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Puerto Rico

“Dreamers” en la isla enfrentan desafíos ante el desconocimiento de asuntos migratorios

“Dreamers” en la isla enfrentan desafíos ante el desconocimiento de asuntos migratorios


Contrario a lo que intentan evitar muchos inmigrantes en territorio estadounidense, Beatriz Salinas llegó a desear que la regresaran a su natal México.

En principio, la mujer de 28 años prefería quedarse en Puerto Rico, donde ha residido casi toda su vida, pero el desconocimiento -y en ocasiones la insensibilidad- que percibía sobre los problemas que enfrentan los inmigrantes en la isla alcanzó un punto insostenible hace varios años.

“Pensé en regresarme… No podía más”, expresó Salinas, quien fue traída por sus abuelos a Puerto Rico con una visa de turista cuando apenas tenía 3 años de edad.

Salinas es una de los beneficiarios del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por siglas en inglés) que viven en Puerto Rico, muy lejos del activismo existente en Estados Unidos en apoyo a su situación migratoria.

Debido a que en la isla este asunto no es de amplia discusión, predomina el desconocimiento sobre el tema, lo que, según Salinas, acarrea complicaciones adicionales para estos inmigrantes.

Además del temor a lo que pueda sucederles en caso de que el programa sea eliminado, como pretenden algunas acciones legales pendientes en tribunales federales, los beneficiarios de DACA suelen enfrentar, en Puerto Rico, dificultades en trámites cotidianos por la falta de comprensión sobre su estatus migratorio particular y los expone a comentarios que resultan hirientes o incómodos de parte de personas que nunca han tenido que atravesar por su situación.

“Mientras iba creciendo, las personas te empiezan a hacer preguntas que uno no sabe cómo responderlas y te sientes mal”, relató Salinas.

“Por ejemplo, te dicen ‘¿por qué no viajas a tu país?, ¿por qué no sacas tu licencia de conducir?’”, agregó. “En ese momento, uno se da cuenta y se siente impotente, ya que uno se encuentra como prisionero sin saber qué hacer”.

Origen de DACA

En el 2012, el entonces presidente Barack Obama intentó que se aprobara la ley denominada “Dream Act” para que millones de inmigrantes que habían sido llevados a Estados Unidos cuando eran niños pudieran obtener la ciudadanía estadounidense. Los denominados “dreamers” o soñadores son inmigrantes que llegaron en una edad en la que no podían consentir y después pasaron casi toda su vida en Estados Unidos.

La legislación no fue aprobada por el Congreso, y Obama estableció por la vía ejecutiva el programa DACA, que, al menos, les permitió trabajar, estudiar y realizar otras actividades sin temer a la deportación.

“Me abrió las puertas para tener más seguridad y conseguir empleo… Ya no tenía que estar escondida”, manifestó Abigail Zazueta, participante del DACA que reside hace un año en Puerto Rico.

Sin embargo, desde que, en el 2017, el presidente Donald Trump y varios estados conservadores iniciaron acciones legales para tratar de eliminar el programa, las emociones de otra beneficiaria en la isla sufrieron un remezón. Después de que varios tribunales federales detuvieran algunos de esos intentos, hoy esperan por saber si el Tribunal Supremo federal acogerá la apelación.

“Emocionalmente, es drenante… es mucho temor… Están jugando con tus emociones”, describió Carmen, nombre ficticio que usamos porque la joven centroamericana, de 26 años, solicitó anonimato. “Es como una montaña rusa de emociones, donde abunda el miedo. Dicen que no lo van a quitar y vuelve a la emoción. Luego que sí, y entonces caes otra vez”.

“Es que sabes que si lo quitan, no solamente tienes temor de que te deporten, sino que pierdes todo lo que habías adelantado, todos esos años de estudios, puedes perder tu trabajo”, enfatizó.

De acuerdo con la Oficina de Servicios de Inmigración y Ciudadanía (UCIS, por sus siglas en inglés), para el 30 de abril, vivían en Puerto Rico 80 participantes activos del DACA. En mayo del 2018, eran 90 y, para el 4 de septiembre de 2017, 120.

Esas cifras no reflejan las miles de solicitudes de renovación pendientes. Los participantes tienen que pasar por ese proceso cada dos años.

Carlos Aguilar, participante del DACA y estudiante de la Universidad de Harvard, lleva meses estudiando este tema, incluida la experiencia en Puerto Rico, y calificó los números del USCIS como “confusos”.

El USCIS comenzó a publicar el número de participantes de DACA activos desde que la administración Trump inició las gestiones para eliminar el programa en el 2017. Hasta entonces, solo se publicaban las solicitudes.

El Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico (CAAPR) considera que los participantes en la isla pudieran ser cientos o quizás miles, aunque reconoce que la cantidad pudiera haber disminuido no solo porque se hayan ido a otras jurisdicciones después del huracán María, sino también porque algunos han logrado obtener otro estatus migratorio, como la residencia o la ciudadanía.

Julie Cruz Santana, de la Comisión de Derechos de los Inmigrantes del CAAPR, también entiende que, en la isla, hay miles más que pudieron haber pedido ingresar al DACA, pero ya no pueden porque Trump eliminó la radicación de nuevas solicitudes hace dos años.

Dificultadades en la isla

“La gran diferencia en Puerto Rico es que, en Estados Unidos, en todas partes, hay grupos bien organizados que les brindan apoyo”, dijo Cruz Santana.

“En Puerto Rico, no hay y son muchos los problemas que enfrentan estos inmigrantes, por eso es necesario iniciar un foro donde se puedan encontrar, exponer sus necesidades y encontrar respaldo”, abundó.

