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Vettel aprende por las malas el ‘dura lex, sed lex’

Vettel aprende por las malas el 'dura lex, sed lex'


Sebastian Vettel vio cómo se le escapaba una victoria que tenía prácticamente garantizada entre los dedos, como su hubiera cogido un puñado de arena. El alemán, con las pulsaciones al límite, perdió la tracción de su Ferrari en la curva 4 del trazado canadiense y arrinconó a Lewis Hamilton cuando se reincorporó a pista. Él dice que no fue adrede y que no tenía ningún sitio para ir, que Hamilton se tiró por fuera a sabiendas de que podía chocar y que el árbitro estaba ciego. Como ese defensa que en un córner deja los brazos en alto y cuando le da la pelota gritan que ha sido mano involuntaria.

Los comisarios de la carrera lo tuvieron claro desde el primer momento, incluso pese a tratarse de una situación crítica para el devenir de la carrera y, quién sabe, del campeonato. Emanuele Pirro, uno de los cuatro jueces, no es un cualquiera en el automovilismo: cinco veces campeón de las 24 horas de Le Mans, dos de las 12 horas de Sebring y una de las 24 horas de Daytona, además de tres temporadas como piloto de Fórmula 1, son sólo algunos de sus éxitos deportivos. Pocos mejor que él para saber cómo, cuándo y por qué un piloto que sale descontrolado de la zona de la hierba puede acabar arrinconando contra el muro a un rival. Las quejas de Vettel, en este sentido, son totalmente injustificadas: acusó a los comisarios de estar ciegos y de no entender las carreras, algo que en el caso de Pirro es falso a todas vistas.

En Ferrari estaban lógicamente decepcionados por la decisión, también hubo voces que aceptaron el castigo porque la norma así lo establece: una reentrada a pista que ponga en peligro a otro piloto o le obligue a realizar una maniobra defensiva brusca (en este caso, un frenazo y un cambio de trayectoria para evitar el choque) contraviene el artículo 38.1 del reglamento deportivo de la FIA y, según tal, se le castigó con 5 segundos a añadir sobre el tiempo total de carrera.

La norma no puede ser más clara, y la acción, tampoco: Vettel hizo frenar a Hamilton, que casi sufre un accidente. Otro asunto es que esa norma no sea compartida por los propios competidores.

La deportividad de Mercedes

Decía Lewis Hamilton que a él no le gusta ganar una carrera así, que prefiere hacerlo en la pista. A él ya le castigaron por algo muy similar en el pasado, por lo que entiende a la perfección el volcán interior que corría por las venas de su rival a la entrada de la meta del Gilles Villeneuve. Por eso le intentó apaciguar subiéndole a la primera posición del podio, y por eso intentó dejarle a un lado durante la celebración del champán, hasta que vio que más o menos se había calmado. Instantes antes, fruto de la adrenalina del momento y aún al volante del W10, Hamilton había bramado por una sanción a Vettel.

Mercedes, como equipo, también estuvo de 10. No sólo por saber aprovechar las circunstancias de carrera, al menos con Hamilton (Bottas cayó del podio por primera vez esta temporada), sino por no hacer sangre de su rival. Lejos de festejar esta victoria como una más, en Canadá no hubo foto y champán frente al muro, en señal de respeto y solidaridad con sus rivales de Ferrari, notablemente incómodos por la situación.

Mercedes, Ferrari y el resto de equipos aceptan la normativa de la FIA, pero eso no significa que les guste. Lo resumía Toto Wolff: culpen a la norma, no a los jueces que la hacen cumplir. «Es muy difícil para los comisarios interpretar las regulaciones para que todo el mundo acabe satisfecho. (…) A veces van a por ti, a veces contra ti. En el pasado, nos perjudicaron. (…) Si no nos gustan, deberíamos cambiar las normas. Entonces los jueces tomarían otra decisión. Veamos cómo podemos ponerlas bien para garantizar carreras más fuertes y entonces el veredicto será distinto».

Por muy dura que sea la ley, es ley. Esta máxima sobre la que se establece el derecho desde tiempos clásicos ha caído con todo su peso sobre Vettel en el séptimo Gran Premio de la temporada, el primero en el que pudieron herir a Mercedes y fallaron. Queda por ver si Ferrari apelará, algo que Mattia Binotto, jefe de la Scuderia, no quiere hacer, porque es consciente de que en un futuro se pueden volver las tornas. Además, el castigo a Vettel no cayó del cielo. Todo empezó porque el alemán se pasó de frenada en esa curva 4. Ahí no hay comisario o reglamento que influya: un error de pilotaje de Vettel, y ya van muchos, volvió a dejarle fuera del primer puesto del podio.



Sources:
sport.es
elcorreo.com

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