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El pozo y el péndulo de Ricky Espinosa – 05/03/2019

El pozo y el péndulo de Ricky Espinosa - 05/03/2019



“Caigo en un pozo/ esto ya lo conozco/ caigo en un pozo no puedo hablar con otros/ caigo en un pozo/ me estoy sintiendo solo/ caigo en un pozo/ me estoy volviendo loco” (Caigo en un pozo, Ricky Espinosa, 1999)

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Como fade out de la imprescindible Petróleo, las Piel de Lava eligieron un tema del oscuro disco solista de quien fuera el cantante de Flema, una de las bandas más incorrectas en la historia de nuestro rock. “La pusimos porque todas la escuchábamos mucho de adolescentes. O al menos yo. ‘Caigo en un pozo/esto ya lo conozco…’”, contesta al WhatsApp la actriz Pilar Gamboa. ¿O será El Carli, su sensacional alter ego masculino en la obra?

Como también sucede en Atlanta, la serie de Danny Glover/Childish Gambino, Petróleo no juega a la sátira del mundo masculino. No hay caricatura, sino inmersión, y un intento casi desesperado de comprender un entorno ajeno. Así como la tira desmiente la omnipotencia priapica de los raperos en el endeble Paper Boi (asaltado por sus propios dealers, dubitativo, falto de arrogancia y bramido) y desliza la culpa de conciencia que siente el universitario Earn (Glover) entre sus amigos gángsters, Petróleo muestra la usurpación (cuerpos, gestos, miedos, padecimientos, masculinidad) de cuatro obreros patagónicos por parte de cuatro excepcionales actrices. En ambos casos, lo testimonial pasa por poner foco y cuerpo en la problemática del otro, con el humor haciendo luces y revocando sombras.

Como un patito feo y empetrolado, Ricardo Espinosa (1966-2002) atravesó la escena como el más punk de todos los punks. Era él contra Dios, amor, reglas y uniformes. Si en los ‘90 el género encontraba en los fans de los Stones a sus enemigos acérrimos, él era capaz de abrir un show tocando Honky Tonk Women, de la que era justamente una de sus bandas favoritas, solamente para incordiar y recibir botellazos. Si lo llamaban a participar en un tributo a The Clash, banda canónica del punk si las hay, vomitaba una versión de Career Opportunities tarareando la letra (omitiendo el valor que se le dan a los políticos textos del grupo) y cerrando con el estribillo de Liar (Mentiroso) de Sex Pistols.

Igual que su casi tocayo, el filósofo holandés Baruch Spinoza (1632-1677), Ricky sentía que “ni el intelecto ni la voluntad pertenecen a la naturaleza de Dios”. Podía bautizar Si el placer es un pecado, bienvenidos al infierno a uno de sus discos más sonados, mear a su público desde el escenario o someterse a una lluvia de escupidas sólo para recordarle a sus seguidores que eso no era libertad de expresión, sino una convención más. Al fin y al cabo, similar a la de sus ex compañeros, que por estos días cayeron en la trampa de publicar Flema sinfónico, su repertorio junto a la Orquesta Municipal de Avellaneda. Ya se siente la estruendosa, chacalesca risa de Ricky desde algún lugar del averno de los artistas malditos.

En uno de los oximorones más curiosos posibles, el cantante suicida era hincha de un equipo llamado El Porvenir. Estaba tan forjado en la cultura rock como en la sabiduría de tierra adentro, afincada en el conurbano sur, como sus padres. Así lo recuerdo en una entrevista mañanera y sorbiendo un exprimido de naranja contra su leyenda excesiva. Mascullando su infelicidad, reflexionó: “Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Todo bien, pero ¿y si la dicha es mala?”.

JB



Sources:
clarin-com

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