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El juicio de El Chapo pone al descubierto su vida de nuevo rico | Internacional

El juicio de El Chapo pone al descubierto su vida de nuevo rico | Internacional



Joaquín El Chapo Guzmán empezó a traficar con cocaína porque era pobre. “No tenía para comer”, cuenta Miguel Ángel Martínez, conocido entre los miembros del cartel de Sinaloa como El Gordo. De vender naranjas y panes horneados por su madre pasó en pocos años a acumular una fortuna que le permitió hacerse con una flotilla de cuatro aviones privados, mansiones desperdigadas por las mejores playas de México y hasta un zoológico en uno de sus múltiples ranchos.

“Todo esto fue gracias al boom cocainero a comienzos de los años 1990”, relató Martínez en la séptima jornada del juicio contra el capo mexicano que se está celebrando en Brooklyn, mientras la fiscalía presentaba al jurado la foto de un LearJet 36 de Bombardier estacionado en un hangar. Cuando empezó a trabajar como piloto para Guzmán, narra, su jefe “no tenía nada”. El ascenso fue fulgurante y antes de su primer arresto gastó 10 millones de dólares en comprar una propiedad en Acapulco (Guerrero, Pacífico mexicano).

El LearJet 36 de El Chapo

El Gordo llegó a ser la mano derecha de El Chapo. “Fue el mejor negocio del mundo”, recuerda. En el embarcadero de esa mansión tenía atracado un yate que llamó “Chapito”, siempre según el testimonio del segundo cooperante de la fiscalía. Fue tan rico, que el rancho de su propiedad en Guadalajara (Jalisco, la región donde empezó a construir el cartel) tenía, entre otras cosas, cuatro piscinas y un zoológico con tigres, leones, panteras y venados. “Los invitados lo recorrían en trenecito”, comenta al exponerse las extravagancias de nuevo rico.

Los viajes al extranjero se hicieron más frecuentes conforme crecía la abundancia de efectivo. “Estuvimos en Brasil. Argentina, Europa, Japón, Hong Kong y una vez fue a Suiza para hacerse un tratamiento de rejuvenecimiento. También a Macao para jugar”. El Gordo recibió, según su relato, órdenes de su jefe para que hiciera generosos regalos a las personas que le arropaban. “Un diciembre tuvo que comprar 50 coches de lujo. Podían elegir entre tres modelos”.

Pero mantener toda esa opulencia costaba muchísimo dinero. “Unos 12 millones de dólares mensuales”, precisa Martínez, que se presentó ante el jurado como el gestor de los negocios de Guzmán. Habló de todas las mujeres con las que tenía una relación sentimental, “su familia era muy grande”. Y de las fiestas que organizaba. “Le gustaba coñac”, detalla. El sueldo que recibía de su jefe era escaso para todo lo que tenía que hacer, dice: un millón de dólares al año.

El relato de Miguel Ángel Martínez se centra en la fase incipiente de la organización criminal. Él estuvo a sueldo de Guzmán entre 1987 y 1993. Entre sus responsabilidades, gestionar en su nombre el dinero que se obtenía de la venta de la droga en EE UU. Los aviones privados se utilizaban para transportar el efectivo desde la frontera hasta Ciudad de México, en tandas de 10 millones. El testigo explicó que el dinero que llovía del cielo se introdujo después en el sistema bancario, “si me preguntaban decía que era por un negocio de exportación de tomates”.

La guerra

Los beneficios de las actividades ilícitas se utilizaron también para comprar propiedades con identidad falsa para así poder blanquear el dinero de la droga o establecer sociedades tapadera para que la empresa criminal pudiera realizar sus operaciones, como el envío de cocaína en latas de jalapeños. El efectivo se dirigió así mismo a pagar sobornos a las fuerzas de orden en México, la adquisición de casas a ambos lados de la frontera para la construcción de túneles y para luchar contra el cartel rival de Tijuana.

La guerra que se abrió con los Hermanos Arellano-Félix tuvo dos momentos clave que dieron relevancia a la figura de El Chapo: el tiroteo en la discoteca Christine y el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. “Todos se hicieron famosos entre la prensa y los políticos”, contó, “se hizo muy difícil operar porque sus fotos estaban en las cadenas nacionales cada diez minutos”. Guzmán acabó siendo arrestado en junio de 1993, cuando trataba de escapar a El Salvador.

El Gordo se hizo cargo temporalmente de todas sus posesiones y sobornó a un funcionario de la cárcel para que “cuidara” a El Chapo. Logró así pasarle un teléfono móvil para que pudiera comunicarse con el exterior y seguir dirigiendo la organización. Guzmán le pidió, además, que cuidara de todas sus mujeres y su familia.  “No tenía el carácter para tomar su lugar y liderar el cartel”, admitió. Martínez fue arrestado en 1998 y extraditado tres años después a EE UU.



Sources: elpais.com

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