Argentina países

Enorme deuda y estratosférico ahorro: paradojas de la economía italiana – 15/12/2018

Enorme deuda y estratosférico ahorro: paradojas de la economía italiana - 15/12/2018



El problema con todos los prejuicios es que nunca expresan la verdad. Una brutal demostración de ese axioma se vio en mayo pasado, cuando Italia adelantó que aumentaría su deuda para financiar programas sociales, violando acuerdos presupuestarios de la Unión Europea. En esos días, un artículo del semanario Der Spiegel –epítome de la mejor prensa alemana- acusó a los italianos de ser los “garroneros” (Schnorrer) de Europa por vivir siempre de los demás con su tendencia al despilfarro y la indisciplina. Poco más tarde, el comisario europeo del Presupuesto, Günther Oettinger, echó más sal en la herida: “Espero que los mercados enseñen a los italianos a votar correctamente”, dijo. Por la gravedad del insulto, intervino esa vez la embajada en Berlín. Sottovoce, la bronca continúa, sin embargo.

Aunque estas afrentas no son nuevas –se repiten con diversos tonos y ocasiones desde hace años-, lo paradójico del caso es que surfean sobre un océano de falsedades. La primera desmentida la provee la historia: estos conceptos de los que se apropian los alemanes para dar cátedra sobre cómo deben ser las finanzas públicas –entre ellos, el de la severidad fiscal- son, en verdad, una creación italiana del siglo XIV. El humanismo florentino de la época, mientras elaboraba el cuerpo doctrinario del naciente Estado moderno, rescató conceptos del ejército romano y del pensamiento neoestoico para convertirlos en instrumentos de cohesión y obediencia social en una época signada por guerras continuas y rojo presupuestario. Como informan historiadores alemanes del período (G. Oestreich, O. Hintze, H. Maier), conceptos tales como orden, rigor, austeridad fiscal, disciplina (ordo, gravitas, austeritas fiscalis, disciplina) se filtraron ya entonces en el aún débil aparato estatal, ideas que dos siglos más tarde llegaron a una Alemania aún lacerada por las convulsiones de la Reforma. Para aquella teoría política, eran nociones tan evidentes como lo son hoy las de justicia social o derechos humanos.

Pero los prejuicios que llegan del norte sucumben también bajo la guillotina inapelable de las matemáticas. Según el Banco Central Europeo, el ahorro privado italiano era, al 31 de marzo, de 4,4 billones de euros, el doble de su deuda pública. Esa riqueza básicamente financiera (un 84% en acciones, bonos, seguros, cuentas corrientes) coloca a Italia al tope de Europa pues más que duplica su PBI. Los alemanes y sus vecinos del Báltico acusan a Roma de continuas violaciones de los límites de déficit fiscal (3% del PBI) o de deuda (60%) que ordena el Tratado de Maastricht. Y tienen razón: Italia padece una larga historia de rojos presupuestarios. Pero también es cierto, como dijo el Instituto de Estadística Europeo, que los países del euro incumplieron esos límites en 137 ocasiones entre 2000 y 2010. Alemania, paladín del rigor fiscal, lo hizo 14 veces.

Cuando se quita entonces la vista de lo inmediato, todo cobra una nueva dimensión. El cliché dice que los italianos son incurables derrochadores y que la deuda es un indicio. Además de simplista, equivale a mirar el asunto a ras del suelo, olvidando tomar la deuda como lo que es: un enorme negocio que crece a escala geométrica.

Una reciente investigación sobre el débito público italiano de la Bocconi, la universidad de la élite empresaria de Milán, ilustra de modo claro cómo se formó y a qué necesidades respondió desde 1897 hasta hoy. El académico Roberto Artoni subraya allí que la mayor suba del débito ocurrió entre 1980 y 1996 cuando pasó del 60% al 100% del PBI. En 1994 llega al 124%. Eran épocas de una aguda suba de tasas en EE.UU., que castigó duramente las finanzas de Roma. Artoni agrega: “En la historia de nuestro país es luego reconocible una sistemática componente especulativa que ha influido fuertemente sobre el valor externo de la lira con importantes consecuencias sobre la dinámica inflacionaria interna y, por tanto, sobre el aumento de la relación PBI-deuda”.

