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El enorme dolor de Pablo Aguilar

El enorme dolor de Pablo Aguilar


Superada la medianoche del viernes al sábado, Pablo Aguilar, mochila a la espalda, abandona el pabellón José María Martín Carpena de Málaga. Desde hace unos veinte minutos conoce que no seguirá en la concentración de la selección española, tal y como Sergio Scariolo ha comunicado a los jugadores en el vestuario nada más concluir el partido ante República Democrática del Congo, en el que el granadino no ha sido convocado. El otro damnificado es Joan Sastre, escolta de Valencia Basket. Mientras Ricky Rubio y los hermanos Hernangómez salen del recinto malagueño en coches particulares, el granadino lo hace a pie y se mezcla con una enorme muchedumbre que ansía una foto o un autógrafo de sus héroes de rojo. Una vez allí, se toma más de un cuarto de hora para atender a todos y cada uno de los que le piden un momento, siempre con su mejor sonrisa. La profesión, claro, va por dentro. El dolor en su muñeca izquierda, también.

Su mano, el radio concretamente, se había roto en uno de sus últimos partidos en Reggio Emilia, donde Aguilar cuajó la mejor temporada estadísticamente hablando de su carrera, pero con un epílogo que ahora le ha costado un disgusto. Tras su paso por el quirófano supo que ni Pau Gasol ni Nikola Mirotic ni Serge Ibaka estarían en la selección. Tres ausencias, sobre todo la del de Podgorica, que le abrían una gran oportunidad de defender a España en la Copa del Mundo de China, a partir del 31 de agosto. Con dos Eurobasket a sus espaldas, 2013 y 2015, y tras ser uno de los artífices, en las famosas ‘ventanas’, de la clasificación española para China, el tren de poder defender a su país en un mundial estaba pasando por una parada más cercana que nunca. Y quizá por última vez, pues la próxima cita global, en 2023, le pillará con 34 años.

De modo que el ala-pívot se machacó para estar a punto, en la búsqueda de esa oportunidad. Intensas sesiones de fisioterapia y reacondicionamiento físico en Granada junto a sus entrenadores de confianza. Incluso el fisioterapeuta del Reggio Emilia pasó unos días con él en la ciudad. Nada podía dejarse al azar pues los plazos eran justos, pero merecía la pena el riesgo. En esas, llegó la convocatoria de Scariolo. Aguilar aparecía en una primera lista de dieciséis jugadores, de la que cuatro caerían antes de viajar a China. El sueño estaba un poco más cerca.

El 25 de julio comenzó a entrenar a las órdenes de Sergio Scariolo en el Triángulo de Oro, instalación madrileña cercana a las emblemáticas Torres KIO. Había motivos para el optimismo. La evolución de la mano, aunque lenta, era positiva. Si todo iba bien y el seleccionador apostaba por jugar muchos minutos con Claver y Juancho Hernangómez como ‘3’, la rendija de Aguilar se convertiría en una puerta muy abierta. No jugar el primer partido en Pamplona entraba en los cálculos de la rehabilitación, pero la realidad es que el dolor no terminaba de irse de la mano izquierda del nazarí.

Volver

La hoja de ruta de Scariolo era clara. Incluso pública. El de Brescia no haría descartes hasta el torneo de Málaga, el 9 y 10 de agosto. Esa era la gran final de Aguilar. El momento donde demostrar si realmente se podía arriesgar a seguir exponiendo la mano dos semanas más o si lo más sensato era bajarse de la expedición para no arriesgarse a una recaída fatal para el futuro.

La realidad es que a Pablo Aguilar le sigue doliendo la mano. Al recibir o al lanzar, pese a que no es la de tiro. Síntomas que entran dentro de la normalidad del proceso y que no hipotecarán la próxima temporada, pero que a veinte días del inicio de la Copa del Mundo desaconsejan seguir forzando la máquina sin la garantía de llegar a estar al 100% en tres semanas.

En todo caso, el granadino tuvo minutos ante Costa de Marfil el viernes. Once concretamente. Los primeros desde la lesión, que le llevaron a compartir su felicidad en redes sociales tras los «tres peores meses de mi carrera». Sólo él y los más cercanos saben de verdad cómo han sido estas semanas a contrarreloj para ponerse a punto. Ante los africanos, sumó un punto y dos rebotes. Y siguió notando dolor. La decisión parecía a la vuelta de la esquina, más cuando Scariolo le dejó fuera de la convocatoria ante el Congo el sábado. Minutos después de acabar el partido, ocurrió lo inevitable.

Volvamos a la puerta del Carpena. El autobús de España se aleja, mientras Aguilar aún sigue apurando fotos y autógrafos. Nunca escatima un buen gesto, aunque sabe que ha perdido una de las oportunidades de su vida. Ahí el dolor ya es más emocional que físico. Aunque él sigue sonriendo. Y soñando.



Sources:
huffingtonpost.es
ideal.es

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