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El ejército de batas blancas cumplió su misión › Gracias por la vida › Granma

Recibimiento a Médicos Cubanos  procedentes de Brasil en la terminal nro.3 del aeropuerto José martí


Roberto Gainza Santos ya no asistirá gratuitamente a los caboclos y colombos del municipio Bomfim, en el estado de Roraima, Brasil. Seguramente los hombres y mujeres que pertenecen a estas etnias, ancladas al norte del gigante sudamericano, no vuelvan a ver un doctor en su vida.

Quizá en este minuto alguien necesite urgentemente los cuidados de Roberto, como aquella gestante de la que habla con la mirada perdida, aquella mujer a la que le practicó una cesárea en las condiciones más desfavorables, y que pudo tener a su hijo sano y salvo gracias a él. Pero el doctor Gainza ya no dará consultas a colombos y caboclos de Bomfim: un presidente, al que no le importan los pobres, lo quiso así.
El aeropuerto Internacional José Martí fue tomado esta madrugada por un ejército de batas blancas.

Recibimiento a Médicos Cubanos procedentes de Brasil en la terminal No.3 del Aeropuerto José Martí. Palabras de bienvenida a cargo del Viceministro de Salud Pública de Cuba, Alfredo González(I), Roberto Morales Ojeda vicepresidente del Consejo de Ministros(C), José Angel Portal Miranda Ministro de Salud Pública(D) Foto: Dunia Álvarez Palacios

Otro grupo de colaboradores del Programa Más Médicos, que operaba hasta hace unos días en Brasil, retornaron a la patria tras las incongruencias del gobierno de ese país en relación a la misión internacionalista cubana, responsable de garantizar asistencia médica en los lugares más inhóspitos de su geografía.

Tras su llegada, la tripulación fue recibida con las palabras del doctor Alfredo González Lorenzo, viceministro de Salud Pública, quien congratuló a los recién llegados por «llenar de esperanza a las poblaciones más pobres de Brasil» y cumplir cabalmente sus servicios junto a los miles de médicos que, durante cinco años, prestaron servicios profesionales en el país sudamericano.

«Por estos días los revolucionarios cubanos hemos sentido un profundo dolor ante el impostergable regreso de ustedes a la patria, por la repercusión que esto tendrá en los servicios de salud del pueblo brasileño. Pero no teníamos otra alternativa: estaba en juego su seguridad, la felicidad de sus familias, y la dignidad que nos ha hecho llevar siempre la frente en alto, como aprendimos de Maceo, de Martí y de Fidel», declaró.

En el salón donde se realizó el acto de bienvenida se amontonaban las historias de los médicos cubanos. A pesar del cansancio, de la timidez y de las ganas de abrazar a la familia en la línea de espera, algunos héroes de blanco accedieron a relatar sus experiencias. Tal fue el caso del doctor guantanamero Yusniel Pérez Beltrán, colaborador en el estado de Ceará, en la región del nordeste, quien agradeció la posibilidad de poner sus conocimientos en función del bienestar de muchas personas pobres durante dos años.

El Dr. Roberto Morales Ojeda, Vicepresidente del Consejo de Ministros recibe a los Médicos Cubanos procedentes de Brasil en la terminal No.3 del Aeropuerto Internacional José Martí. Foto: Dunia Álvarez Palacios

«Siempre tuvimos claro que volveríamos a la patria pasara lo que pasara. Y sí nos impactó mucho la noticia del retorno, porque fueron varios años ayudando a gente que ahora mismo no tienen la posibilidad de pagar los servicios médicos; personas que nunca habían visto a un médico por todo aquello, y con las que establecimos una relación muy humana» dijo.

El propio doctor Yusniel se refirió a las muchas propuestas de contratación en hospitales privados que trataban de seducir a los colaboradores cubanos. Al respecto, el viceministro González Lorenzo expresó: «A Jair Bolsonaro no le ha importado la salud de los millones de brasileños atendidos por los médicos cubanos, a quienes ha irrespetado y tratado de comprar en reiteradas ocasiones».

La región donde operaba el destacamento de Pérez Beltrán contaba con 15 galenos en total; de ellos, trece eran cubanos y solo dos, brasileños. Sin lugar dudas, el pueblo del Sao Benedito, con sus 65 mil habitantes e, incluso, este par de homólogos brasileños, extrañarán a los médicos que se intrincaban en la sierra para llevar bienestar a los desfavorecidos, esos que no cobraban ni un real por practicar la medicina.

Recibimiento a Médicos Cubanos procedentes de Brasil en la terminal No.3 del Aeropuerto Internacional José Martí. Momento emotivo donde los colaboradores se encuentran con sus familiares. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Como Yusniel, otros tantos doctores se refieren a sus antiguas vidas profesionales en Brasil con una mezcla zozobra e impotencia. En el salón donde los familiares reciben a los recién llegados, una joven doctora de Pinar del Río, aturdida por los convencionalismos de la aduana, alcanzó a comentarme que viajaba en su municipio hasta 100 kilómetros diarios para brindar sus servicios a las comunidades más lejanas del campamento. Era notorio en ella el acento del idioma portugués que hasta hace una semana practicó en función de averiguar dónde estaba el dolor de los olvidados de Brasil.

Afuera, la esperaban su esposo y su padre. Este último, nervios mediante, expresó la felicidad que sentía por volver a ver a su «niña». «Ese Bolsonaro está loco -decía-, es un Trump brasileño».

También afuera, pero esperada por sus dos hijos, la doctora Mariuska Castillo hablaba con la voz maltrecha por la emoción y por el llanto. «Me siento feliz de estar aquí, pero a la vez estoy muy triste, porque lo que dejamos allá es trágico, muy trágico», dijo. Cuando le pregunté por alguna anécdota en especial no se refirió a ningún paciente o procedimiento extremo. «¿Qué te puedo decir, muchacho? Nosotros hicimos un vuelo comercial antes del destino final, que era Manaos-Cuba, y cuando yo me identifiqué como miembro de Más Médicos en el aeropuerto, ellos no me quisieron cobrar el equipaje. Esa gente nos quería allá».

Foto: Dunia Álvarez Palacios

Con Mariuska salí de la terminal tres del aeródromo capitalino. Salí contagiado de dolor y con la cabeza en alguna de aquellas comunidades serranas en las que nunca estuve.  Ya dentro del carro, el chofer, Lazarito, que para mi asombro es poeta en sus tiempos libres, dijo una décima, como quien intenta distender las tensiones contenidas en mi grabadora y en mi pecho.

«En Cuba es gratis la cura/ de cualquier enfermedad/ es gratis la hospitalidad/ inmejorable y segura/ gratis la ciencia más pura/ y más investigativa/ gratis la presencia viva/ del médico a cualquier hora/ y es gratis la salvadora/ medicina preventiva.»

«Qué grande es mi país». Pensé.
 



Sources: cubadebate.cu

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