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Marta González: “Me sigo agarrando del teatro para sobrevivir” – 28/04/2019

Marta González: "Me sigo agarrando del teatro para sobrevivir" - 28/04/2019



Debutó en cine a los tres años, pero no alardea con semejante dato, lo naturaliza. Edad de oro de la cinematografía nacional. Película en blanco y negro: La cuna vacía, la historia de vida de Ricardo Gutiérrez, fundador del Hospital de Niños. En la escena, Ángel Magaña entra a una sala a visitar a un pequeño paciente y le obsequia un muñeco a un niño. Fuera de libreto, una nena se indigna porque a ella no le entregaron el juguete y se lo reprocha al falso médico. Detrás de cámara, todos ríen por la reacción. “Arruiné una toma, pero nació una actriz”, se ríe más de 70 años después Marta González, historia viva de un mundo del espectáculo extinguido.

“Ya no sé qué es recuerdo y qué es recuerdo de lo que me contaron”, admite la mujer que hace medio siglo paralizó a un país con la unión de dos mundos: “El sí de la actriz y el futbolista (Chiche Sosa). Caos policial y boda popular”, registran los archivos. Un alboroto más grande que el casamiento de Evangelina Anderson y Martín Demichelis. Más resonante que el de Wanda y Maxi López (o Mauro Icardi). Radiolandia da cuenta del acontecimiento. Le costó salir de la iglesia. Tumulto, gritos y fans colgados de los santos. 

Siempre sonriente. Marta y una actitud a pesar de los dolores. (Instagram).

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Marta es una señora suave. Pero su suavidad no implica fragilidad. Durante el verano, tras sus sesiones de quimioterapia, apretaba el puño y salía a escena. “El teatro es mi gran salvavidas, me sigo agarrando del teatro para sobrevivir. Es vida. Lo hago porque siento que estoy brindando amor cuando hago una función. Y resulta que el amor que recibo es más grande que el que doy”.

Sabe de giras nacionales. De “escenarios improvisados sobre cajones de cerveza, clubes o pueblos sin marketing”. Esta noche repetirá en Santiago del Estero. Probablemente, a esa hora el mundo del espectáculo esté focalizado en influencers, en “vendedores” de imagen. A ella poco le importa: “Los primeros años, este trabajo era como ir a la oficina. Me interesaba ganar plata. Pero una parte mía hizo click después de la maternidad. Cuando me faltaba eso que había elegido. Y empecé a estudiar teatro ya consagrada, primero con Augusto Fernandes, después con Carlos Gandolfo y Raúl Serrano. Todo lo hago con amor, no sé hacer las cosas mediocremente, pero soy una actriz limitada”.

Marta González en “Boquitas pintadas”.

-¿Limitada?

-Es que siento que no tengo un gran talento. Eso sí, soy muy disciplinada. Siento como una angustia del parto cuando estoy creando un personaje, hasta que no encuentro el nudo, el tono, sufro.

-A los tres años, supongo, no elegiste ser actriz.

-A los tres no podía decidirlo, era un deseo de mi madre. Un juego para mí, no entendía nada. Tenía una mamá loca, en el sentido de divertida. A los cinco hermanos nos llevó a participar en cine. Fue secretaria de Juan Carlos Thorry y de Analía Gadé. Y fue vestuarista de Canal 9. En casa había una amplitud de bocho grande. Vivíamos en Palermo, papá era empleado de una empresa de tabaco. Yo creo que la primera fiesta de travestis de la Argentina, se hizo en mi casa. 

-¿Cómo fue?

-Los bailarines del Colón le pidieron a mi madre la casa para un baile, para juntar fondos para irse a Europa. Era carnaval. Muchos vinieron travestidos. Y vino un comisario a clausurarnos la casa. 

En acción. Marta González en el escenario.

-A los 9 debutaste en el Cervantes. ¿Te acordás de eso en detalle?

