tributaria del 20% del PIB, podría Chile dar los bienes públicos que esos otros países tienen gracias a una recaudación muy superior?

Por eso fue compleja nuestra transición siempre frenada por una camisa de fuerza de carácter tributario. Nunca en los primeros 16 años el gobierno tuvo mayoría en el Senado gracias a los senadores designados por la constitución de Pinochet.

En estas materias la oposición tenía en la práctica derecho a veto. Allí no se hizo como en España, donde si el país crecía se expandía la carga tributaria: Felipe González, asumió en 1982 con una presión tributaria del 22%. En 1996, después de 14 años, había crecido al 36%. Un punto por año. Es allí donde las políticas públicas encuentran los espacios del avance.

Esta crisis irrumpe cuando todo ese sector que dejó atrás la pobreza siente que ese ascenso se hace cada vez más cuesta arriba y más contaminado de desigualdad. Desigualdad en los servicios de salud, en los niveles de la educación, en los salarios, en las pensiones, en los accesos a servicios públicos. Y todo ello contaminado por el deterioro de las instituciones en la visión de los chilenos.

Ahora la verdad es clave para recuperar la confianza de los ciudadanos. Mostrar espacios reales de acción, sin letra chica tras los anuncios. Y que la Agenda Social sea efectivamente de cambios estructurales. Hay anuncios presidenciales que son un avance en medio de las circunstancias, como es “un aumento inmediato del 20% de la Pensión Básica Solidaria, lo que beneficiará a 590 mil pensionados”, y además “un aumento inmediato de 20% en el Aporte Previsional Solidario, lo que beneficiará a 945 mil pensionados”. Y ellos con otras medidas que ya venían prefiguradas en proyectos presentados previamente al Congreso.

Pero, hay una pregunta inevitable: ¿por qué a tales anuncios siguió la protesta social más grande registrada en Chile, con un millón doscientas mil personas en la calle? Porque no se sintió que tales anuncios fueran al fondo del momento político y cultural del país. El Chile que ha salido a las calles es uno que mira al siglo XXI y espera respuestas de siglo XXI. Quiere ciertas verdades para hoy, no para mañana. Al mismo tiempo, el Gobierno debería buscar espacios para escuchar mejor a la gente. Abordar los desafíos de futuro sabiendo la verdad de lo que la gente quiere y piensa sobre su devenir.

Por ejemplo, podría convocar un núcleo de 30 o 40 chilenos de distintos sectores: de las universidades, premios nacionales de ciencias o artes, el mundo vivo de las organizaciones sociales, dirigentes sindicales, Central Única de Trabajadores, representantes del sector privado, juntas de vecinos, y otras entidades donde se reflejen los diferentes segmentos del país, personas y entidades con comunicación directa con la sociedad. A la ciudadanía no le basta con votar cada cuatro años, hoy busca mecanismos de participación, de mayor horizontalidad. Es una sociedad altamente intercomunicada.

Un grupo como ese podría funcionar en esta circunstancia como un ente auxiliar de la Presidencia, del Parlamento y del Poder Judicial y establecer una comunicación permanente vía las redes sociales para explicar lo que se propone y recibir la opinión por esa vía de la ciudadanía.

Las protestas dan cuenta de una insatisfacción con el tipo de sociedad que se conforma en Chile. Por lo tanto, se trata de identificar los principios generales ordenadores que pongan en el centro de sus preocupaciones al ser humano y su dignidad. Y ello lleva a ver la verdad de este momento: Chile necesita un nuevo contrato social.

Ricardo Lagos fue presidente de Chile (2000-2006).

clubwifiusa


Sources:
clarin-com

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