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Camila Läckberg cambia los crímenes por una venganza femenina

Camila Läckberg cambia los crímenes por una venganza femenina


Camila Läckberg (Fjällbacka, 1974) confiesa que necesitaba salir de su zona de confort literario. La escritora sueca, que ha vendido 23 millones de ejemplares de la serie de los crímenes de Fjällbacka, cambia ahora de perspectiva y en ‘Una jaula de oro’ (Maeva) se mete en la piel de Faye, una mujer que aparentemente lo tiene todo, pero cuya vida se va al traste cuando descubre que su marido le ha sido infiel y a partir de ahí sólo busca la venganza.

«Al principio, me dio miedo empezar una novela con nuevos personajes, pero han pasado 15 años desde que comencé a publicar y han ocurrido muchas cosas en mi vida. Yo soy otra persona», explica Läckberg, que en ‘Una jaula de oro’ cuenta una historia propia de la época del #MeToo, con la salvedad de que comenzó a escribirla antes del escándalo de Harvey Weinstein.

«Para muchas personas, Faye puede convertirse en un personaje provocador, porque es una mujer que se comporta como un hombre. A las mujeres se nos asocian valores como la amabilidad, la lealtad… Y Faye no es así», asegura la escritora, que se ha inspirado en mujeres de su entorno obligadas a la sumisión, historias a las que ahora ella les da un giro completo en un libro más atrevido que incluye, por ejemplo, escenas de sexo, además de un viaje de la pareja protagonista a Barcelona, «que para los suecos, es el nuevo París», afirma.

La alta sociedad de Estocolmo, en la que ahora se mueve Läckberg, es el marco de un libro en el que el poder simbólico, representado por las marcas de lujo, juega un papel primordial. «En el siglo XVIII tenían Versalles y ahora tenemos Rolex y Chanel, que son nuestros castillos y que sirven para mostrar nuestro éxito mientras escondemos lo que no queremos que se vea», dice Läckberg. «Yo me siento poderosa porque llevo un Rolex o porque tras mi segundo divorcio, me compré un anillo. El poder es comprarte las cosas que tú quieres gracias a tu propio éxito y sin que nadie te tenga que dar su permiso», continúa.

Para presumir de éxito y ocultar el fracaso están también las redes sociales. «Subimos una foto cuando comemos caviar. Nadie sube a internet que se ha comido un filete con patatas», bromea Läckberg.



Sources:
elcorreo.com

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