Gestiones tan comunes como abrir una cuenta de banco o sacar la licencia de conducir en la isla fueron experiencias difíciles para Zazueta. Relató que, cada dos años, tiene que renovar la licencia de conducir del Departamento de Transportación y Obras Públicas, pues está atada a la expiración de su permiso del DACA.

“En Estados Unidos, te dan la licencia por cuatro u ocho años”, destacó.

Por otro lado, en el banco a donde fue Zazueta no reconocían sus identificaciones del DACA y le pidieron un pasaporte, por lo que tuvo que incurrir en gastos adicionales y esperar más tiempo para obtenerlo a través del consulado mexicano.

Cuando El Nuevo Día solicitó comentarios sobre esa experiencia de Zazueta, la vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Bancos, Zoimé Álvarez Rubio, dijo en declaraciones escritas que “los bancos comerciales en Puerto Rico tienen sus requisitos para la apertura de cuentas bancarias por personas bajo el programa” DACA.

“La apertura de cuentas bajo DACA depende de la evaluación y confirmación de determinadas identificaciones positivas por parte de los departamentos de cumplimiento de las distintas instituciones bancarias. Cualquier tipo de situación es manejada directamente por dicho departamento”, añadió.

Carmen, en tanto, chocó con la pared del desconocimiento sobre el tema migratorio en Puerto Rico cuando se trasladó a la isla tras iniciar una relación sentimental con un boricua en Nueva Jersey, donde había vivido desde que emigró allí a los 12 años. Al intentar matricularse en una universidad, tuvo dificultades porque los empleados que la atendieron no sabían qué era el DACA.

“En Puerto Rico… nadie sabe de eso. Fui a la universidad, dije que era beneficiaria de DACA, porque quería saber si había algo de becas o algo así, y, para ellos, fue como ‘¿qué es eso?’”, comentó Carmen, quien tiene 25 años.

“Es una pena, pero siento que hay muchas personas, especialmente en la comunidad dominicana, que se pueden beneficiar de DACA, pero creo que muchos ni siquiera saben que eso existe, porque no se habla”, abundó.

Este diario consultó con portavoces de varias instituciones, como la Universidad Ana G. Méndez (UAGM), la Universidad Interamericana, National College University y la Universidad de Puerto Rico. Aunque desconocían si algún beneficiario del DACA ha solicitado ingreso a sus instituciones, todos aseguraron que esos inmigrantes pueden matricularse porque los requisitos no se limitan a personas que tienen ciudadanía, residencia o visa. Además, coincidieron en que los formularios solo hacen esa consulta en los encasillados para solicitar asistencia económica, pues solo pueden pedir ayudas federales los que tienen ciudadanía.

Según Cruz Santana, del CAAPR, una de las principales razones para no divulgar que son del programa DACA es el temor de que las autoridades migratorias intenten identificar dónde están sus familiares sin estatus migratorio definido. Solo podían acogerse al programa las personas que llegaron siendo menores de edad y que, en el 2012, tenían 30 años o menos, entre otros requisitos.

Cruz Santana dijo que, por esa razón, organizaciones no gubernamentales tienen presencia en universidades y las comunidades en Estados Unidos. Al ser personas que logran su confianza, se les acercan y les ofrecen orientación sobre los procesos y la búsqueda de ayuda económica a los que sí pueden acogerse, porque no involucran fondos federales, como becas privadas y estatales.

“Acá no tienen ese apoyo y normalmente quienes los atienden no saben mucho por lo que ellos están pasando. Entonces, aquí están en un entorno más pequeño que las ciudades en Estados Unidos, y tienen miedo que sus familiares puedan ser identificados más fácilmente. Si a esto se suma que constantemente viven con el temor de que se elimine el programa, pues el daño emocional es enorme”, planteó la abogada.

Movimiento de ayuda

Pese a las adversidades, Salinas y Carmen eventualmente lograron matricularse en universidades en la isla. Además, recientemente ambas pasaron del DACA y obtuvieron la residencia.

Zazueta, quien es madre de tres niños, completó un curso técnico de uñas, pues la falta de recursos le impidió cursar estudios en criminología a sus 18 años, cuando sus padres le revelaron que no tenía estatus migratorio definido.

No se ha detenido desde que entró al DACA en 2012 y actualmente busca establecer su propio negocio. Pero vive con el terror de que el programa pueda ser eliminado y se cuestiona si, en esas circunstancias, tendría problemas para viajar libremente a Nuevo México, donde viven sus padres. Ella es su única hija.

“Es difícil, porque tú te formas muchos sueños y, como yo, que tengo familia, yo quisiera darles un futuro mejor a mis hijos que el que yo tuve… Pero es como si estuviera estancada, porque tengo que luchar con una barrera que no me deja avanzar”, manifestó.

Para poder asistir a inmigrantes en esta situación, Cruz Santana indicó que el CAAPR ha comenzado una campaña para tratar de contactar a los beneficiarios de DACA residentes en la isla. Empezaron con convocatorias a través de las redes sociales (como la cuenta de “DACA Puerto Rico” en Facebook) y otros medios para eventualmente reunirlos en un evento en esa entidad, con representación de distintas instituciones, públicas y privadas, que puedan ofrecerles asistencia.

“Desconocemos exactamente cuántos hay, dónde están y qué necesidades tienen. Hay muchas ayudas disponibles, como las que se ofrecen desde entidades en Estados Unidos, pero aquí se desconocen”, puntualizó Cruz Santana.



Sources: metro.pr

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