Aunque suene paradójico, es justamente por el lado del estratosférico ahorro italiano donde mejor se evidencia quién se beneficia del circuito de deuda y quién lo padece cada vez más.

Según la Banca de Italia, poco más de la mitad del ahorro pertenece sólo al 10% de los hogares del país. Desde 2006 a 2016, el patrimonio de las 10 familias más ricas creció de 46.000 a 86.000 millones de euros. La brecha distributiva no deja de aumentar desde la crisis de 2007, que paradójicamente la agravó. Es como si las dos manos de ese cuerpo que es Italia, aquella que paga y aquella que recibe, no pertenecieran al mismo organismo. Aunque el ahorro resulta hoy superior al de antes del crack financiero de 2007, conviene ver quién lo detenta: mientras los pequeños ahorristas, las pymes y los jubilados pierden poder de compra, los italianos con un patrimonio mayor a 800.000 euros son un 20% más que hace siete años. Federico Fubini, analista del Corriere della Sera, informa que desde 2008 las familias de bajo rédito han visto reducir sus ahorros más de cuatro veces respecto a los de las franjas medias y más altas. “Es la riqueza a dos velocidades de los italianos”, comenta. En el otro frente, se apila el cada vez más numeroso ejército de desocupados y precarios, que deben endeudarse para sobrevivir. Fácil es ver cuán lejos estamos aquí del paraíso de los “garroneros” del que habla Der Spiegel con su reproche moral.

Es esta tesaurización del ahorro la que termina por refrenar la economía. Aquellos que pueden hacerlo ahorran un poco –el llamado gruzzoletto, el dinero apartado para afrontar imprevistos. Los que cuentan con más recursos prefieren en cambio estacionar el dinero en el banco o no consumir ni invertir. En la otra vereda, la alta finanza italiana sigue sumando mucho dinero con los bonos aún en tiempos de tormentas.

La deuda pública equivale al 132% del PBI (2,2 billones de euros). Italia debe ceder en 2019 unos 70.000 millones de euros en intereses y refinanciar bonos por 390.000 millones. La economía creció un 1,6% en 2017, pero los intereses que paga superan esa cifra. Dos tercios del débito está en manos italianas. Son bancos, empresas y grandes familias que reciben dividendos anuales de su inversión pagados con impuestos de todos los italianos. El mecanismo lubrica una masiva redistribución hacia los sectores más altos, que son los que pueden comprar bonos. La reducción de la progresividad impositiva y la alta evasión (unos 110.000 millones al año) agudizan ese fenómeno.

En una reciente entrevista con El País de Madrid, iluminando los intereses en juego, el ex premier Romano Prodi mostró su desazón al subrayar de qué modo la élite italiana evita encarrilar la cuestión: “El problema más importante -dijo- es la falta de compromiso para reducir la deuda”. Pero el gobierno de Roma, para pagar sus promesas electorales, insiste con aumentar su déficit y añadir nafta a las llamas. Aunque a los ojos de muchos es una situación de delirio, debe asimismo admitirse que no lo es menos seguir apostando al casino italiano. Lo peligroso del caso es que a uno y a otro lado de ese abismo parece hallarse en algún punto el futuro mediato del país.

clubwifiusa


Sources:
clarin-com

Related posts

Primer ministro israelí se reúne con Theresa May el 6 de febrero en Londres

admin

Rivas: Son normales las amenazas de grupos criminales

admin

España | Estado Islámico se atribuye el atentado en las Ramblas de Barcelona que dejó al menos 13 muertos

admin

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.