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Protocolo del mesianismo progre – Domingo – Últimas noticias de Uruguay y el Mundo actualizadas

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1. Se puede castigar a Sendic junior con rostro de pesar, postura acongojada pero sin exagerar. Se puede —incluso— pasarle la factura de una posible derrota electoral pero —insistimos— con cara de Luis Sandrini y rostro de: “Cosas que pasan”.

2. No se puede —en cumpleaños y fiestas familiares— dejar de recordar a los corruptos históricos de los partidos tradicionales. Eso permite empatar los “nombres” de la lista negra de los gobiernos progre, y así olvidar el mimoseo con Nicolás Maduro y su baracutanga. Llenar de ejemplos vale, y si no son ciertos, valen igual compañeros. Total, desde las redes sociales los “descerebrados” pueblan la tierra (son los anónimos y mal intencionados los que nos dañan; los que hablan bello de nuestro glorioso gobierno progresista, esos son la buena gente. ¡Arriba los que luchan!).

3. Sentó jurisprudencia el estilo Marita, léase: en momentos en que no hay nada para decir, buscar escupir al oponente, inclusive se puede descender a lodo (o cloacas) y embarrar la cancha tipo el ring de Martín Karadagián armado de barro para eventos especiales (soy milenario, yo lo vi). Allí hay que espetar una grosería o enojo burdo que marca el terrajerío actitudinal en que se está y el despliegue neuronal que se posee (o no).

4. Nunca manejar la idea de “odio” en forma explícita (esconderla tipo Caro), solo rechazar y sentirse “ofendido” porque el mesianismo progre nos permite creer que tenemos el monopolio de la defensa de lo que se nos canta, aunque sea gastando millones de dólares en obras fastuosas y minucias de ese tenor. ¡La causa todo lo puede muchachos!

5. Cuando se hable de Venezuela, para evitar defender la democracia —y de paso darle una mano a los amigos que tan encomiables negocios concretaron allí— lo que conviene es hablar del “pueblo” (como entelequia) y seguir apostando a la “neutralidad” cuando todos sabemos que la animadversión hacia Estados Unidos lleva al desquicio de soportar esa dictadura (eso sí, seguimos mirando Netflix, soñando con ir a Nueva York y usando la ropa que impone Levis).

6. Reproducir el estilo “Irma” de playa Pascual, solo de la boca para afuera, mientras cada vez militamos más en Facebook sin pisar un comité, chusmeamos la ropa que tiene la vecina (y su novio nuevo) y vivimos vichando programas de televisión argentina donde Sol Pérez se transforma casi en premio Nobel. ¡Somos progre posmodernas!

7. Darle a Sanguinetti y a Lacalle Herrera con un caño, recordando que son el demonio en la tierra, sin reparar que el primero viene a remar para reflotar un barco hundido y el segundo está como un gurú, meditando, casi sin hablar y encerrado en algún lugar. ¡Viejos fachos!

8. Creer que Mujica (que no tiene edad) está al nivel del Che, o más bien, emocionarte hasta el llanto cuando abre la boca y filosofa de este mundo “cruel y shin shentidooo” en la tele alemana. (¡Son tan lindos los alemanes en esta época!) Sentir que formás parte de un tiempo en el que podrás decir: lo conocí, me tomé un mate con él y su perrita me chupeteó la media mientras Lucía puteaba al de la UTE porque le trajo la factura atrasada. ¡Momentos bellos!

9. Saber que Constanza Moreira posee un aroma de película de Woddy Allen pero encariñarte con ella por los ovarios que pone cuando brama contra los inmundos de la derecha, y esa forma que tiene de cerrar los ojos que te hacen acordar a Sonia Braga (ahora en su etapa de tercera edad).

10. Tenerle lástima al Bicho Bonomi, saber que lo entubaron, que nadie le arrimó un bochín y por eso quedó en ese estado tipo oso Yogui corriendo por el parque Yellowstone cuando huía de alguna de las andanzas que le salían mal. Búbu (su subsecretario) le decía todo pero Yogui era impetuoso y se torteaba con la realidad. Pueden enojarse un poquito. (¡Poquito!)



Sources: elpais.com.uy

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