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Juan Pablo Geretto: “Es hermoso tener un lugar donde poder enloquecer” – 16/12/2018

Juan Pablo Geretto: "Es hermoso tener un lugar donde poder enloquecer" - 16/12/2018

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Todavía podría estar cortando cabelleras en la peluquería “Tu y yo”, en la que las tijeras mal maniobradas por él provocaban desastres de autor en las cabezas de las clientas. Pero no. Está en un escenario, como desde hace más de 20 años, recortando, planchando, alisando, tiñendo, enrulando palabras. Un juego parecido al del estilista: el oficio de “cambiar” cabezas.  

“No les dejaba bien el pelo, pero ninguna clienta fue a quejarse. Yo les hablaba y les hablaba. Será que, de algún modo, les hacía bien”, deduce Juan Pablo Geretto, autor y actor que preferentemente encarna a mujeres. 

Geretto en su unipersonal “Yo amo a mi Maestra Normal” en 2010.

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De adulto “juega”, de niño trabajaba. A los ocho y por “propia decisión” repartia diarios los sábados, cada 15 días. Después, fue mozo, abrió una empresa de preparación y venta de lemon pie y un local “como de fast food, pero de corte rápido de cabello”. El transformismo llegaría más tarde.

¿Por qué un hombre que ha explorado intensamente la cultura del trabajo termina ganándose el pan desangrado en el teatro? ¿La típica necesidad de afecto, de legitimación social, de aplauso? ¿Apenas la necesidad económica? La explicación es más poética: “Es hermoso tener un lugar donde poder enloquecer”, dispara el título y se ríe. “Es como estar en pelotas en la 9 de Julio, libre”.

Todo lo que hoy escribe, empezó a escribirse sin querer en una casa obtenida gracias al Fondo Nacional de la Vivienda. “La última casita del pueblo, el campo, la ruta, las máquinas agrícolas, las calles de tierra”. Un padre viajante de comercio, una madre ama de casa, una clase media baja y “la belleza del barro” como patria de infancia.

Geretto en Camarín de las Musas, donde estrenará “Estrella”. (Foto Maxi Failla).

-¿Cómo era crecer en el barro?

-En el barro, literal. El barro como juguete, la libertad hasta los cinco años. Después llegó la escuela como una pesadilla, la 6035, Mariano Moreno. No era buen alumno, pero era buena persona y los encantaba. Tengo una gran capacidad de gestionar cariño. A los 12 yo ya me quería ir del pueblo. A los 14 ya hubo otro planteo familiar para irme. Fue a los 17 finalmente que me fui a Rosario.

-¿Por qué te querías ir?

-Yo siempre me quiero ir. Estoy en Italia y ya quiero saber qué pasa en Francia.

-Como si nunca estuvieras donde tu cuerpo está, como cuando hacés teatro…

-Claro. Y a su vez todos los lugares son mi casa. No tengo un gran arraigo con ningún lugar. 

“Siempre me sale una voz femenina a la hora de escribir”, dice.

-Volvamos a Gálvez. Crecer interesado en el teatro, ignorando el fútbol… 

-Gálvez es la Capital nacional del canto coral. Una ciudad con intereses culturales. Vino al colegio un grupo de adultos para hacer un casting para una obra. Terminé siendo el detective de esa obra. Y los sábados a la tarde yo estudiaba teatro con el grupo de adultos. Me interesaba más estar entre grandes. Tal vez era mi pretensión de artista. 

-¿Y cómo llegó el transformismo a tu vida?

-Caí en lo de una especie de drag queen (artista que actúa con atuendo de mujer) que nos dio casa y comida. Hubiéramos podido caer en cualquier lado. Ella nos dio una profesión. Era hacer teatro de una manera más libre todavía de la que yo lo hacía. Trabajaba con un gueto gay y eso me dio más entrenamiento que cualquier escuela.  

(Foto: Maxi Failla).

-¿Te interesaría ser más popular? Hacés teatro desde hace más de 20 años, tuviste un primer coqueteo con la televisión en “VideoMatch”. 

