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Análisis de Injection Pi 23 para PS4: terror en la Málaga profunda

Análisis de Injection Pi 23 para PS4: terror en la Málaga profunda


En el universo de los videojuegos, el tiempo es un factor importante. El carácter tecnológico del momento delimita el aspecto creativo de los desarrolladores, que deben atenerse de manera inteligente a las limitaciones de las tecnologías de la época. Por ello, en cada generación, existen franquicias y géneros que evolucionan para adaptarse a los tiempos que corren. El ejemplo perfecto de lo comentado son los ‘survival horror’. En su mayoría, productos experimentales dirigidos a un público nicho, que incurrieron fuertemente en la década de los 90 influenciados por movimientos como el surrealismo en el cine, o el horror cósmico de la literatura lovecraftiana.

Sin embargo, aunque a nivel conceptual siguen tratándose temas complejos más allá de los manidos ‘scare jumps’, en cuanto a mecánicas, los videojuegos de terror han sufrido bastantes cambios y pérdidas de identidad fruto de las necesidades del momento. El tiempo ha puesto al género en su sitio, alejándolo de las grandes empresas con ambiciosos presupuestos, y siendo rescatado por las pequeñas y medianas compañías que siguen aportando su granito de arena a la causa.

‘Injection π23’ nace de la mano de Abramelin Games, una pequeña desarrolladora española que participa en el programa Playstation Talents, y que llega con la importante misión de convencer a los nostálgicos del terror clásico. Un título con claras referencias a obras de culto como ‘Silent Hill’, ‘Project Zero’ o el olvidado ‘Rule of Rose’; que homenajea a los tópicos del género, como el de llevar a un personaje trastornado en el entorno de un pueblo maldito y tomando la resolución de puzles y acertijos como la base en las que asienta su jugabilidad.

En ‘Injectión’ llevaremos a un personaje de carácter antisocial, al que le resulta casi imposible mantener relaciones con las personas de su entorno, y que prácticamente ha perdido el contacto con la realidad. La historia del juego está narrada de manera difusa y a priori es difícil de comprender; los desarrolladores ya dejaron claro que su intención es que la trama esté sujeta a interpretaciones personales y teorías. La desventura se ambienta en un pueblo de la provincia de Málaga, que tomará forma de territorio oscuro y abandonado, plagado de horrores incomprensibles y monstruos que tendremos que eludir. Así, deberemos ir avanzando a lo largo de diferentes escenarios, con tal de desenmascarar los misterios que envuelven a este peliagudo asunto.

Lo primero que llama mi atención es que el juego cuenta con un apartado gráfico la mar de correcto: la reconstrucción del pueblo está muy lograda y la zona está plagada de detalles. La ambientación es la ideal, gracias al excelente uso de las sombras y la estridente banda sonora, que provoca momentos de verdadera incomodidad. En este aspecto, no hay un pero que valga.

Un detalle que resulta interesante es el de la cámara del juego. Existen hasta cuatro tipos (seleccionables en cualquier momento desde el menú de opciones), incluidas las más utilizadas dentro del género: primera persona, aérea fija y dos más en tercera persona, una con la posibilidad de mover la cámara más libremente. Se trata de una de las decisiones más originales que recuerdo haber disfrutado en una obra de estas características.

El juego, además, hace uso de las diferentes particularidades del DualShock 4: como el sensor de movimiento para examinar los objetos del inventario, el altavoz como medio de alerta en situación de peligro y los leds de colores para alternar la información del HUD. Nunca habíamos dispuesto de tantas características del mando de Sony a la vez, así que estas decisiones son de agradecer.

El fuerte de Injection es, sin duda, la complejidad de sus enigmas y puzles a resolver; son bastante numerosos y a medida que avanzamos su dificultad va incrementándose. Las pistas que obtenemos para solventarlos son escasas, y en su mayoría se encuentran cifradas u ocultas bajo acertijos. Son variados y no habrá un patrón claro para su resolución. Algunos son bastante confusos y cuesta comprender el motivo de su existencia, desde luego no están fabricados pensando en la paciencia de los jugadores.

La exploración constante será clave para avanzar. Que las secciones del mapa en cada nivel no sean excesivamente grandes ayuda a la hora de memorizar cada rincón en busca de pistas y utensilios. Como todo juego de terror clásico, deberemos ir recolectando los objetos esenciales que nos ayudarán para resolver los enigmas e ir avanzando a lo largo de la aventura.

La gestión del inventario es importante, y contaremos con diferentes tipos de útiles para ello. Además de los objetos clave, dispondremos de consumibles para la recuperación de vida y de maná, y la curación de algún que otro estado alterado. También dispondremos de armas, bien adentrados en la aventura. Todo este tipo de recursos escaseará constantemente; deberemos ser cautelosos a la hora de hacer uso de cualquier consumible. El guardado de partidas también será limitado, realizado a través de un ritual para los cuales necesitaremos dos objetos en concreto. El mérito de Injection es saber transmitir la tensión de los juegos de terror clásico a través de este tipo de mecánicas.

Los enemigos serán los otros protagonistas del juego, espantosas criaturas surgidas de nuestras peores pesadillas que se abalanzarán hacia nosotros sin dudarlo. Son muy peligrosas y difíciles de matar, aunque por suerte su campo de actuación no es que sea muy grande. Los monstruos poseen diferentes características entre ellos: para la mayoría será suficiente tirar de sigilo para que no nos atosiguen hasta la muerte; otros nos detectarán directamente al entrar en su territorio; algunos, incluso, no pueden morir, por lo que salir por piernas será nuestra única opción.

Nuestra valoración

Aunque evidentemente Injection no está pensado para todo tipo de públicos y no se corta a la hora de experimentar, existen algunas decisiones poco comprensibles, como la incoherencia de ciertos puzles que no parecen tener sentido lógico dentro de la trama más allá de rellenar contenido; además, hay momentos de supuesto terror y sobresalto que resultan más bien grotescos. Por desgracia el apartado técnico tampoco se encuentra exento de fallos: el juego está repleto de limitaciones de la IA y bugs ciertamente molestos, y su rendimiento en general es bastante cuestionable, con bajadas repentinas de frames e incluso congelaciones.

Aún con todo esto, el juego contiene una buena cantidad de horas de juego y contenido desbloqueable; la historia es interesante y viene cargada de extras, y encima nos llega al suculento precio de 9,99 euros en plataformas digitales, por lo que los amantes del terror clásico y los rompecabezas tienen los motivos suficientes como para hacerse con él y pasar un buen rato rememorando tiempos pasados.


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