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Alfredo Pérez Rubalcaba, el socialista de las políticas de Estado | España

Alfredo Pérez Rubalcaba, el socialista de las políticas de Estado | España



Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 28 de julio de 1951) no ha podido superar el ictus que sufrió en la tarde del miércoles en su domicilio de Majadahonda (Madrid), donde siempre ha vivido. Ha fallecido en el Hospital Puerta de Hierro, muy cerca de su casa. Sus muchos amigos, compañeros y adversarios, del mundo de la política y de la universidad, quisieron creer que la fuerza, la voluntad y la determinación de este socialista, moderado pero de convicciones firmes, le harían superar el derrame cerebral.

A Rubalcaba se le suponía imbatible. Su biografía está repleta de acciones de máxima trascendencia pero que se mantienen en el capítulo de la discreción e incluso de la información secreta y clasificada. Tanto en la oposición como en los Gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, al igual que como líder del PSOE, que dirigió entre 2012 y 2014, participó de decisiones de gran alcance y fue muñidor de grandes consensos en asuntos troncales. El fin de ETA tiene el sello, los desvelos y el sentido de Estado de Rubalcaba.

Tanta era su fortaleza que se permitía dejar traslucir sus debilidades y así fue desde que en 1974 se afilió al PSOE y comenzó su andadura en la política, su pasión mayúscula. Hijo de Dolores Rubalcaba y Alfredo Pérez Vega, piloto de Iberia, estudió en el colegio del Pilar de Madrid, de cuyas aulas han salido tantos políticos, de la derecha y de la izquierda.

Doctor en Ciencias Químicas, profesor en la Universidad Complutense —a la que volvió en 2014 y en la que continuó hasta el miércoles en que le sobrevino el ictus— fue campeón universitario de 100 metros lisos con plusmarca de 10,9 segundos. Pero su carrera política es de fondo. Sus comienzos en 1982, con los responsables de Educación en el Gobierno de Felipe González, marcaron su obsesión por la mejora del sistema educativo en España. Fue secretario de Estado de Educación en 1988 y ocupó ese cargo hasta 1992, en el que fue nombrado titular de esa cartera, que gestionó hasta 1993.

A partir de ese año empieza una etapa de enorme dificultad para los socialistas en la que Rubalcaba tuvo un peso decisivo. Felipe González le nombra ministro de la Presidencia y de Relaciones con las Cortes hasta 1996, cuando el PSOE pierde las elecciones tras 14 años en el Gobierno. Desde ese año es diputado nacional y miembro de la ejecutiva del partido. Cuando José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero compitieron en 2000 por la secretaría general del PSOE, Rubalcaba se situó al lado de Bono, pero poco a poco su rival, vencedor, empezó a considerar al político cántabro una pieza imprescindible de su equipo.

En él estaba cuando ocurrieron los atentados del 11 de marzo de 2004, cuatro días antes de las elecciones que Zapatero ganó. Durante el día de reflexión, el político socialista criticó al Gobierno de José María Aznar por mantener, contra toda evidencia, la tesis de que ETA era la autora del atentado. “Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”, dijo, en una frase que el PP le reprochó durante años. Nunca se arrepintió de haberla pronunciado porque consideró probado que se había mentido. Jamás admitió, sin embargo, que hubiera incitado a concentrarse en las puertas de la sede del PP de la calle Génova de Madrid. Esta acusación de los populares la comentaba en privado con sorna: “Mal estaría el PSOE si solo fuera capaz de movilizar a 300 personas”; más o menos ese fue el número de manifestantes.

Con Zapatero en el Gobierno, fue designado portavoz del Grupo Socialista en el Congreso. En 2006, sustituyó a José Antonio Alonso como ministro del Interior. Al salir del Gobierno en 2010 María Teresa Fernández de la Vega fue nombrado vicepresidente y portavoz del Gobierno, pero retuvo la cartera de Interior. Desde ese ministerio pilotó la fase final de ETA. Alfredo Pérez Rubalcaba conjugó la lucha policial con la voluntad de diálogo sin hacer concesiones a la banda terrorista. Después de dos treguas fallidas, con conversaciones en las que él nunca participó, pero sí impulsó, llegó la definitiva en 2011.

