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Los bitcoins contaminan tanto como la ciudad de Las Vegas

Los bitcoins contaminan tanto como la ciudad de Las Vegas


Los lugares donde se fabrican los bitcoins, una moneda virtual que sin embargo requiere de complejos cálculos matemáticos para ser validada por el sistema económico, son inmensas naves repletas de ordenadores dispuestos en andamios que llegan a hacer millones de ecuaciones por minuto. Ubicadas en distintos lugares del mundo, estas «minas» de criptomonedas requieren una gran cantidad de energía para que las máquinas funcionen, así como para mantener una temperatura ideal para los ordenadores. La moneda, que actualmente se cotiza en unos 7.000 euros en su marca comercial más popular, es etérea pero su impacto medioambiental es incluso más alto que su cotización.

Un estudio de la Universidad Técnica de Múnich y el Instituto de Tecnología de Massachusetts ha seguido la huella de carbono que deja la producción de bitcoins y asegura que las emisiones de CO2 que esta industria suelta al ambiente es comparable a la de ciudades del tamaño de Las Vegas o Viena. Similar a Alicante o Málaga, mayor que Vizcaya o La Coruña. «Entre 22 y 22,9 megatones de emisiones de CO2 anuales», afirma el artículo ‘La huella de carbono del bitcoin’, publicado en la revista ‘Joule’. «El impacto del bitcoin es lo suficientemente relevante como para abrir un debate sobre la regulación de la minería de las criptomonedas», dice Christian Stoll, autor principal de la investigación. «Muchas de las regiones donde se asienta la industria del bitcoin generan gran cantidad de emisiones de CO2 para conseguir su electricidad. Las granjas de moneda virtual deberían establecerse en lugares donde la energía sea renovable».

Para rastrear el consumo eléctrico de la minería de criptomonedas, los investigadores calcularon el consumo de energía de la red eléctrica mundial, que determinó que el consumo de electricidad requerido para la producción de las monedas virtuales en 2018 se cuadruplicó y empleó 45,8 TWh, que representa el 0,2% del uso eléctrico mundial. El 1% de esa potencia se consume en España. «Puede ser una gran granja o varios individuos», explica Stoll. «La minería de bitcoin en general, y en España en particular, es solo una pequeña fracción de la emisión de carbono global. Sin embargo, cada tonelada de CO2 emitida a la atmósfera genera costos y deben pagar un precio por su contribución al cambio climático».

«Las operaciones necesitan energía adicional solo para enfriar el centro de datos», explica Stoll. Los datos se cruzaron con otras estadísticas y con direcciones IP y se concluyó que el 68 % de la potencia energética que absorben los ordenadores que pueden hacer trillones de ecuaciones proviene de Asia, el 17 % está en Europa y un 15 % en América del Norte. La irrupción de las criptomonedas impone una carga adicional al clima, «y debe ser regulada por los gobiernos», sentencia Stoll.


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