Puerto Rico

Famoso compositor documenta la raíz boricua del jazz

Famoso compositor documenta la raíz boricua del jazz


En 1917, apenas siete años después de la fecha en la que se traza la aparición del jazz en Nueva Orleans, músicos puertorriqueños, entre ellos el famoso compositor Miguel Hernández y su hermano Jesús, fueron reclutados para formar parte de la Orquesta del Ejército de Estados Unidos, considerada responsable de llevar este género por primera vez a Europa, específicamente a Francia.

Este evento es el primero en una cadena de muchos que ejemplifican las aportaciones de los músicos boricuas al jazz y ayudan a entender cómo fue creciendo el gusto por escuchar esta música en la isla.

En su libro, “Boricua Jazz: desde Rafael Hernández a Miguel Zenón”, Wilbert Sostre Maldonado no solamente narra eventos como el anterior sino que ofrece una mirada panorámica y cronológica de la evolución de una música que hoy cuenta con destacados exponentes boricuas como embajadores que han aportado su propio estilo para enriquecerla.

Para Sostre, un apasionado del jazz que se ha dedicado a estudiarlo por los pasados 15 años, hacía falta un documento que compilara el desarrollo del género y le hiciera justicia a las aportaciones de los puertorriqueños que lo han abrazado para expresarse musicalmente. La primera edición del libro fue presentada recientemente en la librería Casa Norberto, en Plaza Las Américas, y ya se agotó. Una segunda presentación se llevará a cabo el sábado en la Librería Mágica en Río Piedras.

“El jazz me apasiona. Cuando lo descubrí, me agarró completamente”, explicó Sostre, quien también es productor y animador del programa “Puerto Rico Jazz”, que transmite Radio Vieques 90.1 FM.

A partir de ese interés, el autor comenzó a escribir reseñas en publicaciones locales y de los Estados Unidos, incluyendo Jazz Times, Jazz Inside Magazine, jazzreview.com, Diálogo y Latin Jazz Network, entre otras.

Para escribir su primer libro empezó a realizar entrevistas entre el 2009 y el 2010 a músicos de jazz puertorriqueños reconocidos, entre los que se encuentran Wito Morales (Mr. Jazz), Jimmy Rivera, Furito Ríos, Gonchi Sifre, Jerry González, Furito Ríos, Charlie Sepúlveda y Miguel Zenón.

Además, conversó con figuras de la radio que fueron instrumentales para dar a conocer lo que estaba pasando con el jazz en diferentes momentos de la historia e investigó en los archivos del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Conservatorio de Música de Puerto Rico y otras fuentes.

De acuerdo a la información recogida por Sostre, en la primera mitad del siglo XX no se puede hablar de una escena del jazz en Puerto Rico. No la había, aunque orquestas como la de Rafael Muñoz empezaron a dejarse influenciar por el ritmo y músicos como Juan Tizol, trombonista vegabajeño, llegó a tocar durante 15 años con una de las mejores orquestas de jazz que existían en aquel momento, la de Duke Ellington.

Entre los esfuerzos más notables por promover el jazz estuvo la creación del San Juan Jazz Workshop en la década del 60, por iniciativa de Charlie Rodrígues, un norteamericano de descendencia portuguesa que fue músico de Juancito Torres, reconocido como el mejor trompetista boricua. Esta organización empezó a dar talleres, a organizar conciertos y además tenía un programa de radio en WIPR.

“El trabajo que hacía ese taller continuó en los años 70 con el Taller de Jazz Don Pedro, en alusión a Pedro Albizu Campos, según Ana Vélez, quien empezó el proyecto y escribió dos libros. Ella dice en uno de ellos que cuando Albizu estudió en Harvard era fanático del jazz y se pasaba en los clubes. El hijo de Ana, Ramón Soto, continuó con el taller ofreciendo talleres, conciertos y programas de radio. Así es que fueron esas dos organizaciones (San Juan Jazz Workshop y Taller de Jazz don Pedro) las que empezaron a educar los oídos de la gente y sentaron las bases para festivales como el San Juan Jazz Fest (1987), que luego se convirtió en el Heineken Jazz Fest, que no se hace desde 2017”, explicó Sostre.

En su libro, el autor cuenta el origen de ese evento y destaca la importancia de otros dedicados al género, como los que realizan los municipios de Carolina, Luquillo y Arroyo.

Sostre también destaca en las páginas las aportaciones de grandes jazzistas puertorriqueños destacados internacionalmente. En su opinión, a ellos los distingue su buena formación musical y también el interés que demuestran en integrar la música puertorriqueña al jazz, creando propuestas muy interesantes que han capturado el interés fuera de la isla.

El libro finaliza con un panorama de la escena del jazz actual y mencionando a los músicos jóvenes que están desarrollándose.

clubwifiusa


Sources: metro.pr

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