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Un laberinto aún sin salida – 26/10/2019

Un laberinto aún sin salida - 26/10/2019



La Argentina tiene ahora casi 16 millones de pobres (Indec). Su inflación orillará a fin de año el 59% en doce meses. El cierre del 2019 encontrará a nuestro país dentro de las siete recesiones más profundas del mundo. Sólo superada por Venezuela, Guinea, Irán, Nicaragua, Sudán y Turquía. De ese modo habrá redondeado desde 1950 el 35% de sus años en caída (Ecolatina). El Fondo Monetario Internacional (FMI) aguarda al próximo gobierno para renegociar una deuda que, a esta altura, resulta impagable.

En la Justicia se sustanciaron desde el 2016 alrededor de 2.200 causas de corrupción ligadas al pasado kirchnerista. En 13 de ellas Cristina Fernández, candidata a vicepresidenta, está procesada. En siete posee pedidos de prisión preventiva. Pero los fueros la protegen. Nada de eso, sin embargo, habla de la eficacia y convicción del Poder Judicial. Apenas de una circunstancia movida por las brisas de la política. Hay una curiosidad que desnuda la conducta de muchos jueces: la semana pasada se abrió una investigación patrimonial que involucra al ex presidente Carlos Menem, su esposa Zulema Yoma y su hija Zulemita. Remite al siglo pasado, a la década del 90.

Sobre todo ese paisaje, de trazo grueso, la sociedad deberá ratificar su veredicto de las PASO, que coronó con holgura al candidato K, Alberto Fernández, o acercarle la posibilidad de un balotaje a Mauricio Macri para que pugne por la reelección. En ese caso, la campaña podría prolongarse sobre el tembladeral existente. Lo mismo sucedería si queda sin definir la jefatura de la Ciudad entre Horacio Rodríguez Larreta y el postulante del Frente de Todos, Matías Lammens. La segunda vuelta se hará el 24 de noviembre. Tumbar la fortaleza histórica del PRO cerraría con un círculo político perfecto el regreso del kirchnerismo al poder.

Aunque hayan estado entretenidos con la campaña, ni Macri ni Fernández pueden ignorar que ingresarán en un laberinto por ahora sin salida. Sin el reflejo de una luz en el horizonte. Con una creciente complicación en la región que no se visualizaba cuando ocurrieron las PASO. La interpelación para ambos sería conocer cómo administrarán la transición hasta el 10 de diciembre sin que sientan un vahído por el presunto vacío de poder. Hasta las vísperas de la votación no dieron señales tranquilizadoras. El Presidente descargó en el kirchnerismo la responsabilidad de los problemas pasados y venideros, si los Fernández se imponen. El candidato K manifestó que no está dispuesto a hablar con Macri.

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Alberto F. deberá controlar desde el inicio un asunto que lo incomoda. Le hace perder la compostura. Se trata de su sociedad con la ex presidenta. El candidato K presume que existe una perversión oculta en la insistencia pública sobre el tema. Responde, en verdad, a un dato objetivo que siembra interrogantes sobre el escenario político. Por dos razones: Cristina es la líder natural de ese espacio y quien, a priori, dispone del mayor capital de votos. El peronismo ofrece una larguísima historia sobre las luchas intestinas en ejercicio del poder. Alguna de ellas, trágicas para la nación.

La reconciliación entre ambos resultó llamativa después de haber transitado hondas diferencias y agravios. La ecuación política pergeñada, que dejó a Cristina en el segundo escalón de la fórmula, mostró una enorme habilidad para desarticular la estrategia polarizadora del Gobierno. También resultó eficaz en el primer llamado a las urnas. Pero no despejó los interrogantes a futuro.

Aceptar sin más las explicaciones de Alberto acerca de que el largo desencuentro entre ellos se saldó con conversaciones francas, podrían inducir a un error y excesiva ingenuidad. Parece claro que los candidatos K comprendieron estratégicamente una cosa: que sólo maquillando la oferta, con un dirigente que predica moderación, y vinculando las piezas sueltas del peronismo estaban en condiciones de destronar a Macri. Las PASO le dieron la razón como maquinaria electoral. Habrá que ver qué sucede si les toca gobernar. El momento en que las contradicciones no sólo afloran: también se profundizan. Aún en espacios políticos de pensamiento más homogéneo que el que muestra el Frente de Todos.

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Fernández se ha cansado de repetir que Cristina cambió. No hay evidencias públicas. Sólo él lo sabe. Al contrario, en sus escasas exposiciones de campaña, la ex presidenta sembró dudas respecto de la similitud del pensamiento con el candidato. No hay que retroceder nada para recoger evidencias. En medio de la inquietante crisis regional, al hablar junto a Axel Kicillof en Buenos Aires, ironizó sobre la conmoción chilena. “Nos presentaron al país vecino como el modelo a seguir”, señaló. Jamás reparó en la tragedia (19 muertos). Menos en la necesidad que tendrá su discípulo, si triunfa, de reacomodar a la Argentina en la región. A Sebastián Piñera le restan más de dos años de mandato. Salvo que Cristina apueste a su salida anticipada. Chile representa una relación importante, más allá de las ideologías, para un supuesto gobierno de Alberto F. El Cono Sur no ofrece ahora tantas alternativas.

