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Medicina estética: el peligro de ponerse en manos inexpertas

Medicina estética: el peligro de ponerse en manos inexpertas


Actualmente no hay ninguna titulación homologada legalmente por el Ministerio (vía MIR) que se llame “medicina estética” como tal. Sin embargo, existen máster, cursos, talleres y congresos orientados a que médicos especialistas adquieran más o menos pericia en estas prácticas tan demandadas.

De este modo, muchos cirujanos plásticos, dermatólogos, oftalmólogos e incluso maxilofaciales, tienden a especializarse en láser, bótox o hilos. Digamos que son tratamientos no excesivamente invasivos y que, sin pasar por un quirófano, dan una solución rápida y lucida a un problema estético.

Al no existir una homologación clara, la terminología “medicina estética” se presta a confusión. Por ello, muchos centros sin cualificación venden tratamientos de estética sin contar ni con profesionales médicos ni con la tecnología suficiente. Esto lleva a que numerosos pacientes acaben en nuestras consultas dermatológicas con reacciones adversas, tras haber ido a centros donde les han realizado intervenciones ambulatorias. Al preguntarles, ni siquiera saben si la persona que les ha tratado tiene el título homologado o si estaba colegiada; ni qué les han inyectado o con qué equipos les han tratado.

Por otra parte, los centros con un médico al cuidado y que cumplen con la normativa vigente, nos vemos obligados a llevar a cabo una serie de trámites previos al tratamiento estético: desde realizar una historia clínica completa hasta explicar detenidamente qué se va a hacer y las posibles reacciones y resultados. Además, hay un consentimiento informado, que se entrega en mano al paciente unos días antes para que se lo lea con calma y haga todas las preguntas necesarias antes de someterse al tratamiento. Aun así, en contadas ocasiones pueden surgir contratiempos, y de ahí la importancia de estar en buenas manos para que, en caso de que ocurra algo inusual, se pueda atajar el problema con pericia médica.

De este modo, la sociedad debe conocer el gran riesgo que entraña no elegir al profesional adecuado para solucionar sus problemas estéticos. En esta línea, es importante señalar que el centro médico no solo contará con los mejores profesionales sanitarios, sino que además dispondrá de los mejores medios tecnológicos para reducir al máximo la posibilidad de incidentes durante la intervención.

Es importante destacar que gracias a las nuevas tecnologías se están comercializando equipos como lámparas de fotodepilación, de rayos UVA e incluso equipos de radiofrecuencia para uso domiciliario. Antes era impensable tener un aparato de estas características en casa, pero los avances técnicos han reducido tanto su tamaño y su precio que el público ha empezado a comprarlos sin control. Aunque la sociedad perciba estas opciones como alternativas reales, deben saber que los equipos que tenemos en las clínicas solo se venden a profesionales medicos dada su complejidad en el manejo, su alto coste y su estricto mantenimiento; y que son una inversión por la que apostamos para obtener una alta fiabilidad y unos resultados óptimos. Inevitablemente, disponer de la mejor tecnología repercute en el precio final de los tratamientos estéticos, pero se tiene la tranquilidad de que las cosas saldrán lo mejor posible de la mano de un médico especialista.

Del mismo modo, algunos negocios y franquicias -aunque no todos- llevan a cabo prácticas de “medicina estética” como láseres de depilación, cabinas de rayos UVA, ultrasonidos e incluso radiofrecuencia para remodelación facial y corporal y que son administradas por personal sin ningún tipo de cualificación y sin que haya un médico al cuidado y responsabilidad de estos pacientes.

Dejarse llevar por el precio y elegir un centro no cualificado o con equipos domésticos no es que pueda salir caro, sino carísimo. Las consultas de dermatología atienden a diario casos de pacientes con secuelas de quemaduras, hiperpigmentaciones o cicatrices, producidas por haberse puesto en manos de personal no cualificado y con equipos no homologados y baratos. Estas secuelas no siempre son reversibles y los daños pueden ser permanentes en algunos casos.

En definitiva, es importante que el paciente sea consciente de que “medicina estética” no es una especialidad como tal. Por lo tanto, cuando lea ese reclamo debe asegurarse de que detrás de ese centro haya un médico con título homologado, colegiado y que cumpla con la normativa vigente; y que la tecnología médica para el tratamiento esté actualizada para ofrecer los mejores resultados.



Source: eleconomista.es (Noticias destacadas por elEconomista)

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