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Josué, Floro, Salvador y su causa jamás traicionada › Cuba › Granma


SANTIAGO DE CUBA.–Como una de las sombrías páginas que caracterizaron a la tiranía de Fulgencio Batista se inscribe el cobarde asesinato de los valerosos jóvenes revolucionarios Josué País García, Floromiro Bistel Somodevilla, «Floro», y Salvador Alberto Pascual Salcedo, «Salvita», la tarde del 30 de junio de 1957, en esta ciudad.  

A la manera en que los yanquis han instruido a sus lacayos de ayer y hoy en las repúblicas del continente, para ese domingo estaba orquestado un show politiquero de apoyo al régimen en el céntrico Parque Céspedes, cuyo «elenco» de farsantes, corruptos y asesinos pretendían aparentar, ante Cuba y el mundo, que en manos del gobierno en el bravío Oriente reinaba tranquilidad.  

Tras el Alzamiento del 30 de noviembre de 1956, los luchadores clandestinos del Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7) volvían a fortalecerse, y con el apoyo en fogueados combatientes y armas al naciente Ejército Rebelde, acababan de contribuir, el 28 de mayo último, a la victoria del combate dirigido por Fidel contra el cuartel de Uveros.

Por ello, para evitar que aquella farsa trascendiera en la heroica urbe, el MR-26-7, encabezado por su jefe nacional de Acción y Sabotaje, Frank País García, trazó un plan de sabotajes, disparos al aire, corte de la transmisión del acto y otras acciones, que pondrían en ridículo a testaferros de la catadura de Rolando Masferrer, Anselmo Alliegro, Justo Luis del Pozo y Rafael Díaz-Balart.   

Ya en desarrollo el acto, cuyo quórum requirió la movilización de adeptos desde otras ciudades, la señal que desencadenaría el plan mediante la detonación de un artefacto explosivo colocado en el alcantarillado del área de la tribuna no se produjo, pero como era de esperar los comandos revolucionarios no postergarían su actuación.

Un grupo encabezado por Ernesto Matos Ruiz decide entrar en acción en Carretera del Morro, y cuando Joaquín Quinta Solás (actual general de cuerpo de Ejército y viceministro de las FAR) y Fernando Tarradel Rodríguez salen a ocupar los autos, son interceptados por efectivos del cuartel Moncada a bordo de un jeep. Al disparar las armas hieren mortalmente a dos ocupantes y logran escapar.    

En el otro extremo de la ciudad, Josué País arde ante la palabrería y bravuconería de los oradores que desafían por la radio a los revolucionarios. Su biógrafo Francis Velázquez Fuentes lo describe, a través de testimonios obtenidos, como humilde, educado, cariñoso, pero de natural rebeldía, carácter fuerte e impulsivo, de ahí que ante la imposibilidad de recibir nuevas órdenes se dispone a actuar.

En la casa en la que se oculta, el joven de solo 19 años envía a Floro al encuentro con Salvador, para que tomen un vehículo y pasen a recogerlo. Al cumplimiento de la misión parte Josué con una pistola, Floromiro porta una escopeta recortada, mientras el otro compañero conduce el Chevrolet, sin sospechar ninguno de ellos que ya su dueño ha informado de la ocupación a la policía.

Al tomar en bajada el paseo Martí, un patrullero identifica la matrícula circulada e inicia la persecución. Se intercambian disparos y queda perforado un neumático trasero del auto de los revolucionarios, que al llegar a la intercepción de Crombet y la línea del ferrocarril es emboscado por otro patrullero y una veintena de soldados dislocados en el área.

Imposible ha sido cuantificar el aluvión de fuego abierto por la jauría sobre el carro, donde antes de que puedan abandonarlo quedan acribillados ferozmente Floro y Salvador. Josué logra salir pistola en mano, pero al instante la cacería concentrada sobre él lo derriba en el pavimento gravemente herido.

Por sus movimientos detectan que aún vive, pero al lugar ha llegado el teniente coronel José María Salas Cañizares y, haciendo honor a su alias de «Masacre», como le apodaban los santiagueros por sus crímenes, dispone que sea trasladado al Hospital de Emergencia, aunque en un aparte con su gavilla de asesinos les impone que en el trayecto terminen su existencia.

Es de imaginar el dolor de Frank ante la pérdida del hermano menor. En una comunicación de pésame del Estado Mayor del Ejército Rebelde, desde la Sierra Maestra, se le confía: «que nadie se aparte de la senda donde ellos cayeron, ni den las espaldas a la ruta que conduce a la felicidad que merece este pueblo sufrido, que es en fin de cuenta por lo que luchamos».

Trascurridos 62 años, nuestro pueblo jamás ha traicionado esa causa, ni se doblegará ante imposiciones del imperio y sus lacayos, que cada día se afanan en tergiversar una historia cimentada con la sangre y el heroísmo de cientos de jóvenes como Josué, Floro y Salvador.     



Sources: cubadebate.cu

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