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El coche que contamina paga… o no entra en la ciudad

El coche que contamina paga... o no entra en la ciudad

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Si alguna vez ha cogido un taxi en el centro de Londres seguro que no lo hará otra si puede evitarlo. Tiene un punto porque los coches son de esos negros grandotes que salen en las películas, como los autobuses rojos de dos pisos, pero el tráfico es terrible. Cicular por el cogollo de la ‘city’ es desesperante para el conductor… y carísimo. Casi 28 euros, solo por circular, si tiene un coche de esos viejos que contamina. La ciudad ha estrenado este lunes con una nueva tasa al tráfico rodado: 14,5 euros (12,5 libras) a los vehículos más contaminantes. Es un suma y sigue porque desde hace 15 años tienen una ‘congestion charge’, un peaje de 13,35 euros (1,5 libras) que deben pagar absolutamente todos los coches que circulen por el centro de lunes a viernes en horario de 7.00 a 18.00 horas. De modo que al que le toque pasar dos veces por caja le sale el viaje a 27,86 euros exactamente.

La medida ha vuelto a colocar a la capital del Reino Unido a la cabeza de ciudades que más en serio se está tomando el tema de las emisiones del tráfico. Aunque inicialmente la intención fuera otra. «Fueron pioneros en implantar el peaje urbano, pero no como medida contra la contaminación. Los autobuses estaban siempre atascados y por eso decidieron que los coches pagaran, para agilizar el tráfico. La nueva tasa que han implantado hoy es por una cuestión medioambiental, una necesidad de salud pública», asegura Adrián Fernández, responsable de la campaña de Movilidad de Greenpeace.

Y el ejemplo ha cundido. «En Estocolmo hicieron algo similar, en Milán está restringido el tráfico rodado en el casco antiguo, en casi todas las ciudades alemanas tienen restricciones a los diesel más antiguos y están subiendo mucho el listón en este asunto, Amsterdam lo que ha hecho es eliminar plazas de aparcamiento en superficie, salvo para reparto y residentes. Una medida también muy efectiva porque si no tienes dónde aparcar, no vas en coche».

Las emisiones

Óxido de nitrógeno:
Proviene de los coches y «es el responsable de buena parte de las irritaciones de garganta, provoca picos de asma, bronquiolitis, etc» alertan desde Greenpeace.
CO2:
«No afecta a la salud pero es un gas de efecto invernadero que contribuye al cambio climático».

En España, las medidas más llamativas en este sentido se han tomado en Madrid. «Desde el pasado 30 de noviembre solo pueden entrar al centro histórico residentes y vehículos autorizados como taxis, autobuses y mercancías». El resto entra en función «de la pegatina». Esto de la pegatina en realidad son cuatro pegatinas, las emite la DGT y clasifica a los coches según su nivel contaminante. Las categorías son ‘0’ (la menos contaminante), Eco, C (verde) y B (amarilla), por orden de emisiones. Luego están los coches sin derecho a pegatina, los más antiguos y más contaminantes. Estas pegatinas se pueden solicitar aunque de momento la obligatoriedad va por ayuntamientos y «a nivel nacional, la Guardia Civil no multa por no llevarlas», explican desde la Dirección General de Tráfico. Por cierto que en la web de la DGT hay un servicio para comprobar online, únicamente introduciendo la matrícula, qué pegatina le corresponde a tu coche.

Volviendo a Madrid, ahí sí la piden. «Los vehículos con la pegatina ‘0’ y Eco pueden acceder sin problema y aparcar, si encuentran sitio claro… pero los B y C solo pueden estacionar en parking subterráneo». El control del asunto ya es serio porque hay multas: 90 euros y 45 por pronto pago. «Había agoreros que decían que restringir así el tráfico en el centro iba a llenar de coches la periferia porque la gente iba a buscar rutas alternativas pero no es así. En la periferia también se nota menos volumen de coches», aseguran desde Greenpeace.

Esto de las pegatinas parece ser el sistema que mayor consenso genera y en París es también el criterio que han adoptado. «Allí activan el protocolo cuando hay episodios de contaminación alta y en función de la calidad del aire solo dejan circular a los coches que tengan un distintivo concreto. Dicen: ‘Hoy solo los que tengan la pegatina hasta la B, por ejemplo».

Claro que también hay fórmulas alternativas: «En Oviedo y Valladolid lo que hacen es cerrar ciertas calles al tráfico rodado cuando hay unos niveles de contaminación muy altos y en Valencia están reduciendo carriles en algunas carreteras y eliminando, como en Amsterdam, muchas plazas para estacionar en superficie».

– Hay quien se queja de que medidas como las de Londres solo persiguen recaudar.

– Es cierto que el peaje tiene un sesgo económico y en cierto modo viene a decir que ‘si puedes pagar, puedes contaminar’. Incluso el sistema de pegatinas es también una cosa económica, aunque en menor medida. En el sentido de que si tienes dinero para comprar un coche menos contaminante puedes circular por más zonas de la ciudad. Pero se trata de medidas que se han demostrado efectivas para luchar contra la contaminación.

– ¿De qué niveles de contaminación estamos hablando?

– España no tiene niveles de contaminación como las ciudades de India, pero no se cumplen los niveles de salubridad. En 2018 Madrid, Barcelona y Granada incumplieron los niveles de contaminación en óxido de nitrógeno. Respiramos un aire ilegal. Igual que el agua tiene que ser salubre, el aire también. Y el máximo emisor de la contaminación proviene del tráfico rodado.

– ¿Hay ciudades que se salvan?

– Vitoria, por ejemplo. Allí a la vez que implantaron el tranvía y reordenaron la red de autobuses, cerraron algunas calles al tráfico y construyeron una buena red de carril bici. Desde entonces el coche se usa mucho menos y ha crecido el uso de medios de transporte sostenibles. La solución viene por ambos lados: restringir el tráfico y generar un cambio de costumbres para utilizar más el transporte público.

Bilbao respira «un aire de calidad»

En Bilbao saltaron las alarmas el pasado mes de febrero, a cuenta del veranillo adelantado que tuvimos esas semanas. Aunque fue una alarma discreta. En una de las tres estaciones de medición de la calidad de aire que hay en la ciudad (María Díaz de Haro, Mazarredo y el Parque de Europa) se superaron en dos unidades los límites aconsejables. «El umbral está en 50 microgramos por metro cúbico y los días 22, 23 y 25 de febrero se registraron en la estación de María Díaz de Haro 52», cuenta Alfonso Gil, concejal de Movilidad del Ayuntamiento de Bilbao. Para que nos hagamos una idea de lo que supuso, «esos días Madrid andaba en unos niveles de 240 microgramos por metro cúbico». Hasta ahora en Bilbao no se ha tomado ninguna medida de restricción del tráfico porque tenemos «una calidad de aire muy buena», en gran parte «por el ‘efecto chimenea’ que provoca la Ría, que saca la poca polución que hay y se la lleva al mar». En todo caso, «si hubiera tres alertas mediomabientales severas» se actuaría, aseguran desde el Consistorio bilbaíno. De momento, las medidas en este sentido pasan más por que circulen vehículos cada vez menos contaminantes. En este sentido, para 2030 todos los taxis de Bilbao «serán eléctricos o eco» y las nuevas licitaciones de autobuses exigen que se trate de vehículos «híbridos o cien por cien eléctricos».



Sources:
elcorreo-com

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