-Más popular en el sentido de convocar permanentemente público al teatro. Pero no quiero esa popularidad que abruma. Si pudiera vivir sin trabajar, lo haría.Yo fui a VideoMatch para concursar (Comic 2002), gané y no sabía si quería seguir. Yo ya era muy popular en Rosario, había hecho Sólo como una perra en el Monumento a la bandera, con 18 mil personas. Me crié mirando tele  y por ese tema siempre me peleo con intelectuales: soy más lector de imágenes que de libros. No es lo mismo alguien de 44 ó 45 años, bien alimentado, educado en la vieja escuela pública, que ve tele. Yo no me creo lo que pasa en la tele. Si todos viniéramos del mismo lugar, la tele no sería peligrosa. 

-¿Por qué creés que hacés el tipo de teatro que hacés, siempre con mujeres verborrágicas? ¿Todo remite a tu madre o a qué gran mujer inspiradora?

-Yo hablo de lo que me impactó, de lo que se me impregnó, sólo hay que raspar un poquito, poner un ablandador de recuerdos y todo está ahí, la palabra recordar significa volver a pasar por el corazón y hago eso.

-Hablás de “un ablandador de recuerdos”. ¿Cuál es tu forma de “ablandarlos”?

-Poner el foco en algo, iluminar una zona. Soy como un archivista que entra a buscar algo. Me gusta escribir con sueño, en los momentos más desprevenidos, como los momentos que son más verdaderos en mí. 

(Foto: Alfredo Martínez).

-Desde muy chico te fascinaba vestirte de mujer. ¿Cómo era ese trance en el que necesitabas hacerlo?

-Es inexplicable. ​Ni siquiera tiene que ver con imitar a mi mamá, que tenía todo el día botas de goma y su perfume era el olor a lavandina. (Se ríe). Hay un montón de nenes como el que yo fui. A veces el niño sólo está explorando. Si no existiera la mirada temerosa, si pudiéramos normalizar la carencia. Porque todos tenemos una carencia. Cada uno la suya particular. Mi carta astral dice que yo todo lo hago desde el punto de vista de la mujer.

-¿Qué explicación le encontraste a esa fascinación por la mujer?

-Siempre me sale una voz femenina a la hora de escribir. Será que ignoro lo que dicen los hombres, o que es la mujer la que enseñaba la palabra a los hijos. No vi hombres cargando bebés, cambiando pañales. Aunque en mis espectáculos los hombres son amorosos. Será también que mamá y yo estábamos solos, que en Gálvez los tipos se iban a laburar afuera y era como criarse en un gallinero, en un mundo muy femenino.

-Matriarcardo…

-No. Era matriarcal eso, pero desde el machismo. Lo que decidía la mujer lo hacía con mentalidad machista. Yo era un chico gay, debería haber sido todo tan natural como  si te doliera un pie. Me tuve que construir desde ahí. Sé cómo moverme en la clandestinidad. Nos juntábamos entre amigos y ni entre nosotros tocábamos el tema. Un amigo, por ejemplo, se hizo travesti y lo dejé de ver. Fue un rechazo sin querer. No es tan fácil la libertad.

-¿Por qué?

-Yo, por ejemplo, me había criado con la no posibilidad de casarme. No era posible y no iba tras lo imposible. Y cuando llegó ese derecho me paralicé. Festejo este momento, pero igual me da miedo.

-¿Miedo a qué?

-Pensá: hay más mujeres muertas desde que esto sucede, hay más homofobia desde que esto sucede. Tengo miedo de que ganen los malos. 

Estrella, el nuevo unipersonal de Juan Pablo Geretto.

Geretto es autor y protagonista de Estrella, un unipersonal sobre una revendedora de cosméticos cuyo único sueño es mirar televisión. Estreno: 4 de enero, en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Dirige Virginia Martínez. Funciones: viernes y sábados, a las 20 y 22. 



Sources:
clarin-com

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