Puerto Rico

La receta para combatir el crimen

La receta para combatir el crimen


La orden era inapelable y llegaba invariablemente, todos los días, a la misma hora: 6:00 p.m..

“Los muchachos que estaban en conductas delictivas a las 6:00 de la tarde iban por todas las calles y nos recogían. Nadie podía salir”, recuerda Gustavo Chico, de 31 años, sobre una de las experiencias de su niñez en el sector Playita de Santurce.

De esa hora en adelante, las calles del barrio eran candela, no seguras para nadie que no estuviera relacionado con el tráfico de drogas. “Era normal. Yo de niño, seis o siete años, escuchaba tiros y no me asustaba, porque eso era completamente normal en mi entorno”, agrega Chico.

Con el tiempo, Chico, cuya madre tenía tres empleos, por lo cual prácticamente nunca la veía, se encontró con una organización sin fines de lucro, Boys & Girls Club, que le mostró que había todo un mundo más allá de la “normalidad” del crimen y la violencia, al que se podía acceder mediante la educación y la disciplina.

El joven, que entonces tenía 13 años, se entregó de lleno a la experiencia, superó el barrio, hizo un bachillerato en Educación y hoy es director de estrategias de Boys & Girls Club, organización desde la cual ayuda a otros jóvenes en riesgo como él a ver alternativas más allá del crimen.

A otros de su calle, de su barrio, de su entorno, no les fue igual. “Muchos se quedaron en el camino. Fue bien difícil. Uno lo viene a entender ahora de adulto. En las condiciones en que uno estaba, en ese momento, uno pensaba que eso (el crimen) era lo normal”, reflexiona el joven, padre de un niño de siete años.

Un vídeo de un cruento tiroteo en plena zona turística de Isla Verde, más de veinte homicidios en la primeras semanas del año, el asesinato del cantante de trap Kevin Fret, múltiples balaceras en lugares públicos, un niño de 10 años baleado en Coamo y muchos otros hechos de sangre en días recientes han puesto a Puerto Rico frente a frente otra vez con el rostro de bestia del crimen, que lleva décadas ensañado con la isla, sin que se le haya podido derrotar.

El gobierno ha respondido como es usual en circunstancias así.

El gobernador Ricardo Rosselló dijo que el problema es su prioridad y prometió “no darle tregua a los narcotraficantes”, como muchos otros gobernantes. Llevó a cabo una reunión de emergencia. Convocó a una cumbre que se llevará a cabo la semana próxima. Fue personalmente a un operativo en un residencial público.

Se establecieron alianzas con municipios para fortalecer el patrullaje. Se traerán a la Policía oficiales armados de otras agencias.

Con algunas variaciones, son exactamente las mismas medidas que se han estado utilizando por décadas, sin que en ningún momento el crimen, la violencia y la inseguridad hayan dejado de ser una parte esencial de las angustias de los puertorriqueños y puertorriqueñas.

El crimen, sí, ha bajado en los últimos años. Pero, con 639 asesinatos en el 2018, Puerto Rico tiene una tasa per cápita de 20 homicidios por cada 100,000 habitantes. En el 2017, esa cifra lo habría colocado número 17 en el ranking mundial de países más violentos del mundo.

La tasa en Estados Unidos es de ocho por cada 100,000.

Chico no es policía, criminólogo, ni nada que se le parezca. Pero habiendo crecido en un ambiente de violencia y logrado sobreponerse a ese entorno, más ahora en contacto continuo con muchachos a los que trata de ayudar a superar esas circunstancias, tiene unas ideas sobre cómo se combate el crimen, que le parecen apropiado compartir.

“En la comunidad en que yo me crié, y que es común en las comunidades que nosotros (en el Boys & Girls Club) servimos, las necesidades van más allá de una semana, un mes, que puede durar una operación policiaca. Salir de esto requiere una capacitación, una educación que cambie y transforme las vidas, que ayude a nuestros jóvenes a tener una visión del futuro diferente. En mi caso, mi visión del futuro cambió considerablemente con mentores que tuve en la organización, que me ayudaron a ver otro mundo de oportunidades. Creo que sin ese tipo de experiencia no puede ser”, dice Chico.

Años de evidencia ignorada

Muchos expertos coinciden.

