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Vilma de Zacatares, una cátedra viviente en agronomía | Noticias de El Salvador

Vilma de Zacatares, una cátedra viviente en agronomía | Noticias de El Salvador



Es lunes. Para Vilma, uno de los dos únicos días a la semana que puede permitirse estar sentada, en su oficina, pero redactando los informes de sus investigaciones. Es bióloga, originaria de Ahuachapán, experta en microbiología de suelos, economía ambiental y desarrollo de alimentos; se apellida De Zacatares y es la investigadora más experimentada en el área de Ciencia y Tecnología de Alimentos del Parque Tecnológico Agroindustrial (PTA), una dependencia del Viceministerio de Ciencia y Tecnología y, por ende, del Ministerio de Educación (MINED).

Y aunque sus compañeros de oficina salen huyendo cuando pone música de banda, a ella ese ritmo le trae muy gratos recuerdos, memorias de los tres años que vivió en Texas, Estados Unidos, donde estudió la maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos, en la A&M University, College Station.

Vilma recuerda que desde que era pequeña sentía gran interés por todo lo relacionado con el suelo de una propiedad cafetalera de la que era dueño su padre, tanto que era la primera en levantar la mano cuando este preguntaba: ‘¿quién quiere ir conmigo a la finca’?’

“Somos tres hermanas y un hermano mayor. Yo soy la menor y a mí me gustaba llevarme mis muñecas, me subía al ‘jeep’ y me iba con él. Me iba a jugar a un arroyo, observaba a los insectos, las plantas; todo me llamaba la atención. Mi papá era director de una escuela, pero yo siento que él me influyó porque veía cómo yo miraba las hormigas, los zompopos, jugaba con barro y le preguntaba cosas: ‘¿Papá, por qué esta tierra –que era barro– es roja? ¿Y por qué cuando la agarro se seca?’, le decía. Yo era bien preguntona, todo quería saber. ‘¿Y para dónde se van las hormigas que se meten allí?’ Yo le preguntaba todo y él me explicaba, porque era profesor normalista”, recuerda sobre su niñez.

Desarrollado ese gusto por la naturaleza, decidió que quería estudiar Biología en un momento en que el país era escenario de un conflicto armado y donde muchos jóvenes optaban por estudiar profesorados. Aunque en 1990 obtuvo su título de licenciatura, su primer trabajo remunerado fue como docente en la Universidad Evangélica.

Luego de estudiar un posgrado en Docencia de Ciencias Básicas en el Área de la Salud y después de atender un anuncio en el periódico, donde la alma máter solicitaba biólogos para sus laboratorios y para dar clases, impartió a los estudiantes de la carrera de Medicina de esa universidad las cátedras de Microanatomía, que trata sobre la histología de todos los tejidos humanos y animales, y de Biología, durante cuatro años, hasta 1994, dos años después de finalizada la guerra civil interna y firmados los Acuerdos de Paz.

En ese año tuvo contacto por primera vez con el sector productivo agrícola del país, un área donde no solo ha crecido profesionalmente, sino que se ha destacado como pocas mujeres en ese campo.

Vilma fue contrada en el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (CENTA) como investigadora en el área de microbiología de suelos, para el Programa Profrijol. Después trabajó siete años para el Programa de Granos Básicos, realizando investigaciones que más adelante le valieron la oportunidad de viajar a Costa Rica a estudiar otra maestría, en Economía Ambiental.

“Así fue como me fui al CATIE (Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza) en el ’99 y ’00. Curiosamente, aunque el CENTA no tenía una unidad ambiental, necesitaban que yo fuera, porque esa maestría lo que hace es enseñar a valorar los servicios ambientales, que tienen un valor económico, como la sombra que ofrece a los cultivos un bosque, como la fuerza que da al suelo la hojarasca para evitar las escorrentías”, explica.

Con ese conocimiento, regresó a capacitar a los agricultores en nuevos sistemas agroforestales que mejoraran sus cosechas; y creó, junto a otros compañeros, la Unidad Ambiental del CENTA, donde realizó varias investigaciones para el Programa de Recursos Naturales sobre problemas agrícolas relacionados con la erosión de suelos.

Para el año 2002, apareció la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) con el Instituto de Investigación de Sorgo y Mijo (INTSORMIL). Con ese financiamiento, El Salvador logró desarrollar nuevas variedades de sorgo (maicillo) para el consumo humano con el objetivo de convertirlas en harina, en una época donde la harina de trigo alcanzó altos precios.