-Perfectamente. El último perro, obra adaptada por Gorostiza. Armando Discépolo me dirigió. Mamá se había enterado que buscaban a un chico y me llevó a la prueba. Me hicieron decir una poesía, y quedé. Discépolo me decía cosas que yo no entendía: “La felicidad no existe, nena, aprendelo de chiquita. Son momentos”. Y después, me pedía que cada frase del texto la dijera según un color. ‘Imaginate estas palabras en azul’. Un loco lindo.

Su romance cinematográfico con Alfredo Alcón en Boquitas pintadas, su intensidad en La guerra del cerdo, dirigida por Leopoldo Torre Nilsson. Su potencia escénica en dupla teatral con Libertad Lamarque en Aplausos. O a histórica obra Brujas. Marta dice que no tiene personajes pendientes. Ni cuentas pendientes. “No fui de tener muchas parejas, para enamorarme tenía que conocer muchísimo a la persona. Eso sí: nunca pude dejar de querer a quien quise. Tal vez ya no amás, pero el amor por el otro no se muere si te separás”, dice. “¿Palito (Ortega)? Fue mi primer amor. Me dejó un gran recuerdo. Y tanto fue el efecto en la gente que cuando yo estaba embarazada de mi hija, el público me tocaba la panza y me felicitaba, pero me decía: ‘Lástima que no es de Palito’”.

-Te fue bien en Cuba. ¿Llegaste a conocer a Fidel Castro?

-A Cuba fui invitada por Fidel porque una tía de mi ex marido (Chiche Sosa) era Anita Castro, prima hermana de Fidel. Un día hacía frío y yo le había prestado el tapado a la mujer de Emilio Aragonés, Embajador cubano en la Argentina. Ese gesto lo agradeció. Me invitaron a hacer El gran deschave por toda la isla, en los ochenta. Al año siguiente me invitaron a un festival de teatro allá. Y lo conocí a Fidel. Nos llevaron en un auto por unas calles misteriosas y nos dijeron: ‘Van a conocer al Comandante”. Era un tipo grandote. Era un gran líder, pudo contra el imperialismo, pero yo fui tres veces más y vi cosas espantosas.

-¿Qué viste?

-A los artistas nos traían langosta para comer, pero veías filas del pueblo para comer un frijol. Cuba era el prostíbulo de los Estados Unidos y por suerte había dejado de serlo, pero el pueblo tenía hambre. Yo soy peronista, pero en realidad ya no sé lo que soy. Estoy despartizada

-¿Por qué?

-Yo estaba más enganchada con una igualdad. No olvides que nací en 1944. Me crié en una casa donde no se podía hablar de política. Madre peronista, padre radical.

La mujer que baila y se ríe a pesar de sus grandes dolores. (Instagram).

-¿Te molesta que los medios te pongan en un lugar de luchadora, como ejemplo de resiliencia, después de haber trascendido el duelo de un hijo, y por tu lucha contra el cáncer?

-Me dan un título grande, pero estoy haciendo lo que cualquier mujer haría en mis condiciones. Todavía no es fácil el duelo, pero sigo por mi hija, maravillosa, que está dejando de ser hija para convertirse en una suerte de madre para mí. Es partera, atraviesa cosas impresionantes en el hospital, y es mi apoyo. Y si sirve esto para concientizar a otras mujeres, lo digo: hay que hacerse los controles de mamas. Sólo el 15% repite el cáncer de mama, y yo lo repetí. El médico me dijo: “Si me dieran a mí la medicina que le estamos dando a usted, yo me quedaría en la cama sin moverme”. Al otro día de la quimio viajamos 420 kilómetros e hice la función. Me estoy recuperando. Actuar me salva.

Teatro

Protagoniza El show de la menopausia, una parodia musical junto a Silvia Kutica, Claribel Medina, Ernestina Pais y Reina Reech. Versión y dirección de Manuel González Gil. La gira producida por Javier Faroni viene de La Rioja y Catamarca y terminará hoy en Santiago del Estero. En breve comenzará el ensayo de El show de los cuernos, obra dirigida por Nicolás Scarpino.

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Sources:
clarin-com

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