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Contra el porno. ¿estamos dañando nuestra sexualidad para siempre?

Contra el porno. ¿estamos dañando nuestra sexualidad para siempre?


POR Margareth Núñez
Históricamente han sido las feministas las que más han puesto en su sitio al porno y han denunciado las heridas que genera su existencia en el cuerpo social y en el individual. Pero nosotras nos desvinculamos de esas dos corrientes del feminismo porque no abordamos el porno desde la explotación del cuerpo femenino en la prostitución. Consideramos que el porno lleva las identidades creadas por el neoliberalismo a nuestras relaciones sexo afectivas; es su gran colaborador. Por tanto, va más allá de los cuerpos femeninos más vulnerabilizados, nos afecta a todos los habitantes de este planeta en todos nuestros vínculos”.

Los límites de la libertad

Una de las aportaciones más valiosas del libro es señalar la diferencia entre las fantasías sexuales femeninas y lo que realmente están dispuestas a hacer las mujeres en la vida real. Que una chica se excite imaginándose víctima de una violación múltiple no significa que tenga ganas de que ocurra. ¿Por qué ha pasado tan desapercibida la distancia entre ambas cosas? “Las mujeres habíamos aprendido a ocultar -a veces, ni siquiera a reconocer- nuestras fantasías, para sobrevivir en el rol asignado de seres frígidamente románticos, que no importunan con su propio deseo. Hasta que nuestro deseo se ha vuelto también una mercancía, entonces ya estamos autorizadas”.

Pensamos el sexo como un espacio de libertad personal absoluta, pero en realidad no lo es tanto: “Una de las victorias de la cultura neoliberal es que coloniza nuestra capacidad para imaginar el mundo y con ello merma nuestro poder para cambiarlo. En su lugar, fabrica fantasías que consolidan los valores de nuestra cultura… y las universaliza con estrategias de mercado.

¿Funciona el porno alternativo?

Las autoras reivindican los límites y los cuidados como una manera de multiplicar el placer y minimizar la frustración. También se declaran escépticas respecto a las posibilidades de una pornografía alternativa. “Nos desmarcamos del porno, de todo tipo de variantes, incluidas las más innovadoras y rebeldes. Concebimos el porno como una epidemia que no necesita que le demos de comer porque ya bastante condiciona nuestro comportamiento sexo afectivo.

El sexo de los ‘millennials’

Nuestra sexualidad se construía antes de verla representada artificialmente en planos ginecológicos. Por eso definimos como pornonativos a quienes llegaron mucho antes al porno que a la propia sexualidad. Creo que todavía es un fenómeno demasiado reciente como para saber si tendrán más o menos herramientas críticas. En principio, hay bastante comportamiento de imitación (según relatan, por ejemplo, las mujeres que trabajan en la prostitución) y su contracara, una inhibición patológica creciente, entre los veinteañeros y treintañeros. Por otro lado, hay mucho humor sobre el porno entre ‘millennials’, lo cual es un buen arranque de reflexión. No sabemos cómo debutarán en las relaciones los pornonativos de la última hornada: los hijos de los ‘millennials’…”.

 

 “Bromeamos con la gente, le decimos: ‘Si quieres saber algo de la industria del porno, pregúntale a tu hijo o hija adolescente’. Hasta parece que resulta cómodo no tener que hablar con tus hijos de sexo.  Esto, para decir que lo primero es tomar consciencia del fenómeno, que no alcanza con producir porno de modales amables. ¿De verdad creemos que la demanda va a decantarse por el porno de buenas prácticas?” “Es necesario dotar al placer de su condición de virtud”, concluyen.



Sources: cambio21

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