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De mes patrio | EL DEBATE


Mes patrio. Día de los Niños Héroes, Grito de Independencia, desfile del 16. Mes de recuerdo de la construcción de la nación mexicana. Es un mes en que los habitantes, de este país, sienten que festejan ser nacidos aquí. Ese sentimiento es un elemento que viene de la mano de la posibilidad de cohesión de un proyecto de nación. En ese sentido, va la reflexión de que México es más que un grupo gobernante. Es más que un gobierno sexenal. Es el mes en que los mexicanos volvemos a recordar a Octavio Paz, en su “Laberinto de la soledad”, en el capítulo IV, “Los hijos de la Malinche”.

Es el mes en el que no hay que olvidar que no hay mal que dure cien años, ni… Así que los mexicanos construimos la democracia, y, la vamos a defender. Aunque sea al grito que pregona Octavio Paz. Vayan las líneas del mexicano Premio Nobel de Literatura, a él, el poeta mexicano, no hay forma se le pueda censurar: 

“Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos llevan a exaltar nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la Chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario, y una explosión en el aire…O la del aullido en que terminan nuestras canciones, y que posee la misma ambigua resonancia: alegría rencorosa, desgarrada afirmación que se abre el pecho y se consume a sí misma.

Con ese grito, que es de rigor gritar cada 15 de septiembre, aniversario de la Independencia, nos afirmamos y afirmamos a nuestra patria, frente, contra y a pesar de los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los demás son los “hijos de la chingada”: los extranjeros, los malos mexicanos, nuestros enemigos, nuestros rivales…”. 

DE DEMOCRACIA EN MÉXICO
Estas líneas acompañaron al poeta en su tránsito en la lucha por un régimen democrático. Soportando los estertores del autoritarismo mexicano. Uno con particulares libertades, como la que el mismo Octavio Paz experimentó en su libertad de expresión y disenso político. Un régimen político que entro en una transición y logró construir una democracia. Hoy, México festeja en este septiembre 109 años de vida independiente. En un pleno ejercicio de una vida política democrática que no tiene visos de regresión autoritaria. Siempre habrá corrientes políticas que busquen el mantener su oligarquía. Es parte de las leyes sociológicas que describen a las organizaciones sociales. Sin embargo, hoy México festejara, el septiembre de 2019, como un país con un régimen democrático. Con un sistema de partidos políticos que compiten en la arena electoral por la mayoría de los votos. Y, en donde hay procesos electorales que culminan cada tres y seis años, con elecciones en dónde gana el candidato que obtiene la mayoría de los votos emitidos por los ciudadanos mexicanos que acuden a las urnas. Nadie más gobierna o es miembro del poder legislativo. Sólo los que ganan las elecciones. Punto. El grito de México, este septiembre de 2019, será el de los mexicanos alegres con su democracia. Iguales en la libertad. El grito será: Viva México, viva la democracia, viva la libertad. No hay otro grito para este 15 de septiembre. 

PÁRRAFOS: DEL POETA 
Octavio Paz escribió uno de los poemas más bellos y trágicos de la literatura: “Mi vida con la ola”. En estos días en los cuales las canciones y los chats construyen y destruyen relaciones en minutos. Vale la pena que vayan, amables lectores, a dar una vuelta por el poemario Libertad bajo palabra. Desde el título el poeta muestra que él iba a luchar por ese derecho universal por sobre todas las cosas. Van unas líneas para ir saboreando esa vida con la ola que crea Paz: 

“Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras.

Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron. Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: “Su decisión estaba tomada. No podía volver.” Intenté dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón. 

Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto. Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga…”  (“Mi vida con la ola”, en Libertad bajo palabra, Octavio Paz, FCE, 1960).

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Sources: debate.com.mx

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