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La reinvención de las Series Españolas con EL PAÍS

La reinvención de las Series Españolas con EL PAÍS



Hace unos cinco años, se encontraron en una cafetería de Madrid Migue Amoedo y Álex Pina. El primero era un director de fotografía de 37 años empeñado en hacer televisión de otra manera. Quería dejar definitivamente atrás esa estética de cartón piedra y de luz de bañera de los noventa, a pesar de las dificultades: el primer día de rodaje de la primera serie en la que trabajó (Los simuladores, en 2006) acabó despedido por elegir ópticas fijas (más cercanas al mundo del cine, más luminosas, pero también más incómodas) en lugar de zoom. El segundo, Álex Pina, era un curtido creador de series de enorme éxito —como Los Serrano , Los hombres de Paco y El barco—, en la productora que poco menos que había inventado el negocio de la ficción seriada en España, Globomedia.

No se conocían, pero Amoedo había propiciado aquella cita porque tenía una propuesta que hacerle a Pina. Después de más de nueve horas y un montón de cervezas (“me senté con él a las siete de la tarde en una cafetería, nos pusimos a hablar y acabé saliendo de su casa a las 4:30 de la madrugada”, recuerda Amoedo), quedó sellado un pacto entre ellos: “Le dije que yo iba a trabajar para él, que él tenía la conexión con el público, pero yo le iba a dar verdad a sus historias, consistencia técnica, que íbamos a rodar de una forma cinematográfica”, cuenta el director de foto.

Aquel día empezó a nacer Vis a vis (el drama carcelario estrenado en 2016 que logró alcanzar el mercado anglosajón) y, poco después, La casa de papel, la historia de un atraco a la fábrica de moneda que se ha convertido en un formidable éxito mundial de la mano de Netflix —ha sido la serie de habla no inglesa más vista en la plataforma, tiene el récord de capítulos vistos del tirón por los espectadores— y ha conseguido el primer Emmy para un serie española.

Siempre tuvimos la ilusión de hacer una ficción un poco parecida a la que nosotros mismos admirábamos

TERESA FERNÁNDEZ-VALDÉS (PRODUCTORA)

Miguel Ángel Solá y Carlos Hipólito en un momento de ‘Desaparecida’, emitida por TVE1 en 2007.

La casa de papel encabeza una explosión de ficción televisiva hecha en España cuya onda expansiva llega a casi cualquier rincón del planeta a lomos de esas nuevas plataformas por Internet. Una explosión que se traduce en una desaforada carrera por subirse a una ola que no para de crecer: con unas 40 producciones en marcha a la vez, la industria admite que hoy cuesta encontrar espacios de grabación, equipos técnicos y cerrar los castings de actores. Amazon y HBO ya están haciendo series en España y Netflix ha fijado sus primeros estudios europeos en la localidad madrileña de Tres Cantos.

Pero esto no ha ocurrido de un día para otro ni ha surgido de la nada, repiten una y otra vez los protagonistas de esta historia, es decir, los profesionales que han hecho el tránsito desde aquella televisión industrial nacida en los noventa, aquella fábrica de contenidos que, con sus evidentes carencias visuales, logró montar un robusto tejido empresarial y conquistar al público con títulos Farmacia de guardia, Médico de familia o Periodistas.

Así que ahora, en este tiempo de brutal efervescencia y cambio acelerado, entre la euforia y la prevención —hay quien habla ya de burbuja—, es quizá el momento de intentar reconstruir ese recorrido que algunos describen como una evolución lógica y bastante natural y otros, como una auténtica carrera de obstáculos. “Ha habido una dialéctica muy fuerte entre gente que quería cambiar las cosas y gente que no quería que cambiara ni un ápice”, dice Amoedo. “Era una gran montaña que hemos estado 10 años subiendo”.

Malena Alterio y Javier Gutiérrez en un momento de la serie de Movistar + ‘Vergüenza’.

Para empezar este recorrido nos vamos a remontar un poquito más atrás, al verano de 2007, hasta el rodaje de Desaparecida, el drama policíaco protagonizado por Carlos Hipólito, Miguel Ángel Solá y Luisa Martín en el que muchos colocan el germen de casi todo lo que está ocurriendo ahora. Allí coincidieron el propio Amoedo —era su segunda serie como director de fotografía— y Jorge Sánchez-Cabezudo, director que unos años después sería pionero de las series de plataforma con Crematorio. Y, en el centro, como impulsores del proyecto, Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés, dos chicos que venían de trabajar en la televisión gallega y querían dar el salto nacional apoyados en el Grupo Ganga, responsables de uno de los mayores éxitos de la historia de la televisión española: Cuéntame cómo pasó.

“Siempre tuvimos la ilusión de llegar a Madrid y hacer una ficción un poco parecida a la que nosotros mismos admirábamos”, explica Fernández-Valdés sobre esa insatisfacción que empezaba a atacar a muchos creadores que disfrutaban desde hacía más de un lustro con títulos estadounidenses como Los Soprano o The Wire. Con todo ese entusiasmo, pero con muy poco dinero, Campos se recuerda escribiendo sobre la marcha para adaptar las escenas a las calles del municipio madrileño de Pinto, en el que estaban rodando. El objetivo era conseguir un cambio basado en los “valores de producción”, cuidar la dirección artística, mejorar la iluminación y la imagen, por ejemplo, trabajando por campos de luz y haciendo obligatorias esas lentes fijas que poco antes le habían costado el despido a Amoedo. “Cada peseta que nos gastábamos siempre decíamos: ‘En pantalla, que se vea en pantalla”, cuenta Fernández-Valdés.

