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BBC Mundo. La que le cortó el pene a su marido Lorena Bobbitt y el camino a ser reconocida como víctima

BBC Mundo. La que le cortó el pene a su marido Lorena Bobbitt y el camino a ser reconocida como víctima


Por New York Times

Hace veinticinco años, la migrante ecuatoriana fue motivo de burlas y titulares de tabloides: le cortó el pene a su entonces marido. Lo que no se contaba eran las violaciones y abusos a los que él la había sometido. Ahora quiere contar su historia.

 

Lorena lo cuenta de manera muy prosaica. Mientras nos conducía en su Kia una tarde reciente, señaló sin más el hospital; ahí, dijo, le reimplantaron el pene a John Wayne Bobbitt después de que ella se lo cortó con un cuchillo de cocina mientras dormía, la noche del 23 de junio de 1993.

 

A quince minutos de ahí, cerca de Maplewood Drive, señaló el campo de césped y grava donde arrojó el pene amputado desde la ventana del auto. Le pregunté por qué lo aventó. “Tenía que manejar, claro, pero no podía porque tenía esa cosa en la mano, así que me deshice de ella”. Ah, ¡claro!

 

Por el mismo camino se encuentra el salón de manicura donde trabajaba y hacia el que huyó esa noche. “No soy una mujer vengativa, porque les dije dónde estaba”, indicó Lorena Gallo, como ahora se le conoce. Se refiere a los oficiales de policía que, poco después de las cuatro y media de la mañana, se pusieron a buscar el pene amputado entre la maleza, a un costado de la carretera. Lo encontraron, lo pusieron en hielo en una caja para hot dogs de un 7-Eleven cercano y lo llevaron de inmediato al hospital, donde, gracias a un milagro de la cirugía plástica y la urología, lo reimplantaron y le devolvieron (casi) toda su capacidad.

 

Estos detalles, que Lorena relata con el estoicismo de un mesero que recita el menú del día, son los que conoce la mayoría de la gente que siguió la cobertura. Pero Lorena quería hablar de la historia verdadera: la de una joven inmigrante que sufrió violencia doméstica durante años, que fue violada por su marido esa noche sin tener adónde ir y ya no pudo más.

Violencia doméstica

“Siempre se enfocan en eso”, dijo, en referencia al pene de su esposo, el amputado, reimplantado y, un par de años más tarde, agrandado en una cirugía. Antes de que grupos de mujeres salieran a manifestarse en masa contra la violencia y del movimiento #MeToo, en esas épocas de pensamiento menos evolucionado, los medios solo querían hablar de eso. “Y es como si no querían darse cuenta o no les importaba por qué lo hice”, comentó.

 

Lorena, originaria de Ecuador, tiene razón en que la mayoría de las personas obvia que, antes de que ella fuera enjuiciada por lo sucedido en junio de 1993, su entonces marido John fue imputado por violación conyugal (y exonerado del cargo).

 

Lorena también tiene razón al comentar que a la gente se le olvida que un jurado la declaró no culpable en el juicio; alegó demencia temporal. Se nos olvida que los testigos en el proceso declararon que habían notado varios hematomas en sus brazos y cuello, que ella había llamado al 911 en repetidas ocasiones y que John les había presumido a sus amigos que obligaba a su esposa a tener sexo. En los años posteriores al juicio, él fue arrestado varias veces y estuvo en la cárcel acusado de violencia contra dos mujeres más (él niega las denuncias).

 

“Esto se trata de una víctima y una sobreviviente, y de lo que está pasando en el mundo actualmente”, dijo Lorena.

 

Esa historia, la suya, es la que cuenta en un nuevo documental en cuatro partes producido por Jordan Peele disponible el 15 de febrero en Amazon Prime Video. Y para contar esa historia se tomó un descanso de Lorena’s Red Wagon, su organización sin fines de lucro que ayuda a las sobrevivientes de violencia doméstica, para darme un recorrido por la comunidad de Manassas, en las afueras de Washington D. C., donde todo ocurrió.

 

Han pasado veintiséis años desde que Lorena Bobbitt, una mujer de 24 años con mirada inocente, cabello oscuro y ojos penetrantes, quedó tan plasmada en los anales de la cultura popular que aparece tanto en una novela de Philip Roth como en una canción de Eminem.

