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Guerrero y Vicente o la vida paralela de dos genios del expresionismo abstracto, en Granada

Guerrero y Vicente o la vida paralela de dos genios del expresionismo abstracto, en Granada


Vayan por delante tres razones para no perderse la exposición ‘Vicente/Guerrero’ que se puede ver hasta el 12 de enero en el Centro José Guerrero. La primera es disfrutar de la impresionante obra de los dos maestros españoles del expresionismo abstracto americano: el segoviano Esteban Vicente y el granadino José Guerrero. La segunda, con carácter más general, observar esa evolución canónica que experimentan buena parte de los pintores desde lo figurativo hasta la abstracción. Y la tercera, que es una oportunidad de oro. ‘Guerrero/Vicente’, que tuvieron unas vidas paralelas pero nunca se encontraron, es una muestra inédita porque la producción de ambos ‘convive’ bajo el mismo techo, en el Centro José Guerrero de la calle Oficios, a la sombra de la Capilla Real.

El Centro José Guerrero coproduce este proyecto expositivo en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, con la organización de Acción Cultural Española en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Asturias. En total se ha instalado una selección de sesenta cuadros de distinto formato y diferentes soportes cuya procedencia es variada. Se ha contado con numerosas piezas que provienen de colecciones particulares, así como préstamos de fondos públicos como los del Museo Reina Sofía, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, Patrimonio Nacional o la Colección del Banco de España.

Ocasión irrepetible

Y es que, en efecto, estamos ante una ocasión irrepetible para conocer de primera mano, en el mismo espacio, a estos dos grandes pintores que siempre han sido tratados por separado, aunque sus trayectorias sean asombrosamente convergentes pese a esa diferencia de una generación que separa al uno del otro (once años). Vicente Esteban nació en 1903 y José Guerrero en 1914, a lo que habría que sumar los diez años que el primero vivió más que el segundo. Los dos habían dado comienzo a su carrera en el marco de una figuración renovada que paulatinamente iba diluyendo la mímesis y acercándose a la abstracción. El punto de inflexión en ambos casos, el año en que cambió su lenguaje artístico, ya residiendo ambos en Nueva York, fue en 1950. Vicente fue seleccionado por los críticos Meyer Shapiro y Clement Greenberg para la exposición New Talent, y Guerrero se instaló en el barrio neoyorquino del Greenwich Village, donde estaba establecida una importante colonia de creadores, y comenzó a tratar con agentes que pronto lo llevaron a la galerista Betty Parsons. Durante aquellos años, ambos se relacionaron, con sus filias y sus fobias, con pintores referenciales como De Kooning, Rothko o Newman. A pesar de las diferencias estilísticas ambos tuvieron una preocupación común por el color, tal y como se puede constatar estos meses en el Centro José Guerrero. En el caso de Guerrero, como elemento estructurador de la composición, mientras que Vicente, a partir de 1950, comienza a investigar sobre el modo de atrapar la luz, lo que logra gracias al color.

Los dos, Guerrero y Vicente, vivieron sus etapas iniciales en Madrid y París, donde se sintieron atraídos por Matisse, por el cubismo y por la Escuela de París. Los dos se casaron con estadounidenses. Y los dos habitaron en Nueva York. Para completar esas semejanzas, las instituciones deudoras de sus legados son productos del acuerdo entre los herederos y las diputaciones de sus lugares de origen. Sin embargo, no mantuvieron ninguna relación, no se apoyaron ni tampoco fueron amigos.

¿Como se ha estructurado la exposición en el Centro José Guerrero? Se han diferenciado tres etapas. La primera, en la planta baja, se retrotrae a los inicios figurativos de ambos pintores. La segunda, que coincide con la primera planta, en torno a los años cincuenta, estudia la importancia que tuvo la experimentación sobre el papel para adquirir nuevos códigos abstractos, y se complementa con un conjunto de óleos sobre lienzo de esa década. La tercera -segunda y tercera altura- refleja cómo Guerrero y Vicente alcanzan la madurez artística en los años setenta, dejando atrás el expresionismo abstracto para dar paso a los campos de color. A las sesenta piezas firmadas por Guerrero y Vicente, hay que agregar tres obras de Joan Miró y Juan Gris.

clubwifiusa


Sources:
huffingtonpost.es
ideal.es

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