A pesar de los malos augurios que muchos les lanzaron, las cosas salieron adelante: Desaparecida fue bien de audiencia, la crítica la ensalzó y ganó premios en España y el extranjero, se convirtió en un éxito en Argentina y tuvo un spin-off llamado UCO. Pero Campos y Fernández-Valdés pensaron que sus objetivos iban a ser mucho más factibles si montaban su propia productora. Así que, ya cómo Bambú, llegaron otros títulos como Guante blanco (esta vez con buenas críticas, pero malos resultados), Gran reserva (con la que se atrevieron a salir de Madrid y rodar en espacios naturales en La Rioja), Hispania (la primera serie de española de romanos) y, por fin, los grandes éxitos de Gran Hotel, Las chicas del cable —la primera ficción original de Netflix en España— y Fariña.

Un largo viaje que comenzó en las calles de Pinto con Desaparecida, en cuya factura tuvo también mucho que ver la otra persona que firmó la dirección de fotografía, Jacobo Martínez, que después ha dejado su sello en los trabajos de Bambú. “Ya ves, de ese mismo tronco salieron dos ramas que, a nivel fotográfico, han hecho que apostemos por una mejora de las series”, insiste Amoedo. Y aún hubo una persona más que, aunque con una aportación más pequeña, formó parte de aquel equipo: Daniel Sosa, que haría más tarde la fotografía de Crematorio, el drama sobre un constructor corrupto interpretado por Pepe Sancho estrenado en 2011 en Canal +.

Nos volvimos locos. A mí me quisieron despedir tres veces. Me decían que tenía que rodar de otra forma y yo decía que no

MIGUE AMOEDO (DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA)

Si con Desaparecida muchos creadores se dieron cuenta de que la sacrosanta fórmula del plató y las parrillas de luces en el techo se podían romper sin que nadie se arruinase, la adaptación en ocho capítulos de la novela Crematorio, de Rafael Chirbes, hecha por los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, demostró que también era posible hacer en España esa admirada ficción de cadena de pago, sin restricciones de tiempo, de temáticas, de lenguaje… Canal+ había inaugurado un año antes su producción propia con ¿Qué fue de Jorge Sanz? , creada por David Trueba —una comedia de humor incómodo al estilo del Curb Your Enthusiasm de Larry David—, y ahora tocaba atacar el drama con una producción más ambiciosa. “Éramos muy conscientes de la excepcionalidad del encargo. Estaba mucho más asociado a esas series de fuera, de la HBO, que llevábamos tanto tiempo viendo”, explica Alberto en una oficina presidida por una gran pizarra llena de personajes, flechas y tramas. A su lado, Jorge completa: “Nos cayó un caramelo, hacer la serie que siempre quisimos hacer, así que más que una idea de ‘vamos a cambiar el audiovisual español’, lo que pensábamos era: ‘¡Qué suerte!, nos dejan hacer algo de esto”.

Sin embargo, aquella vía de la plataforma de pago se cortó con ellos. La crisis que hundió la publicidad y, con ella, la producción audiovisual, hizo tambalearse toda la evolución. Pero el virus ya estaba inoculado y las cadenas generalistas continuaron abriendo caminos a pesar de todo. Y llegaron El príncipe, de Aitor Gabilondo; El Ministerio del Tiempo, de Javier Olivares; Velvet; Vis a vis…

Los ejecutivos que han venido de otros países han visto que no solo tenemos ilusión, sino además una profesionalidad muy alta

AITOR GABILONDO (GUIONISTA)

Este drama protagonizado por un grupo de reclusas fue, probablemente, la última gran batalla entre la vieja y la nueva ficción, según lo describe Amoedo. “Globomedia representaba todo lo contrario a lo que buscábamos, era las cámaras fijas ancladas, los mismos tiros de cámara… Y entramos el tridente Álex Pina, Jesús Colmenar y yo y le dimos la vuelta. Nos volvimos locos. A mí me quisieron despedir tres veces. Me decían que tenía que rodar de otra forma y yo decía que no”. Tras aquella serie, Pina salió de Globomedia después de 20 años y fundó Vancouver Media, con la que hizo La casa de papel. El verano pasado firmó un contrato en exclusiva como creador para Netflix, como el que tienen Ryan Murphy (Glee, American Horror History), Shonda Rhimes (Anatomía de Grey, Cómo defender a un asesino) o los alemanes Jantje Friese y Baran bo Odar (Dark).

La evolución de Pina como showrunner —ese concepto estadounidense de guionista, creador y máximo responsable ejecutivo— da la dimensión de la velocidad que ha tomado en los últimos tres años aquel proceso que empezó tanto tiempo atrás. Movistar+, heredera de Canal+, comenzó en 2017 un proyecto estable de producciones propias que incluye títulos como La zona, Vergüenza, La peste, El día de mañana o Arde Madrid… El aterrizaje de las plataformas globales ha colocado las series españolas en el mismo escaparate que las estadounidenses, británicas o alemanas, comprando productos ya hechos y también produciendo: la adolescente Élite ha estado en diciembre entre las series más vistas de Netflix, está por llegar la siguiente temporada de La casa de papel, Aitor Gabilondo está preparando la adaptación de la novela Patria para la mítica HBO…

Explica Gabilondo que la eclosión ha sido fruto del cambio tecnológico, que ha facilitado un consumo voraz de ficción y, por lo tanto, una necesidad enorme de contenidos, y todo ello ha encontrado en España una industria engrasada y un talento entrenado, herencia, esta sí positiva, de aquella televisión de los años noventa: “Nos ha pillado con los deberes hechos. Los ejecutivos que han venido de otros países han visto que no solo tenemos ilusión, sino que tenemos además una profesionalidad muy alta en todos los departamentos”.



Sources: elpais.com

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