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«Nunca he pensado devolver el Nobel»

«Nunca he pensado devolver el Nobel»


Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940) ganó el Nobel de Literatura hace once años, antes de que estallara el escándalo que ha dinamitado el prestigio de la Academia sueca. «Nunca he pensado en devolverlo o en renunciar a él. Quien tiene un problema son los académicos. No yo. El Nobel es un galardón literario y no hay que prestar demasiada atención a quienes que lo fallan, sí a la institución», afirma.

Además, explica divertido que el verdadero mérito del Nobel fue de una mujer, la amante de Alfred Nobel. « que le sacó de la cabeza su idea de crear una fundación para prevenir el suicidio, algo con lo que estaba obsesionado. Le hizo ver que era mejor emplear su dinero en un premio para quienes trabajaban en favor de la paz. Nobel le escuchó y creo el premio de la paz. Luego vinieron todos los demás. El penúltimo el de literatura y el último en economía», dice el escritor, de visita en España para promocionar su nueva novela, (Lumen). Es un canto al poder transformador de la literatura de este nómada de las letras y de la vida que pasó varios años en Corea del Sur.

«Seúl es una ciudad que conozco muy bien. Me interesa porque es totalmente nueva. Fue bombardeada por los comunistas y los norteamericanos, devastada como Colonia en Alemania, no tiene historia y es cambiante», explica el laureado escritor.

Otros veinte libros

Con ochenta años cumplidos, cree Le Clézio que tiene mucha tarea por delante. «Quizá otros veinte libros», bromea en el competente español que aprendió en México este nómada irredento, autor de un treintena de novelas, consagrado con apenas veinte años y que vive hoy a caballo entre China, Corea y Nuevo México.

«Me casé con una saharaui de Río de Oro. Ella tenía un rebaño de camellos y era la verdadera nómada. Hemos dejado de ir porque todo el territorio está minado. Lo único que he hecho es seguir a mi mujer» explica risueño. «No sé si no tener raíces me ha convertido en una persona y un escritor más libre. Quizá sí. No estoy seguro, pero hay que atender obligaciones, cuidar a la familia, vigilar a la educación de los hijos y es más difícil yendo toda la vida de acá para allá y sin echar raíces».

Ambienta en Seúl su última novela, un canto al poder transformador de la literatura «que nos aparta de la locura»

La preocupa, y mucho la herencia que dejamos a las generaciones siguientes, un mundo peor que el que ha conocido a pesar de nacer en plena guerra mundial. Y entona el ‘mea culpa’. «Hemos sido unos malos padres. Dejamos a nuestros hijos un mundo más egoísta, con déficit democrático y en el que avanza el nacionalismo», lamenta. Un mundo que camina hacia atrás «pero que quizá es que nos merecemos». «Vivimos con menos humor, somos más egoístas y hay un retroceso democrático», insiste. «Al menos mi generación, en Francia, ha cometido gravísimos errores: aceptó la guerra de Argelia, aceptó la injusticia de los malos tratos a las mujeres y los abusos de las poblaciones inmigrantes. Aceptamos todo eso y lo hicimos por puro egoísmo, de modo que hay que pagar las consecuencias», plantea. «Es la responsabilidad de mi generación, los que ahora tenemos 80 años, y la que deja una herencia un poco penosa», admite.

Poder de la amistad

Sin embargo, confía en el poder sanador e iluminador de la literatura. Bitna, el nombre de la adolescente protagonista de la novela, significa luz. De modo que ¿simboliza que la literatura tiene el poder iluminar nuestras vidas de sacarnos de la oscuridad? «Es desde luego una bonita definición de la literatura», concede.

Como si de una Cenicienta moderna se tratase, Le Clézio presenta a esta joven de 18 años que llega a Seúl desde la Corea rural para vivir junto a una tía y una prima que, entre penurias, le harán la vida imposible. Para huir de su triste situación, la joven aceptará la oferta de trabajo de un misterioso librero: inventar historias para Salomé, que vive paralizada debido a una enfermedad incurable. Poco a poco Bitna empezará a ejercer un poder insospechado sobre Salomé. No esquivará la muerte, pero se abrirá a otros mundos a través de la literatura «que nos libra de la locura y nos aparte de la insania». Así lo cree el escritor, que mezcla cuentos de hadas con la novela de aprendizaje en una declaración de amor a Seúl, a la vida urbana y a las tradiciones milenarias que siguen siendo completamente actuales.

Es una fábula «sobre el poder de la amistad y de compartir historias para hacer que las personas olviden el sufrimiento», dice. Un canto a la importancia de las palabras contra la tristeza, el aislamiento y la enfermedad con la que Le Clézio confirma su afán de seguir escribiendo «hasta el final».

Originario de una familia de Bretaña emigrada a la isla Mauricio en el siglo XVII, Le Clézio se doctoró en letras por el Collège Littéraire Universitaire. Consagrado con su primera novela, ‘El atestado’ (1963), ganadora con el Premio Renaudot, se ha mantenido desde entonces ajeno a las modas literarias y las etiquetas, en una existencia nómada entre África del Norte, Asia y América hasta recalar, en 1970, en México. Es Autor de novelas como ‘El diluvio’ (1966), ‘La guerra’ (1970), ‘Mondo y otras historias’ (1978), ‘Desierto’ (1980), ‘El buscador de oro’ (1985), ‘Viaje a Rodrigues’ (1986), ‘Printemps et autres saisons’ (1989), ‘Onitsha’ (1991), ‘Étoile errante’ (1992), ‘Pawana’ (1992), ‘La cuarentena’ (1995), ‘El pez dorado’ (1997) y ‘La música del hambre’ (2008).



Sources:
elcorreo.com

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