Jair Bolsonaro no cesa con sus provocaciones. Sostuvo que si gana el candidato K Brasil podría proponer la separación argentina del Mercosur. Alberto F., por suerte, dejó de responderle. En Uruguay, el Frente Amplio deberá aguardar con certeza el balotaje para saber si consigue el cuarto mandato. El postulante kirchnerista ha colocado muchas fichas en México. Allí Manuel López Obrador sufrió en los últimos días un duro traspié. El Ejército, con su consentimiento, resolvió liberar al hijo del Chapo Guzmán después de haberlo arrestado. Habían quedado ocho militares como rehenes de los narcotraficantes, que dominan varias zonas del territorio azteca.

La República. Dibujo de Hermenegildo Sábat

México le permitiría a Alberto F. surfear, tal vez, un serio conflicto que siempre apremia al kirchnerismo. Su complicidad con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Macri incorporó a la Argentina al Grupo de Lima, en el cual hay otros doce países, entre ellos Brasil y Chile, con el objeto de forzar una salida democrática en Caracas. El candidato K apuesta a una componenda dialogada como sostienen México y Uruguay. Ambas opciones, después de los últimos episodios, parecen haber quedado debilitadas. Una buena novedad para Maduro.

Aquella ironía de Cristina sobre el modelo de Chile, como siempre, esconde sus inconsistencias. La palabra modelo no significa nunca un ideal. No existe, ni aún en las naciones escandinavas. Pero después de la dictadura de Pinochet, el país trasandino mostró mejoras innegables. Que contrastan en todos los rubros con la decadencia argentina. Chile tenía en 1989 un 40% de pobreza medida por ingresos. Hoy apenas roza el 10%. Hubo un ascenso de sectores que pasaron a integrar la clase media baja. Pero el Estado no supo acompañar el progreso con una equiparación del gasto público, sobre todo, en educación y salud. Eso explicaría, en parte, el vendaval social. ¿Qué pasó en la Argentina? La pobreza fue en aumento. Sin mediciones oficiales, Cristina la dejó en 2015 en un 30%. Cuatro años de Macri la profundizaron dramáticamente. Chile posee condiciones macroeconómicas objetivas para encarar las demandas. Nuestro país, no.

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Alberto F. prefirió no navegar en el final de la campaña esas aguas agitadas. Hasta eludió el escándalo en Bolivia, por las amañadas elecciones con las cuales Evo Morales proclamó su cuarto mandato. Macri pretendió cebarlo cuando aseguró que sólo reconocerá la votación en sintonía con lo que disponga la OEA. El organismo ha instado a la realización de una segunda vuelta.

El Presidente desempolvó después de las PASO una faceta poco conocida. Se recostó sobre un liderazgo tradicional, callejero, distanciado de aquel otro que en el 2015 lo llevó al poder. Nadie sabe hasta dónde podrá servirle esa mutación para modificar la tendencia electoral. No existen dudas de que las caravanas podrían haber amalgamado su electorado. Además de concederle en política un sitial que sólo excepcionalmente ocupó. La calle ha sido siempre el patrimonio del peronismo, la izquierda y, desde el 2001, de las organizaciones sociales.

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Esas movilizaciones tuvieron un componente distintivo. Nadie acompañó por razones de beneficio económico. Durante el macrismo a ningún sector, en ese rubro, le ha ido bien. Sobresalió, en cambio, la reivindicación de valores democráticos y de transparencia nunca tan visibilizados. El próximo gobierno, sobre todo si responde al kirchnerismo, deberá tenerlo en cuenta.

El mensaje apunta a Alberto F. y Cristina, que tendrá por delante un escabroso derrotero judicial. Pero también a los jueces que luego de las PASO empezaron a enviar señales de acomodamiento al posible nuevo tiempo político ante las investigaciones de corrupción. Muchos creyeron ver en la última novedad de campaña (la aparición de seis originales de los cuadernos de las coimas) un ardid para incidir en el votante de hoy. Error. Las razones económicas siguen pesando igual o más que en agosto. Pero aquel aporte podría otorgar otro anclaje a la investigación que apunta a desnudar la matriz de corrupción de la década pasada. Con la participación de poderosos empresarios.

Cristina figura en dicha causa, según el juez Claudio Bonadio, como jefa de una asociación ilícita. La indagación podría develar otra cosa. Que la construcción del mecanismo habría sido inaugurado por Néstor Kirchner. Problemas para el “tiempo nestorista” que Alberto F., si gana, sueña con restaurar.

Copyright Clarín 2019



Sources:
clarin-com

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