Argentina países

César Lerner: Escuchar con el viento en las manos – 24/05/2019

César Lerner: Escuchar con el viento en las manos - 24/05/2019



Desde hace décadas, César Lerner es uno de los más reconocidos acordeonistas de la Argentina. Además de haber compuesto la música de Nueve reinas y otras películas argentinas, sus discos con Marcelo Moguilevsky son una experiencia ineludible de World Music: sonidos klezmer y sefaradíes o de Europa del este hermanados por un swing que se balancea entre la nostalgia inmigratoria del siglo 20, lo circense y un clan de gitanos actuales.

Su nuevo espectáculo se llama Acordeón y está basado en la famosa performance de Marina Abramović: The artist is present, en la que la artista serbia se sentó ocho horas diarias sin moverse y el público, que incluyó a Lou Reed, Alan Rickman o Björk, hizo cola para estar frente a ella en silencio, cara a cara, por tiempo indefinido. En la sala del CCK habrá solo dos sillas enfrentadas. Una estará ocupada por Lerner con su acordeón; la otra, libre para alguien del público. El concepto es tripartito: la obra conecta a la persona que se sienta en la silla vacía, al músico y también al público, testigo del encuentro.

En su estudio habitan instrumentos inverosímiles de todo el mundo: un gigantesco balafón, cuencos tibetanos, ovni drums, un hang y varios provenientes del norte de Ghana. Ellos fueron parte del origen de Acordeón.

Mirá también

-¿De dónde parte esta experiencia?

-Cuando murió mi papá, fui a la India a estudiar santur, una música oriental relacionada con la meditación. En 2015 murió mi mamá, y yo ahí entendí que tenía que hacer música en su velorio, tocando el acordeón. De allí me fui a Ghana a conocer los rituales funerarios que duran tres días y a aprender a tocar el balafón, su instrumento folclórico. Por tradición, a la viuda la atan con un cordel, para que no se vaya con el muerto. ¿Viste que a veces pasa eso de que se muere el viejo o la vieja y al poco tiempo muere la pareja por pena, por tristeza? Para eso se atan, para aferrarse a la vida. Por eso también este proyecto: porque necesito el encuentro con el otro.

-¿Y cómo es ese encuentro, mediado por el público?

-Es una experiencia para compartir. Lo primero que sucede es el silencio, la espera. Luego viene el encuentro. Y hay un tercer momento que es la música. Y de toda la gente que venga, algunos se animarán a subir a la silla vacía frente a mí. La performance se divide en dos tandas de una hora cada una y con hasta 40 personas, que es la capacidad de la sala. Con diez o doce aproximadamente podré improvisar, los otros serán testigos. Porque la obra somos todos.

-En ese “la obra somos todos” resuena el espíritu automático, bromista u onírico de las vanguardias históricas de principios de siglo, que favorecían esa idea de que todos podemos ser artistas.

-Es que para mí la música tiene la posibilidad de darte un contexto, de ayudarte y de salvar incluso a muchos artistas que viven encerrados, en el ostracismo, en un compartimento sellado. Tengo mucha propensión a eso, por eso desarrollé un instinto de supervivencia que busca anclar en diferentes tradiciones. No quedarme con la proyección ilusoria del escenario, porque hay que saber subir al escenario, pero también hay que saber bajar.

-¿Por qué el acordeón para alguien que generacionalmente pertenece más a la cultura del rock?

-Era el instrumento familiar de cuando nos reuníamos todos y un tío cantaba un tango, un bolero, un tema folclórico, o mi mamá cantaba en yiddish o temas de los 60 tipo Sótano Beat. Yo acompañaba con el acordeón. Después, con los años, con Marcelo Moguilevsky comenzamos con el klezmer. Por eso yo creo que a la hora de estar cerca de los demás, el acordeón es el instrumento relacional por excelencia.

-¿Qué te impresionó de la propuesta de la performance de Abramović?