“Las harinas se pusieron carísimas y nosotros no cultivamos trigo; entonces, una de las harinas alternativas era la del maicillo”, rememoró. Siendo ella una de los únicos cuatro empleados del CENTA que dominaban el idioma inglés, el director la mandó llamar tanto para apoyar el INTSORMIL, tanto para servir como traductora de todos los investigadores estadounidenses que estuvieron viniendo de diferentes universidades norteamericanas como para redactar todos los informes. Todo ese apoyo le valió más tarde la maestría en la ciudad donde aprendió a apreciar la música de banda.

Rumbo a Texas

Después de varios meses trabajando juntos, el doctor Lloyd Rooney, “una eminencia” en el Departamento de Ciencia de Suelos y Cultivos de la Texas A&M University, le propuso aplicar a una de las becas que iba a otorgar la universidad. “Me quedé como ‘wow’. ‘Doctor, pero yo no sé nada de alimentos, ¿no cree que no voy a poder rendir?’, le dije”. Lo hizo, rindió desde el principio: aprobó una prueba de TOEFL que garantizara su dominio del inglés, se sometió a entrevistas con dos expertos del Instituto Borlaug para la Agricultura Internacional de USAID y compitió con dos nicaragüenses, dos hondureños y un panameño hasta agenciarse una de las dos becas.

Aunque la beca corría con todos los gastos académicos, tuvo que trabajar medio tiempo durante los tres años de maestría para poder pagar su alimentación y alojamiento.

“Me contrataron en la misma universidad como asistente de investigación para los laboratorios de todas las materias de química de alimentos y cereales para humanos. Yo me formé en investigación y desarrollo en alimentos y mi especialidad son las harinas y los cereales. Así que yo hago harina hasta de las piedras”, presume.

De vuelta en casa, pasó un año antes de ser nombrada como directora del Laboratorio de Investigación y Desarrollo de Prototipos Agroindustriales del PTA. Es allí donde se la pasa los otros tres días de la semana, de martes a jueves, cuando no está en la oficina, sentada, redactando los informes de sus investigaciones, sino inventando, innovando. Es allí donde creó el prototipo de la bebida Biofortik, un producto con el que ganó el primer lugar en la categoría Innovación Social del Premio Red Innovagro Latinoamericana, en Santiago de Chile, en 2015. El proyecto fue denominado “Bebida fortificada, un suplemento nutricional para niños y niñas en edad escolar” y se trata de la bebida que alimenta a todo la parvularia del sistema educativo público del país.

Nada ha sido fácil

“Me he pasado una gran parte de mi vida estudiando”, lamenta. Si hay una cosa de la que se arrepiente es de no haberse permitido tomarse los seis meses que su médico le sugirió permanecer en reposo como parte de un tratamiento de fertilidad.

A los 36 años, en enero de 2005, tuvo que decidir entre quedarse o hacer el viaje de tres años a Estados Unidos.

“Gracias a Dios apareció Arlette. Ella es el sueño de hija que siempre quise tener”, revela. Es su hija adoptiva, de 13 años, y es a ella a quien dedica todo su tiempo cuando no está trabajando.

Entre tanto, busca espacios para platicar a diario con su esposo, que vive en Estados Unidos. Cuando le alcanza el tiempo, disfruta de las lecturas de metafísica y esoterismo, escucha rock en español o música en inglés. Los sábados se entrega a su negocio, un proyecto de emprendimiento (Productos Nutribien), en el que Arlette le ayuda empacando libras de café saborizado; y hasta encuentra espacio para ayudar de forma gratuita a otros emprendedores con las tablas nutricionales de sus productos; o escribir artículos para varias revistas de agronomía. “Así que me la paso bien atareada”, expresa.

Exitosa carrera

Parte de todos los  logros y premios que ha recibido Vilma de Zacatares.
Orlando, Florida, EUA. 
2.º lugar. Competencia Desarrollo de Productos de la Reunión Anual de Químicos de Cereales (AACC 2005). Producto: “Veggie Shells”. 

San Francisco, EUA. 
2.º lugar. Competencia Desarrollo de Productos de la AACC 2006 por el producto “Essential Grain”.
San José, Costa Rica. 3.º lugar. Reunión Anual del Programa Cooperativo Centroamericano para el Mejoramiento de Cultivos y Animales (PCCMCA 2008) por la presentación “Efectividad del método de blanqueo para la evaluación de taninos en grano de sorgo”.

 San Salvador, El Salv.
2.º lugar. Reunión Anual del PCCMCA 2017 en la Mesa de Producción Animal, por el trabajo “Aprovechamiento integral del camarón de cultivo”.
Vilma de Zacatares también ha tenido la oportunidad tomar cursos en las universidades de Illinois, Oregón y Kentucky, en EUA; en la Universidad de Puerto Rico; en la Universidad Kasetsar, en Bangkok, Tailandia; en la Escuela Agrícola Panamericana Zamorano, en Honduras; y en Brasil, entre otros países.

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Sources: laprensagrafica.com

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