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Economía

La curva de tipos se invierte por primera vez desde 2007 en EEUU y deja la puerta abierta a una nueva recesión

La curva de tipos se invierte por primera vez desde 2007 en EEUU y deja la puerta abierta a una nueva recesión


Uno de los momentos más temidos por los inversores ha llegado: la curva de tipos del bono del Tesoro de EEUU se ha invertido por primera vez desde 2007. Los bonos a corto plazo (un mes, tres meses, seis meses y un año) ofrecen más rentabilidad el bono del Tesoro a diez años. Históricamente, una vez que la rentabilidad del bono a un año supera a la del bono a 10 años se ha producido una recesión entre nueve y veinticinco meses después.

El giro de la política monetaria de la Reserva Federal prometiendo “paciencia”, poniendo fin a la reducción del balance de la Fed y descartando nuevas subidas de tipos para este año han dado la ‘puntilla’ a la curva de rendimientos, que ya venía aplanándose desde que la Fed iniciase en 2015 el ciclo de ajuste monetario con la primera subida de tipos tras la Gran Recesión. 

La inversión de la curva entre el bono a tres meses y el bono a 10 años se ha producido por primera vez desde el 22 de marzo de 2007. No obstante, el diferencia entre el bono a dos años y el de diez (uno de los más fiables y seguidos por la Fed) aún sigue siendo positivo por doce puntos básicos para el bono de mayor plazo.

Algo poco habitual

Esta forma de la curva es poco habitual y se ha producido en momentos contados a lo largo de las últimas décadas. Como apunte extra, algunos expertos aseguran que a partir de ahora será más habitual ver una curva de tipos invertida por los cambios que han experimentado los factores que componen los rendimientos de los bonos.

En condiciones normales, la curva de tipos tiene una pendiente positiva en la que cada bono ofrece una rentabilidad superior a medida que aumenta su fecha de vencimiento. La explicación es lógica: grosso modo, no es lo mismo prestar dinero a alguien durante tres meses o un año que hacerlo con una promesa de devolución a diez o veinte años. La deuda o los bonos con vencimientos más largos suelen ofrecer un interés superior (prima a plazo), porque un mayor espacio de tiempo es sinónimo de incertidumbre.

En diez o veinte años pueden pasar muchas cosas, como un shock inflacionario que erosione el valor real del dinero prestado, que la empresa, estado o persona a la que se le ha prestado el dinero desaparezca o que los tipos se disparen. Esto último, es otro de los componentes que determinan el interés de un bono y se conoce como expectativas sobre los tipos. Sin embargo, en tres meses o un año la incertidumbre es inferior. Por todo ello, la curva de tipos comienza en la parte baja con las letras o pagares y va escalando hasta los bonos de mayor plazo. El riesgo y la incertidumbre se pagan con un mayor interés.

Su inversión asusta a los inversores y otros agentes porque es el mejor vaticinador de crisis futuras. Como destacan desde BBVA en un documento de trabajo sobre las posibilidades de recesión en EEUU, la crisis suele tardar en hacer su aparición entre 9 y 25 meses desde que el bono a un año y el bono a 10 años se invierten. 

No obstante, la inversión de la curva es una consecuencia, no la causa de la llegada de una recesión. Con EEUU creciendo por encima del 3% y el mercado laboral en pleno empleo, parece difícil pensar que su economía pueda comenzar a registrar tasas negativas. Pero hay consenso entre economistas e instituciones que EEUU ha entrado en la última fase de su ciclo expansivo.



Source: eleconomista.es (Noticias destacadas por elEconomista)

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