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Un comedor para Alaska y Mario

Un comedor para Alaska y Mario


Una pareja expulsada regresa este lunes, a las 22:45 horas, a ‘Masters de la reforma’, el programa de Antena 3 que busca al mejor manitas, pero con sentido estético, al que recompensa con un premio de 130.000 euros en metálico, más otros 20.000 euros en muebles.

Con Manel Fuentes al frente, las caravanas del programa se desplazan hoy a Madrid, donde tiene lugar la repesca, que consiste en restaurar la tapicería de un viejo sillón, de una butaca u otra pieza para darle una segunda vida. Tras ello, con dos miembros de vuelta, y bajo la mirada de la arquitecta e interiorista Teresa Sapey, los peones tienen que reformar la asociación de vecinos en la Colonia Obrera de Chamartín, que necesita una intervención urgente para garantizar su continuidad.

En su interior, la cuadrilla desmonta la barra de bar para levantar una nueva, cambia el suelo, alisa las paredes para revestirlas con zócalos, papel y pintura, mejora la iluminación, esmalta puertas y ventanas y, para terminar, renueva el mobiliario. Mientras, en el exterior, coloca un camino de baldosas y un suelo con tablas de madera, acondiciona las zonas ajardinadas, mejora las zonas de la fachada que están deterioradas y construye un escenario, a modo de estrado.

Los ganadores se salvan de la prueba de eliminación, en la que el resto afronta la complicada tarea de decorar un comedor ‘kitsch’ para Alaska y Mario Vaquerizo. A cada pareja se le adjudica un color, algo que provocará errores por parte de los concursantes y los consecuentes avisos y correcciones de los jueces, como los del arquitecto e interiorista Tomás Alía. Este comentaba durante la grabación, en los más de 2.500 metros cuadrados de plató, que es un programa en el que surge un cúmulo de «emociones contenidas» por parte de unos concursantes que llegan «con mucha voluntad y a dejarse la piel». El formato es muy exigente, tanto que obliga a darlo todo. «En tres días hacen proyectos como un colegio, un restaurante, una vivienda gigante.».

«Vocación pedagógica»

«Para esta prueba no pretendemos que hagan cinco espacios ‘kitsch’, sino que con cuatros toques ‘kitsch’ hagan un comedor muy elegante», explicaba Alía, que confiesa que «no tenía vocación de animal televisivo», pero que cree que fue elegido en el ‘casting’, de entre más de 100 personas, por su forma de forma de expresarse y su naturalidad. «Tengo vocación pedagógica, y vengo a contar lo necesario y lo importante que es incorporar a nuestra vida el diseño, la ergonomía, el confort, para democratizar la estética. No todo es decidir por lo superfluo y por lo ornamental, sino por lo necesario para ser feliz», asegura.

Además, el diseñador explica que no existe «un elemento que canalice las capacidades» del sector en España, un país en el que, como siempre dice, «no hay trayectoria del interiorismo ni de la arquitectura»: «A nivel histórico, hemos pasado de la mesa camilla al fenómeno Ikea. No ha habido evolución». Por todo ello resulta un programa que puede tener una gran importancia en la televisión, y en el que todo está hecho a lo grande, ya que a las gigantescas dimensiones del plató alcalaíno, hay que sumarle las más de 7 toneladas de cemento, las 5 de hormigón, las 10 de mortero, las 14 de arena y las 4 de yeso para llevar a cabo las reformas.

Otro de sus reclamos es un «’casting’ impresionante», con «perfiles muy diferenciados», donde confluye «gente joven con mucha energía» con otra «más madurita», con una «carga emocional muy ‘heavy’», y alguna bronca que otra, «pero siempre con vocación didáctica», según el juez del concurso, siempre acompañado por el también interiorista Pepe Leal y la jefa de obra, Carolina Castedo.



Sources:
elcorreo.com

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