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Microsoft cuadruplica beneficios gracias a su nueva estrategia: de Windows a la ‘nube’

Microsoft cuadruplica beneficios gracias a su nueva estrategia: de Windows a la 'nube'


No hace mucho que el futuro de Microsoft se encontraba en el aire. Sin embargo, su apuesta por el segmento de los servicios, con la cacareada ‘nube’ como punta de lanza, revirtieron la situación en tiempo récord. Tal así que la multinacional registró 26.053 millones de dólares en beneficios durante los primeros nueve meses del presente año fiscal, cuatro veces más de lo reportado durante el mismo periodo del ejercicio anterior.

En cuanto al último trimestre fiscal de 2019, los ingresos ascendieron un 14%, hasta los 30.600 millones millones de dólares. Por su parte, el beneficio neto creció un 19%, hasta los 8.800 millones de dólares. ¿El resultado? Los títulos de la compañía se revalorizaron un 4,51% tras el anuncio de los resultados, situándose el precio por acción en 130,65 dólares.

La capitalización bursátil de los de Redmond superó así los mil millones de dólares, meta que hasta la fecha tan sólo habían alcanzado dos firmas: Amazon y Apple. Parte de culpa reside en la reforma fiscal de Donald Trump, por la que Microsoft desembolsó 18.096 millones de dólares en 2018 (frente a los 5.039 millones de este año).

Con todo, el excelente rendimiento de las tres grandes divisiones de Microsoft (Productividad y negocios, Intelligent Cloud y Personal Computing) resulta innegable. La red de servidores Azure, que presta servicio a innumerables empresas, experimentó un crecimiento del 73%; seguida por Office 365 Commercial (30%), la red social LinkedIn (27%) y el cúmulo de servicios en la nube (18%). Crecieron también la venta de licencias Windows a fabricantes (un 9%) y la división de hardware, con Surface y Xbox a la cabeza (un 21%).

Semejantes cifras reafirmarn el brillante futuro del pago por servicios, motivo por el que gigantes como la propia Apple o Disney han echado el resto con sus respectivas plataformas de streaming. La venta de gadgets (fundamentalmente teléfonos y equipos de sobremesa) decae a pasos agigantados, habiéndose hartado los usuarios de los ciclos de renovación anuales acostumbrados por el sector. Toca fidelizarlos con servicios de suscripción, algo en lo que Microsoft ha sabido posicionarse bajo el mandato de Satya Nadella.

El ascenso de Windows

Los orígenes de Microsoft se remontan a 1975, cuando Bill Gates y Paul Allen fundan la compañía en Albuquerque, Nuevo México. Su principal ámbito de actuación fue el desarrollo de sistemas operativos (‘Xenix’ primero y ‘DOS’, en colaboración con IBM, después), hasta que MS-DOS revoluciona el mercado y consigue instalarse en la práctica mayoría de ordenadores personales, allá por los 80 y buena parte de los 90.

De ahí a la materialización de su ‘extensión gráfica’, Windows, tan sólo hubo un paso. La versión 3.0 llegó en mayo de 1990, superándose los 2 millones de unidades vendidas en menos de seis meses. También por entonces, Office se afianzó como paquete informático y Windows NT se hizo un hueco en el ámbito corporativo. El resto es historia: Windows 95 y su nuevo ‘Menú Inicio’, la irrupción de Internet Explorer y Hotmail…

En plena cresta de la ola, Gates cedió el puesto de presidente a Steve Ballmer, bajo cuyo mandato se comercializaría Windows 98, versión harto criticada por su inestabilidad. A éste siguieron Windows 2000 (para profesionales) y Windows Millenium Edition, al compás de uno de los mayores litigios sobre monopolio que se recuerdan, con el Departamento de Justicia de Estados Unidos como acusación.

El fracaso de ‘ME’ derivó, no obstante, en el s.o. más exitoso de la historia. Windows XP fue lanzado en otoño de 2001 y supera actualmente los 400 millones de copias vendidas.

… y la debacle de Windows Phone

Para bien o para mal, Xbox supuso un cambio de tendencia en Microsoft. El gigante de la informática apostaba por la fabricación de dispositivos, adentrándose en un mercado del que Nintendo y Sony eran dueños absolutos. Las ventas fueron comedidas, pero sentaron el germen de la popular Xbox 360, aparecida un lustro después.

Con Ballmer aún manejando el barco, los lanzamientos de Windows Vista y Windows 7 sembraron dudas sobre el futuro de la compañía. Las críticas arreciaban a cada nueva iteración del software y los números dejaron de cuadrar. ¿Residiría la solución en el fenómeno de los teléfonos inteligentes?

La respuesta fue ‘Microsoft Mobile’, esqueje conformado en 2012 tras adquirirse la división de dispositivos y servicios de Nokia. Dos años antes surgió Windows Phone, la versión para smartphones del sistema operativo, con que plantar cara a iOS y Android. Por desgracia, los terminales de Microsoft (serie ‘Lumia’) pasaron sin pena ni gloria por un mercado donde Windows Phone nunca sobrepasó el 3% de cuota.

Semejante fue el devenir de productos como el reproductor multimedia Zune y los primeros exponentes de la gama Surface, con Windows 8 bajo el brazo. Así hasta la incorporación de Nadella como CEO, quien rompió moldes para orientar a Microsoft hacia el pujante terreno de los servicios. De este modo, Windows 10 se presentó como un servicio propiamente dicho, susceptible de actualizaciones gratuitas y bajo el cual acceder a las distintas propuestas de la compañía. Se explica entonces la integración con Xbox (dado el traspiés de Xbox One); un Office por suscripción; la compra de LinkedIn por 5.920 millones de euros y el vínculo con Azure, segundo proveedor mundial de servicios en la nube por detrás de ‘Amazon Web Services’.

Por supuesto, Microsoft seguirá lanzando videoconsolas, convertibles e incluso visores de realidad aumentada, pero cada vez más como excusa para hacernos partícipes de su cartera digital.

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