Rubalcaba en ese momento ya es imprescindible en la cúpula del poder socialista. Zapatero renuncia a presentarse a las elecciones de 2011 y el comité federal del PSOE le nombró candidato a la presidencia. Difícil encomienda en plena crisis económica y con las duras medidas adoptadas por el presidente saliente. Deja todos sus cargos en el Gobierno para dedicarse a la candidatura. Como era previsible el resultado fue malo: 110 escaños. Pero está dispuesto a seguir adelante y aspira a ser el secretario general del PSOE. Lo logró, frente a Carme Chacón, por 487 votos frente a 465, el 4 de febrero de 2012. Pese a la fuerte rivalidad con Chacón, la desolación de Rubalcaba fue absoluta cuando la exministra de Defensa murió, repentinamente, hace poco más de dos años.

No era angelical y cuando se distanciaba de alguien, normalmente de dentro de su partido, le hacía frente con toda intensidad. Pero en un momento dado, el enfrentamiento se disipaba y el adversario pasaba a ser amigo, como ocurrió con todos los dirigentes del llamado sector guerrista.

Al frente del PSOE hizo una firme oposición a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, atacándolo sobre todo por los casos de corrupción. Rubalcaba pidió a Rajoy solemnemente que dimitiera porque siempre estaría cercado por las irregularidades de su partido. Aun así, la relación entre ellos fue de máximo respeto y entre ambos quedaron las numerosas conversaciones a solas en las que Cataluña era el principal tema. El político socialista veía que el separatismo crecía y desde el Estado no se oponía ni relato ni proyecto. Muchos desvelos, conflictos y problemas internos tuvo que afrontar en el intento de ahormar una nueva propuesta territorial para España, que pasaba por la reforma de la Constitución y del estatuto de autonomía.

No esperó a presentarse a unas segundas elecciones. No se dio una segunda oportunidad y en mayo de 2014, tras los pésimos resultados del PSOE en las europeas, anunció su renuncia a la Secretaría General, aunque tardó un mes y medio en formalizar esa decisión.

La razón de esa dilación era que —junto a un reducido grupo en el que estaban Felipe González, Mariano Rajoy o el responsable del CNI— estaba en el secreto de la inminente abdicación del rey Juan Carlos y aceptó esperar a la sucesión del Monarca. Pero no quería quedarse ni un minuto más de lo imprescindible, y en septiembre de 2016 volvió a la universidad, aunque nunca ha dejado de estar en política y en conversación permanente con líderes territoriales del PSOE y de la ejecutiva. No ocultó que estaba con Susana Díaz frente a Pedro Sánchez. Pero como ocurrió con Zapatero, los ganadores en los procesos socialistas quisieron una vez más tenerlo cerca.

Pedro Sánchez le ofreció ser el candidato a la Alcaldía de Madrid, oferta que rechazó. El presidente del Gobierno ha mostrado un pesar inmenso ante la muerte de Rubalcaba. La emotividad desbordante que brota por su muerte es la que él ha manifestado numerosas veces ante el fallecimiento de amigos y compañeros. En los últimos meses no ha faltado a los homenajes de dos periodistas fallecidos repentinamente, Gonzalo López Alba y Montse Oliva. El mundo de la prensa siempre le ha atraído y pudo acercarse al mismo durante los dos años que estuvo en el consejo editorial de EL PAÍS, entre 2016 y verano de 2018. Nunca faltó a las reuniones, a las que llegaba directamente desde sus clases. Sus reflexiones en política internacional y nacional siempre tenían aspectos singulares, fruto de su gran experiencia en los asuntos de gobierno y su gran intuición. Eran una constante en él la moderación, la búsqueda del acuerdo, del mal menor y de la opción menos radical.

Su esposa y compañera de vida, Pilar Goya, era su referencia al igual que su fraternal amigo Jaime Lissavetzky. Pero son muchos los que podrían hacer fila para recibir condolencias. “En España enterramos muy bien”, decía de vez en cuando el ministro. Los cientos y cientos de personas con los que ha tratado en los más de 40 años de dedicación a la política le despiden con dolor, reconocimiento y admiración. En todos deja huella personal no menor que la que deja en la historia de la España democrática.

En una reunión a puerta cerrada del comité federal el PSOE de hace media docena de años cuentan que una premonición del presidente extremeño, Guillermo Fernández-Vara, provocó un aplauso cerrado: “Nos iremos todos, vendrán otros y nos sustituirán; solo quedará Alfredo Pérez Rubalcaba”. En la memoria y en el corazón, sin la menor duda.



Source: elpais.com

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