 

Hoy en día, Lorena es tímida y pequeña; portaba un saco negro, zapatos de tacón elegantes, arracadas de diamante y un bolso Louis Vuitton. (Pesa 53 kilogramos, cifra que me compartió como comparativo; pesaba 43 kilos en 1993, cuando John, exsoldado de los marines estadounidenses, dijo que ella lo había atacado). Se ha transformado físicamente y ahora es una madre suburbana de clase alta con cabello rubio, aunque aún tiene los mismos ojos grandes, tristes y oscuros.

 

En 1994, después de pasar un periodo breve y obligatorio en un hospital psiquiátrico, Lorena retomó su vida y regresó al trabajo de manicurista. Después comenzó a trabajar como peluquera y agente de bienes raíces. Asistía con regularidad a su iglesia y tomaba clases en una universidad técnica, donde conoció a David Bellinger. Fueron amigos durante años antes de comenzar una relación. Lorena contó que nunca salió con nadie más porque, pues, ¿cómo conseguir una cita si eres esa Lorena? La pareja ahora tiene una hija de 13 años y vive en una casa de ladrillos.

John, actor de pornografía

“Cuando terminó el juicio, vaya, en un inicio ni siquiera podía ir a la tienda porque la gente decía: ‘Ay Dios mío, yo te conozco’. Me daban ganas de soltar mis bolsas e irme a casa”, dijo Lorena. “Solo quería cuidarme a mí y a mi familia. Así podría reintegrarme a la normalidad y a la vida cotidiana”.

 

John se hizo protagonista de películas pornográficas (como John Wayne Bobbitt: sin cortes y John Wayne Bobbitt: Frankpene). Lorena tuvo algo de contacto con la prensa, pero en su mayor parte rechazó ofertas para convertir su incidente de castración en una película o una serie de televisión. Rechazó un millón de dólares para posar en Playboy. “Un millón de dólares es un millón de dólares”, dijo. “Habría sido genial, pero no me educaron así”.

 

Los cineastas que se comunicaron con ella a lo largo de los años no querían concentrarse en el abuso, la historia de la que ella sí quería hablar.

“A nadie le importaba nada más que John y su cirugía y su ‘pérdida’”, lamentó Kim A. Gandy, antes presidenta de la National Organization for Women (NOW), sobre el intento de dirigir el diálogo hacia el abuso doméstico. “Hicimos varias entrevistas y siempre nos decían algo como: ‘Bueno, pero si esto es lo que querían las feministas’”.

 

 “A ella nunca la maltraté; ella siempre fue la violenta y me cortó el pene porque iba a dejarla”, aseguró John en una entrevista telefónica, en la que dijo que los cineastas del documental le habían tendido una trampa para hacerlo ver mal.

Abuso sexual

De regreso en el auto, mientras Lorena señalaba el hospital en el que John fue operado y donde, en ese mismo pasillo, a ella le hicieron una prueba para comprobar la violación, le pregunté si se arrepentía de lo que hizo. “¿Cómo puedes arrepentirte de algo que no tuviste la intención de hacer?”, dijo. Explicó, de nuevo, lo que le dijo al jurado en 1994. John regresó a casa borracho. La violó. Ella fue a la cocina por un vaso de agua, vio el cuchillo en la cocina y se sintió rebasada por años de abusos. No recuerda nada después de eso. “Para mí, el arrepentimiento es decir: ‘Ay, compré un auto negro en vez de un auto rojo’, cuando no elegiste lo correcto”, comentó Lorena. “Pero yo no estaba consciente”.

Sin embargo, no solo me refería a si se arrepentía de haberlo hecho. Quise preguntarle si se arrepentía de haber hecho famoso a John Wayne Bobbitt. ¿Se arrepentía de haberle dado un poco de fama y una fuente de ingresos pequeña pero constante? Pero Lorena no piensa así las cosas. De nuevo, me dijo, solo hay decisiones; el auto negro o el rojo. “Él puede elegir. Es su vida. No creo tener nada que ver con lo que elija hacer él con su vida después del incidente”, comentó



Sources: cambio21

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