Puerto Rico

Corrección inicia plan piloto para reinsertar a reclusos en el mercado laboral

Corrección inicia plan piloto para reinsertar a reclusos en el mercado laboral


Arecibo – Por dos años, Jonathan Vázquez Viera vivió en la “tierra del no”, como le llama al tiempo que estuvo detrás de los barrotes. La brisa fresca no acariciaba su cuerpo, el silencio era solo una ilusión y la privacidad simplemente no existía.

“Puedo decir que, en este estado que me encuentro ahora, es mucho más real la posibilidad de la rehabilitación que en el espacio donde originalmente estaba en el que las mentalidades son bien distintas”, relató el joven de 28 años.

Desde enero, Jonathan -junto a otros siete confinados- participa del Programa para la Pre-Reinserción a la Libre Comunidad del Departamento de Corrección, iniciativa que prepara a reos, que están próximos a cumplir su sentencia, para el regreso a la libre comunidad.

“¿Cómo logro lo que quiero? ¿Cómo demuestro quién soy si todos los gorros son negros? ¿Cómo logro demostrar que soy capaz de hacer? ¿Cómo logro destacarme? No puedes. Aquí puedes, porque tu diario vivir deja ver quién eres. Cómo mantienes tu área y cuál es tu disciplina habla mucho de ti”, señaló el joven, que cumple una condena de ocho años por asesinato.

Jonathan aún no se cree el giro que ha dado su vida y la de sus compañeros. El grupo comparte un espacio en Arecibo donde hay 32 viviendas. Cada casa -que cuenta con un cuarto, baño y cocina- es ocupada por un confinado.

“Estamos buscando ese punto intermedio. Estamos hablando de aquellos individuos que han presentado un buen ajuste, que les quede poco tiempo por cumplir, que han demostrado voluntad para la rehabilitación y estén abiertos a estas oportunidades”, explicó el secretario de Corrección, Erik Y. Rolón.

Además de restarle cinco años o menos para cumplir el mínimo de la sentencia, el confinado debe presentar buenos ajustes institucionales, no puede tener procesos criminales pendientes ante los tribunales, debe estar bajo custodia mínima o mediana y tiene que estudiar o trabajar.

Todos permanecen bajo vigilancia electrónica, entre otras directrices con las que tienen que cumplir para mantenerse en el programa.

“Todo es otra dimensión, cosas que estaban ya no están, porque fueron dos años (en prisión). Hay gente que dirá que dos años no son nada, pero cuando tú estás allá adentro es una eternidad”, dijo Vázquez Viera, quien -como parte de los requisitos para participar del progama- trabaja en el restaurante Nieves B.B.Q en Cataño.

La iniciativia, sostuvo Rolón, responde a los problemas que enfrentan los confinados en su regreso a la libre comunidad. “Seguimos expandiendo el plan de salida que los confinados tienen una vez cumplen su sentencia con una guía para enfrentar esos problemas. No todo el mundo va a contar con un recurso familiar, con dinero para costear sus alimentos”, dijo.

Como parte de la iniciativa, a cada participante se le gestiona la ayuda del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el Plan de Salud del Gobierno y la tarjeta del Seguro Social.

Por descubrir

Eric Rivera Vélez tiene 53 años. Hoy, tras 27 años de encierro de una condena de 129 años por cargos de asesinato, no solo está descubriendo lo que es caminar con cierta libertad, sino que está conociendo las maravillas de la tecnología.

Rivera Vélez estudia artes culinarias en el ICPR Junior College de Arecibo. Aunque la cocina es un área que siempre le ha interesado, no titubea cuando reafirma que su meta es “servirle al Señor” y trabajar con adictos. “Dios me sacó de ahí”, compartió.

“Estoy aprendiendo a bregar con un celular ahora. Cuando (en el centro de estudio) nos dijeron que usáramos el celular para hacer multiplicación… no sabía hacerlo”, relató el hombre.

El proceso de adaptación para Eric ha sido doble: la convivencia en un espacio en el que puede disfrutar de ciertas libertades y la integración a una faceta nueva en su vida académica en un ambiente en que la mirada al convicto puede venir con prejuicios.

“Ellos vieron el caminar”, dijo sobre sus compañeros de clases con quienes mantiene una relación cordial.

“Según yo me estoy beneficiando, quisiera que otras personas se beneficien también. Entiendo que hay muchas personas que están aptas para estar aquí y que se merecen la oportunidad”, sostuvo.

Vive al máximo

Desde 1996, cuando ingresó a la cárcel por cargos de asesinato en primer grado, Miguel Ángel Martínez de León ha aprovechado cada oportunidad de rehabilitación disponible.

Por nueve años, dirigió la Cooperativa de Servicios Arigos del Centro de Detención Regional de Guayama, estudió Paralegal en la Universidad de Puerto Rico y Energía Renovable en el Instituto Educativo Correccional de Bayamón.

“Ahí fue que comenzó mi cambió más drástico”, recordó sobre el período que estuvo frente a la cooperativa.

