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Crítica de ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’ (2019): El diablo mete la mano

Crítica de 'Historias de miedo para contar en la oscuridad' (2019): El diablo mete la mano


Historias de miedo para contar en la oscuridad: El diablo mete la mano

EE UU. 2019. 111 m. (16). Terror.
Director:
André Øvredal. Intérpretes: Zoe Margaret Colletti, Michael Garza, Austin Zajur, Gabriel Rush.

El estreno de ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’ pone de relieve que el cine de terror juvenil está en buena forma. Si bien los mejores títulos del género han llegado de la mano de cuatro directores escorados al cine de autor: David Robert Mitchell (‘It Follows’, 2014), Robert Eggers (‘La bruja’, 2016), Na Hong-jin (‘El extraño’, 2016) y Ari Aster (‘Hereditary’, 2018). En esta ocasión, un grupo de adolescentes intenta resolver el misterio que rodea la muerte de toda una serie de habitantes, en un recóndito pueblecito de la América profunda.

También figura la inevitable mansión encantada, en una película plagada de personajes aterradores, incluido el siniestro Jangly Man (encarnado por Troy James), algunos entresacados de éxitos taquilleros recientes. El dicho castizo dice que el lobo no teme al perro pastor, sino su collar de clavos. Algo parecido ocurre en este curioso cuento de terror contemporáneo, puesto que se queda las más de las veces en la superficie de ese inquietante sentimiento, sin ahondar en lo que realmente produce espanto, sea cual sea la intriga descrita o los imprevisibles entes de ultratumba que pueblan su irregular intriga.

Con frecuencia vemos a la gente esconderse en su concha, refugiarse en su hogar, que las vincula a todo el mundo mediante cables y pantallas, y pronto en microchips bajo la piel. ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’ asegura que el miedo se ha convertido en el sustituto del erotismo, porque si Eros relaciona, Fobos separa. Vivimos una existencia virtual y fantasmal, llena de información y sin sensaciones reales, como si fuéramos seres sin cuerpo y sin terminaciones nerviosas y necesitáramos vivir a través de imágenes. Es una vida de moluscos asustados, porque los que tienen miedo no cierran jamás los ojos e intentan por todos los medios no dormirse. Y cuando uno no duerme, le resulta imposible soñar.



Sources:
elcorreo.com

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