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Cultura

Crítica de ‘Los Goonies’ (1985): El pozo de los deseos

Crítica de 'Los Goonies' (1985): El pozo de los deseos


Los Goonies

EE UU. 1985. 111 m. (TP). Aventuras.
Director:
Richard Donner.
Intérpretes:
Sean Astin, Corey Feldman, Josh Brolin, Martha Plimpton, Joe Pantoliano.

Reestreno de esta popular película de aventuras, con argumento de Steven Spielberg, que hizo saltar las taquillas en el momento de su estreno. Dirigida con pulso firme por ese honesto artesano que es Richard Donner (‘Superman’, 1978), cuenta la historia de un grupo de adolescentes que, en una aburrida tarde de verano, encuentra el mapa de un fabuloso tesoro escondido, enterrado mucho tiempo atrás por una tripulación de piratas. Es entonces cuando esta pandilla parte en busca de dicho tesoro, con sorprendentes resultados.

El filme se ha convertido con el paso de los años en un título de culto, cuyo esquema argumental se ha repetido hasta la saciedad. Se realizó en una época plena de ingenuidad, actitudes positivas y con la sencillez propia de quienes son inocentes no sólo ante sí mismos, sino ante los demás. Al mismo tiempo, a lo largo de la peripecia van surgiendo personajes sugestivos, una cueva que parece sacada de un ‘peplum’ de Pietro Francisci (‘Hércules y la reina de Lidia’, 1958), un fantasmal galeón corsario, así como un misterioso pozo de los deseos, con lo cual los juegos de estos críos no son tales, puesto que debemos considerarlos como sus acciones más serias.

La vida se empeña constantemente en destruirnos los mitos, en explicarnos cómo los magos realizan sus trucos de prestidigitación, en hacernos caer del más confortable de los guindos. ‘Los Goonies’, en cambio, siguen manteniendo todo el encanto, gracias a su espíritu aventurero, a su deseo de vivir hazañas míticas y a una suerte de fuga generacional. Porque, todavía hoy en día hay soñadores -en la línea de Jasón y los argonautas, pero actualizada- que buscan a su manera el vellocino de oro, la fuente de la eterna juventud, un cambio en los climas del corazón, una revelación. En definitiva, es el odio y no la lucha, es el tiempo y no la batalla, lo que mata.



Sources:
elcorreo.com

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