Por años, figuras de la academia, y ocasionalmente hasta desde adentro del gobierno, han estado diciendo que el enfoque punitivo con el que se ha intentado combatir el crimen aquí por décadas no iba a dar resultado y podía empeorar los problemas, en lo cual el tiempo les ha dado la razón.

En cambio, el enfoque social, comunitario y sistémico (como el que se siguió con Chico), que sí tiene resultados positivos que se han demostrado, nunca ha sido tomado con seriedad por el gobierno, que lo ha dejado en manos de organizaciones no gubernamentales, cuyos recursos no dan para implantarlo más allá de algunas comunidades y a las que, para colmo, cada vez da menos cooperación económica.

“Los gobiernos no les prestan atención a esas estrategias porque eso no da votos. Es más fácil hacer una redada”, dijo el veterano salubrista Salvador Santiago, quien se retiró recientemente como profesor de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

En el cuatrienio en que Sila María Calderón gobernaba, Santiago presidió la extinta Comisión para la Prevención de la Violencia (Coprevi). Calderón le pidió un informe sobre las causas de la violencia y las maneras de combatirla. Santiago y su equipo estuvieron trabajando más de un año en la encomienda.

Terminaron con 127 estrategias para combatir el problema. Pero cuando terminaron, ya Calderón no era gobernadora. “Nosotros no vamos a bregar con embelecos de Sila”, dice Santiago que le dijo un ayudante del próximo gobernador, Aníbal Acevedo Vilá, cuando le llevó las recomendaciones.

Santiago, como muchísimos otros expertos aquí y afuera, dice que la principal raíz del crimen está en el gran nivel de desigualdad que vive Puerto Rico, que recientemente fue identificado como el tercer país más desigual del mundo en un análisis del Centro de Información Censal del recinto de Cayey de la UPR.

La desigualdad hace que unos tengan muchas oportunidades y otros muy pocas. Esta situación se agrava en lugares pequeños como Puerto Rico, donde los pocos que tienen mucho se topan a diario en las calles con los muchos que tienen poco.

En un país como Puerto Rico, con sistemas de educación y salud pública muy deficientes, por otro lado, no sobran las oportunidades de avanzar socialmente. El narcotráfico y el crimen, que ofrecen mucho dinero sin necesidad de preparación académica ni vocacional, se convierten entonces en una enorme tentación.

El perfil del confinado del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) dice que el 65% de los confinados viene de hogares con ingresos de menos de $20,000 anuales. Para el 51%, los ingresos procedían de beneficencia pública.

“Cuando uno mira la desigualdad, uno realmente de lo que está hablando es que hay una falta de oportunidades. Unos se benefician y otros no. Eso es lo que lleva a muchas personas a escoger la actividad criminal, porque paga bien”, dice el economista José Caraballo Cueto, un experto en temas de pobreza y desigualdad. “Por décadas, el problema de la desigualdad se ha dejado ahí, se ha mirado para otro lado”, agregó Caraballo Cueto, quien cree que el huracán María agravó el ya serio problema de desigualdad existente en Puerto Rico.

En el 2016, Caraballo Cueto publicó un artículo académico en la revista científica International Journal of Business and Economic Sciences Applied Research en el que llegó a la conclusión de que el deterioro de la situación socioeconómica de Puerto Rico es responsable del aumento en los homicidios que se experimentó durante la última década.

En los pasados 10 años, se cometieron en Puerto Rico un promedio de 805 asesinatos al año.

“Aunque se necesitan más investigaciones, algunas de las conclusiones a las que se puede llegar son que un mejoramiento significativo en el ambiente socioeconómico, especialmente creación de empleos en todo el país, es necesario para reducir el alto nivel de homicidios y para asegurar una tasa baja o ‘natural’ de crímenes”, dice el artículo del profesor Caraballo Cueto.

El gobierno ha recibido por décadas múltiples informes, análisis y estudios que le señalan la ruta hacia maneras más efectivas de combatir el crimen, pero siempre los ha ignorado.

Uno de los últimos esfuerzos lo encabezó la organización no gubernamental Comisión para el Desarrollo del Plan Nacional de Seguridad Solidaria de Puerto Rico. En el 2013, esta organización entregó al gobierno y a partidos de oposición la Estrategia de Nacional de Seguridad Solidaria de Puerto Rico, un documento de 68 páginas con siete estrategias sumamente detalladas para combatir la violencia.

En la confección del documento, participaron 80 organizaciones no gubernamentales,que trabajaron varios años en el plan. Nunca, que se sepa, el documento fue siquiera leído por algún funcionario gubernamental.