En el ínterin de estos proyectos, se adentró al mundo de la artesanía, especializándose en la confección de bolígrafos en madera. “Aprendí viendo a otro confinado. Ni tenía la más remota idea que tenía este talento”, compartió el hombre de 46 años que tiene una página en Facebook a través de la cual vende su producto.

A pesar de cada uno de estos logros, nada se compara con la oportunidad que ha tenido de integrarse a este programa que acerca su anhelo de libertad. “Ya no me siento preso. Son apartamentos propios con mucha privacidad, es tu espacio, sin que nadie esté gritando, pero aquí el sitio es maravilloso”, señaló.

Por ahora, está dedicado a la artesanía, pero la idea es formar parte de un acuerdo colaborativo entre la agencia y el Municipio de Arecibo a través del cual la dependencia se encargará del recogido de desperdicios sólidos.

“Mis metas son trabajar porque tengo un apartamentito que hay que pagar junto con la supervisión electrónica y eso crea responsabilidad, y eso es lo que queremos… tener todas las herramientas para no depender de nadie”, dijo.

Cada fin de semana, compartió, se va para casa de su papá en Trujillo Alto. Antes, las visitas eran cada 45 días. “La experiencia de después de llegar a tu casa nuevamente, se me paran los pelos, porque es bien bonita, uno lo valora”, comentó Martínez de León, quien perdió a su mamá hace siete años.

“Estoy loco por salir porque lo quiero cuidar ahora”, dijo en referencia a su progenitor.

Al servicio de los demás

Para Gregorio Torres Meléndez, de 62 años, el programa, más que prepararlo para su reinserción a la sociedad, es un proceso de ajuste para el momento que le toque estar de vuelta junto a los suyos después de siete años confinado.

“Aunque estamos bajo una supervisión electrónica, es increíble el uno sentirse básicamente en la libre comunidad. Yo, básicamente hago todas mis gestiones personales solo. Es un adelanto para irnos preparando positivamente para integrarnos al núcleo familiar, por lo menos ese es mi norte”, compartió.

Torres Meléndez es veterano. Sirvió en el conflicto de Vietnam, fue tanquero e infantero de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Y a esas raíces regresó tras recibir la oportunidad de ser parte del programa.

La Clínica de Veteranos de Arecibo se ha convertido en su oasis. Desde allí, brinda trabajo voluntario de lunes a jueves de 8:00 a.m. a 12:00 del mediodía. “Es gratificante para mí. Es algo importante, como veterano, ayudar a otros veteranos y, para mí, es como les digo: ‘Nos cuidamos allá y nos cuidamos acá’”, comentó.

Al igual que el resto de sus compañeros, aprovechó cada una de las oportunidades de rehabilitación que se le presentaron en la cárcel. Por mucho tiempo, dijo, trabajó en la biblioteca del complejo correccional Guayama 500.

Allí, dedicó gran parte de su tiempo a conocer las leyes y reglamentos de la institución, lo que le permitió ayudar a otros compañeros.

“Queremos demostrarle a la sociedad que sí podemos rehabilitarnos, que sí podemos reintegrarnos a la sociedad, a la familia, al trabajo, y es algo sumamente gratificante que nos den esa oportunidad”, indicó.

A Torres Meléndez le falta por cumplir ocho años de cárcel de una pena de 15 años por violación a le Ley de Vehículos Hurtados. “Lo más importante para mí es cómo me ve mi familia. Me siento tranquilo conmigo. Tengo mi conciencia tranquila”, sostuvo.

Más planes

Rolón indicó que, en las próximas semanas, se sumarán 11 confinados al programa. Actualmente, dijo, están a la espera de que se concrete un acuerdo establecido con el Municipio de Arecibo para asumir el recogido de los desperdicios sólidos del pueblo.

La agencia recientemente adquirió varios camiones para el recogido de basura. Algunos de los confinados que forman parte del proyecto estarán trabajando en la empresa, tareas por las cuales recibirán una paga. Parte de esa remuneración, sin embargo, será utilizada para el pago del alquiler de la vivienda que ocupan, del grillete electrónico y los servicios esenciales.

“Espero para la tercera semana de mayo estar firmando el acuerdo y comenzar la operación el primero de junio”, dijo Rolón.

Sobre el Programa para la Pre-Reinserción a la Libre Comunidad, Rolón dijo que ya han identificado estructuras similares para expandirlo a otros municipios. Tampoco descartan crear un espacio similar para las confinadas.

Recordó, además, que recientemente firmaron un acuerdo con la empresa MechTech para adiestrar confinados y crear unos talleres en las instituciones de Ponce y Bayamón. Igualmente, van a realizarles mejoras a los talleres de hojalatería.

Mientras, la semana que viene inicia el ofrecimiento de talleres en áreas esenciales de la construcción a 250 confinados que les quedan entre uno y dos años para regresar a la libertad.

Agregó que está ante la consideración de la Asamblea Legislativa una medida para que, al momento de regresar a la libre comunidad, el confinado salga con una copia de su certificado de nacimiento y una identificación.

“Esto le va a dar una agilidad al obtener las ayudas en las agencias”, puntualizó.

clubwifiusa


Sources: metro.pr

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