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El mandarín de la literatura y la Borgesmanía en China – 24/08/2019

El mandarín de la literatura y la Borgesmanía en China - 24/08/2019



“Estimado lector. Soy Jorge Luis Borges. Como usted sabe, vivo solo en un cuarto piso de la calle Belgrano en Buenos Aires. ¿Querría pasar por mi casa a recitarme unos papeles?”, se lee en la red social china WeChat. La propuesta es al menos dudosa: escrita en ideogramas, la publicidad invita a los lectores a pasarse por el departamento en el que Borges solo vivió tres años a fines de los sesenta. Con una foto de Sara Facio y cuatro caracteres que imitan su nombre en español (“Bo’erhesi”), el perfil público del escritor difunde ensayos, traducciones, cursos en las universidades y charlas gratuitas. Todos los días, una nueva noticia se agrega a la larga lista de actividades sobre el autor de El Aleph en el gigante asiático.

“Es considerado como un maestro de maestro entre los lectores chinos”, dice la doctora Lou Yu, una de las máximas especialistas de nuestra literatura en la Academia China de Ciencias Sociales. De acuerdo con un relevamiento realizado por la investigadora, no solo es el escritor latinoamericano más traducido, sino el más citado y el que más atención ha recibido de la crítica especializada. Desde el 2000, ya se defendieron casi cien tesis de maestría y doctorado con la palabra clave “Borges”.

Es que, en las últimas décadas, sus libros adquirieron una masividad que solo es posible en el país oriental. Hasta la fecha se publicaron 58 volúmenes con tiradas que van desde los 10 mil hasta 27 mil ejemplares; tres compendios de entrevistas con Orlando Barone, Fernando Sorrentino y Willis Barnstone; y dos ediciones de sus obras completas. La última se terminó de imprimir este año, en cuarenta tomos que incluyen desde los poemas de juventud hasta los libros en colaboración con Adolfo Bioy Casares o Margarita Guerrero. Quizás, el dato más llamativo es que circulan al menos cuatro biografías escritas por autores chinos, que conviven con las de Emir Rodríguez Monegal y James Woodall, también disponibles en mandarín.

Su nombre, incluso, excedió las portadas de los libros y los anaqueles de las bibliotecas y se repite en bares y centros culturales. Existe una librería Borges en Cantón, una banda de rock que se presenta como su heredera y una pieza de teatro sobre su obra en la que actúan los alumnos de la Universidad de Nanjing. Sin ir más lejos, a fines de julio de este año se inauguró en Shanghái la muestra El Atlas Borges, que exhibe fotos de viajes y textos escritos a cuatro manos con María Kodama.

Si bien estos números y referencias podrían sugerir una larga tradición de estudios borgeanos, el interés es más bien reciente. Como destaca el antropólogo Enrique Larreta, profesor de la Universidad Normal del Este de China, la recepción de la obra del autor argentino no estuvo ajena a las transformaciones políticas y sociales del país asiático.

Hasta 1978, cuando comenzaron las políticas de Reforma y Apertura del líder Deng Xiaoping, el autor argentino solo había aparecido una vez en la revista Literatura Mundial, publicación estatal dedicada a los autores extranjeros. Se trataba de una referencia al pasar en un diálogo entre Estela Canto y Andrés Rivera sobre los “Problemas de la novela argentina”. En estas páginas, se destacaba el conservadurismo del escritor porteño.

Durante el maoísmo, las traducciones de literatura latinoamericana estaban relacionadas con la militancia política, con autores como Pablo Neruda, Jorge Amado y Nicolás Guillén, entre los más leídos y mencionados. Por eso, Ficciones debió esperar hasta la siguiente generación para hacerse camino entre los lectores chinos. La primera selección de sus cuentos apareció en 1979 con una traducción realizada por el hispanista Wang Yangle. En la introducción, se menciona que Borges había sido un “influjo fundamental para el realismo mágico”.

Según la doctora Lou, fue en la década de los noventa cuando empezó una verdadera “Borgesmanía”. A medida que se multiplicaron las ediciones y tiradas, la crítica buscó desprenderse de la lectura que relacionaba sus laberintos metafísicos y citas falsas con las novelas de Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa.

Ponencias, monografías y ensayos destacaron los “motivos orientales” en la obra borgeana, como la influencia taoísta, las referencias a la historia clásica china o la lecturas del filósofo Zhuang Zi al que comparaba con los sabios griegos.

“Pienso en aquel Chuang Tzu que soñó que era una mariposa y que no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre,” escribe Borges en un poema dedicado a su bastón de bambú. Allí, reconoce que quizás nunca visitará China.

Sin embargo, sus libros se volvieron casi una referencia obligada para los escritores y académicos que vivieron la apertura. Como afirma la hispanista Cheng Yiyang, su obra tiene otro sentido político en el gigante asiático. Su lectura quedó impregnada con el momento histórico en el que fue traducido por primera vez.

“China estuvo en el centro de algunos de sus principales ensayos y algunas de sus más famosas ficciones”, afirma Enrique Larreta y, de hecho, el narrador de “El jardín de senderos que se bifurcan” es un espía chino al servicio de los alemanes que asesina a un sinólogo británico. Hubo quienes leyeron esta trama como un pronunciamiento en contra del imperialismo inglés en el Extremo Oriente.

Con múltiples ediciones, cursos y muestras de arte, también surgió una crítica especializada. En el 2000, la traductora Can Xue publicó Una interpretación de Borges, la primera colección de ensayos dedicados al autor argentino. Entre los setenta textos, hay referencias más habituales, como a Franz Kafka y la literatura inglesa, y algunos vínculos inesperados con Lu Xun, considerado el padre fundador de las letras modernas en el país oriental, a quien Borges no había leído.

“Lo leí por primera vez a los 20 años y me voló la cabeza”, admitió el novelista Ge Fei en una entrevista para Télam. Reconocido como un autor experimental, artífice de fábulas oscuras sobre la China contemporánea, Ge publicó un libro de ensayos y reseñas que se titula La máscara de Borges.

Como en el poema “Fundación mítica de Buenos Aires”, la ciudad se adivina en sus orillas. A las afueras de Pekín, la sala de un hotel de lujo lleva el nombre del autor. Rodeado por un jardín de rosas y dos pabellones que imitan a la Ciudad Prohibida, cuesta imaginarse un lugar más distante e inesperado para homenajear al autor argentino.



Sources:
clarin-com

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