-Lo que me emociona profundamente es la austeridad de la propuesta. Y en mi caso, que cada encuentro germine en una música. La obra es lo que inspira el otro y lo que el otro me inspira a mí. Digamos que hay uno que entrega algo imperceptible, y el otro, o sea yo, entrega (se detiene un momento y cavila la palabra justa, como un músico que elige que nota va a elegir a continuación) algo más inteligible, más concreto, que es la música del acordeón. Pero de ninguna manera la obra es esa música: sino el encuentro, la espera y lo que nos sucede a todos. Es todo improvisación. Puede surgir una melodía de Spinetta y la dejo salir. No busco que ninguna chica se enamore de mí o que alguien llore.

-¿Y qué rol le queda al público?

-En la performance la participación es abierta: no podés mover la silla del lugar, pero podés cantar, moverte, caminar, escupirme, lo que sea. Porque si el encuentro existe, pueden ocurrir diferentes cosas, buena o malas. No busco predeterminar nada. Y me parece propicio hacerlo ahora, justamente en este momento tan mezquino del país, donde se alimenta el desencuentro.

-Hoy que absolutamente todo está grabado y registrado en la red, y que así circula monetizado digitalmente, la propuesta tiene algo de potlatch tribal: es un regalo, una melodía para el espectador pero que no se puede comprar, que no tiene que ver con la ganancia si no con el derroche.

-Sí, es una propuesta de lo efímero, como en los viejos happenings, pero en una actualidad en la que todo se graba y lo podés tener. Y sobre todo en la que los encuentros son virtuales. No estoy en contra de las redes sociales, pero experimentemos nuevamente lo que es un encuentro. Como me dijo un amigo cuando le expliqué la experiencia: “Es profundamente antieconómico que toques para cada persona”. Y la verdad es que sí, es necesario algo antieconómico. Cada persona que se siente junto a mí será diferente, y percibir esa diferencia, ese campo, es una ganancia enorme.

Desde hace más de 20 años, Lerner trabaja en el Circulo de tambores junto a su hija, la percusionista Bianca Lerner. Una plataforma de encuentro social a través de la música y el ritmo. “No enseño a tocar -aclara- sino a estar con el otro, algo muy de la filosofía de Martin Buber. Lo hago para ayudarte a vos, pero también a mí”. Hay talleres abiertos, asistenciales, gratuitos y también eventos privados.

-¿Te molestaría una crítica que señale que también lo haces para empresas, como forma de ganar productividad a través de conceptos como liderazgo, confianza, mindfulness y etcéteras?

-Sí, es cierto, porque es un proyecto con muchas aristas. Pero se sabe que el paradigma de producción capitalista está colapsado. No se puede producir más y mejor en las condiciones actuales. Porque si el empleado, el obrero, no está en buenas condiciones, no puede hacerlo. A veces es un “como si” y otras veces es bienestar empresarial. Hoy, por ejemplo, hicimos un encuentro en una empresa para 150 empleados. Se armó una conga bárbara con todos tocando juntos, bailando, sonriendo, escuchándose y sintiendo que su aporte era valorado y comunicándose entre las diferentes áreas.

-¿Y cuál es el sentido?

-Yo estoy empeñado en horizontalizar la relación entre el artista y el consumidor, el público, sobre todo para ayudarnos a los artistas. Porque es demasiado lo que se le pide al artista y demasiado lo que se cree con respecto a otros.

FICHA
Acordeón, de César Lerner
Lugar: CCK (Sarmiento 151).
Fecha: domingos 26 de mayo, 2 y 9 de junio a las 18.

clubwifiusa


Sources:
clarin-com

Related posts

Aprehenden a presunto homicida de electricista

admin

Assange y finanzas, temas de primer encuentro de Moreno con prensa extranjera

admin

Cristianos perseguidos oran por víctimas del ataque a Manchester

admin

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.