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En el centro Pompidou de París la Prehistoria late y convive con el futuro – 13/09/2019

En el centro Pompidou de París la Prehistoria late y convive con el futuro - 13/09/2019



Esta semana termina en el Centro Pompidou de París una gran exposición que cruza la idea de la prehistoria con el arte moderno contemporáneo. Fósiles, hallazgos arqueológicos, representaciones pictóricas y fotográficas, en el tono monográfico magnífico que solo pueden producir los museos monstruos o centros como el Beaubourg, hablan de la Prehistoria. Se exponen algunas de las primeras “obras de arte” del período paleolítico. Son más de 500 objetos pequeños, tallas en marfil de mamut, astas de reno que representan animales o seres humanos, herramientas y obras de arte de aquellos tiempos iniciales.

La recepción, el primer impacto de la muestra, como introducción temática, la protagoniza el cráneo del hombre de Cromagnon en casi total oscuridad, que data de hace unos 28.000 años.Enfrente, la pequeña pintura, El tiempo, de Paul Klee: una evocación de la finitud humana. Hay prehistoria mineral, el descubrimiento de fósiles de especies extintas, conchas gigantes que alcanzan los cuarenta millones de años. A continuación, una cerámica de los años 30 de Lucio Fontana despliega caracoles y mariposas.

La extraordinaria curadoría de Cécile Debray, Rémi Labrusse y Maria Stavrinaki –expertos en arte rupestre y prehistoria– logró ese efecto ilusionista de saltar al túnel del tiempo y aparecer en una cueva de hace un millón de años. Son salas plenas de marcas y mojones de la era de piedra, un juego de imaginación desesperante que busca saber detalles de la vida cotidiana en las cavernas. El Pompidou nos pasea por la simbología de las cuevas de Altamira (entre -15.500 y – 13.500, descubiertas en Cantabria española en 1879); Lascaux (-17.000, descubiertas en Dordoña en 1940) y Chauvet, (-36.000, descubierto en 1994 en Ardèche). Así, desfilan en las alturas parisinas desde la pequeña talla en marfil del mamut de La Madeleine hasta los registros del fotógrafo francés Dove Allouche, esculturas de Louise Bourgeois y el “azul” de Yves Klein en Anthropométrie (1960). La exposición se realizó en colaboración con el Museo Nacional de Historia Natural, Museo del Hombre, el Museo Nacional de Arqueología, Patrimonio Nacional de Saint-Germain-en-Laye y el Museo Nacional de Prehistoria. Engarza aquí una obra de Paul Cézanne (1839-1906) quien en el siglo XIX registraba en un cuaderno las caminatas con su amigo Antoine-Fortuné Marion (1846-1900), arqueólogo y geólogo. Fue introducido así en la estratigrafía, disciplina de lectura de las capas de la Tierra. Y de allí surgen tres lienzos de paisajes, incluido el conocido como Montaña Sainte-Victoire que forma parte de la exposición que muestra su interés por las edades del suelo y los movimientos que lo moldearon. Max Ernst pinta un bosque negro petrificado donde solo vuela un pájaro débil a punto de desplomarse. Una alegoría del fin de la humanidad. Esculturas de Alberto Giacometti, una figura de arcilla sobre vidrio del artista catalán Miquel Barceló completan escenas inconclusas, como lo es la Prehistoria. “Aquí está presente la idea de que el hombre mismo pertenece a una especie antediluviana, que existe una gran antigüedad del hombre que escapa a la historia y que fue el autor de civilizaciones desaparecidas y también el autor de obras de arte”, analizó públicamente Rémi Labrusse.

Extraordinariamente, la Venus de Lespugue –conocida como la Venus paleolítica–, encontrada en Haute-Garonne y que data de hace 23,000 años, se encuentra sola: frágil e imponente. Evoca la fertilidad y es para los curadores una de las mayores obras maestras de la historia del arte. En el corazón de la exposición se encuentran, cerca de los restos prehistóricos y de obras de Henry Moore o Joan Miró, una serie de fotografías del húngaro francés Brassaï, que inmortalizó graffitis anónimos en las paredes de París:parecen referir al gesto prehistórico de dibujar en la cueva.

También hubo lugar para una caricatura de 1914, en la que Winsor McCay cuenta la historia de Gertie, el “dinosaurio entrenado”. Los hermanos británicos Jake y Dinos Chapman nos refieren a la fragilidad del hombre amenazado por el cambio climático, cuando imaginan el Infierno (2004-2005). Allí, una manada de dinosaurios ridículos y monstruosos, hechos de papel higiénico, papel de diario y cartón, yacen exterminados por un meteorito.

Centro Pompidou, París, Francia,

Estas salas aprovechan una infinita “terra incógnita” para explorar los primeros gestos de la cultura. Uno, con todos los sentidos activados, queda atrapado en esta prehistoria reconstruida a través de sus cuevas, herramientas y fragmentos, y un presente presente que percibe los riesgos del futuro del planeta.

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Sources:
clarin-com

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