La sicóloga social comunitaria María de Lourdes Lara, quien participó en la confección del documento, dice: “Se produjeron alternativas que, de haberse implantado, hoy nos situarían entre los países más seguros del mundo”.

Este informe, más muchos otros, establecen que la atención multidisciplinaria a jóvenes en comunidades marginadas es clave para combatir la propagación de la violencia. Eso, precisamente, es lo que hace Boys & Girls Club, que tiene sucursales en 13 comunidades marginales en los que atiende a niños, a los que enseña a que hay vías más allá de la delincuencia para alcanzar sus metas y los prepara para superar los desafíos académicos y vocacionales que se encontrarán en el camino.

No hay respuesta sencilla

“No hay ninguna respuesta sencilla a un problema tan grande como el crimen. Creo que tiene que haber un plan multisectorial que incluya a todos sus componentes, toda la ciudadanía”, dice la trabajadora social Alicia Rodríguez Arroyo, quien es gerente de área de Boys & Girls Club.

La organización, que atendió el año pasado a 13,500 jóvenes y 8,000 adultos de las familias de estos, tiene maneras de medir su desempeño y dice que le va bien. Por ejemplo, entre la población general de 18 a 24 años, solo el 88% completa la escuela superior, pero entre los jóvenes participantes de Boys & Girls Club esa estadística asciende al 99%.

Esto es importante en el contexto de la lucha contra el crimen, porque el perfil del confinado dice que solo el 38% de los reos completó la escuela superior.

Los participantes de Boys & Girls tambien demostraron niveles mucho menores de uso de alcohol, cigarrillos, marihuana y actividad sexual prematura que el resto de la población.

En días recientes, El Nuevo Día entrevistó en la sede del residencial Las Margaritas de Boys & Girls Club a las jóvenes Danielie Rivero y Nefertari Martínez.

Ambas vienen de entornos de pobreza extrema. Danielie vio a su padre traficar drogas hasta que fue asesinado cuando ella tenía nueve años. Nefertari tenía un terrible desempeño en la escuela por el ambiente de violencia intrafamiliar en el que vivía.

Ambas fueron rescatadas por Boys & Girls, que las entendió en su contexto y les enseñó que había otros caminos en la vida. Ambas están hoy en la universidad, Danielie estudiando Periodismo y Nefertari, Enfermería. “Si no tuviera la educación, no sería la persona que soy hoy en día”, dijo Nefertari. “Para uno entender la importancia de la educación, uno tiene que tener padres educadores, personas que nos eduquen”, agregó Danielie.

65,000 problemas menos

La organización decana en la atención a comunidades marginadas es Centros Sor Isolina Ferré, fundada en 1969 y que actualmente tiene 24 sucursales en distintas partes de la isla en las que atiende unas 65,000 personas al año.

Centro Sor Isolina tiene programas para prevenir la deserción escolar y los embarazos no deseados, así como para reencaminar hacia la escuela o carreras vocacionales a quienes ya hayan abandonado la escuela.

José Luis Díaz, director de los Centros, describe al crimen como una enfermedad que tiene síntomas y causas. La violencia, dice, es un síntoma.

Las medidas policiacas punitivas, agrega Díaz, son como una aspirina que atiende el síntoma. Pero si no se atiende la causa, eventualmente el síntoma volverá y el paciente puede hasta morir. “Eso es lo que nosotros hemos entendido después de 50 años trabajando con esto”, dice Díaz.

Los Centros Sor Isolina Ferré también miden su desempeño y tienen buenos resultados. En el 2018, los Centros evaluaron una muestra de los participantes que habían concluido cinco años antes, en 2013, sus programas de prevención de deserción escolar, embarazos entre adolescentes, criminalidad y la productividad de los egresados de sus programas de educación alternativa.

Encontró que el 96% de los participantes no había incurrido en ninguna de las conductas que se quisieron prevenir. “Todo el mundo quiere resultados inmediatos, pero las intervenciones de eliminación de riesgos en las comunidades no ocurren tan rápido”, dice Díaz.

“No todo el mundo nace y corre inmediatamente. A la persona en riesgo tienes que ir poco a poco, dándole los elementos para que se convierta en atleta. Tienes que ir poco a poco”, agrega Díaz.

clubwifiusa


Sources: metro.pr

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