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“Pese a todo, el Pellegrini y el Nacional siguen creando valor” – 14/11/2018

"Pese a todo, el Pellegrini y el Nacional siguen creando valor" - 14/11/2018



Cuando recibo noticias acerca de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y el Colegio Nacional de Buenos Aires es sobre escándalos cada vez peores. Entre ellos, el ataque físico a docentes por diferencias de concepción en la organización de la enseñanza; la expulsión de autoridades por iniciativa de “la comunidad educativa”; la ocupación forzada de las instalaciones por parte de alumnos, con el apoyo de sus padres; el consumo de drogas en los establecimientos; la violación de una menor en una toma de la escuela; la profanación de la iglesia de San Ignacio, contigua al colegio, la más antigua de Buenos Aires.

Sin embargo, los dos institutos preuniversitarios de la UBA siguen creando valor. Hace poco participé de la celebración de los 50 años de egresados del Pellegrini, un acto lleno de respeto y emoción. El tenor Sergio Tchabrassian cantó a capela el Himno Nacional, que entonamos 200 alumnos, funcionarios y profesores de la escuela en el renovado salón de actos. Los egresados incluían empresarios, profesionales, embajadores, religiosos, científicos y docentes orgullosos de su paso por ese centro de excelencia. Dos profesores nonagenarios entregaron los diplomas conmemorativos. Los costos de la ceremonia, las más de 400 fotografías y el cóctel lo sufragamos los participantes.

Cartas al país

Los mejores textos y reflexiones de la semana que enviaron nuestros lectores al diario.

Todos los lunes.

Que un establecimiento secundario público de la Argentina, creado en 1891 para promover la excelencia, mantenga a sus egresados unidos por su experiencia vital de adolescentes muestra que la civilización es posible. Que es el camino que nos conviene, generación tras generación, de racionalidad y moderación.

Osvaldo R. Agatiello

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Que los “empresarios de la noche” respeten las leyes

Fui adulto responsable de un grupo de egresados de 5° año que contrató la fiesta en el boliche “Club Leloir” (Perón 7521, Ituzaingó). Todo se desarrolló normalmente y con alegría, a excepción de que en las barras se vendía libremente alcohol a menores de 18 años pese a la clara disposición de la Ley 11748 de la provincia de Buenos Aires que lo prohíbe.

En el ingreso piden documentos a tenor de que no pueden permanecer menores de 15 años en el lugar, pero una vez adentro no tienen el mismo criterio en las barras cuando les venden alcohol a menores. Nadie del lugar me pudo aclarar esta situación. Tampoco están los carteles que exige la Ley 12432 (art. 2) que conlleva la obligatoriedad de exhibir una leyenda que indique: “Prohibida la venta y consumo de bebidas alcohólicas a menores de 18 años de edad”.

Pesa sobre este boliche un homicidio en 2006 y otro de un menor el 28 de marzo de 2015, crimen que sigue impune, sin dejar de mencionar que la familia de la víctima recibió amenazas e intimaciones por carta documento para que no sigan adelante con la denuncia porque perjudicaba al establecimiento.

Por si fuera poco, hay una red de micros que incluso se dan el gusto de circular por la vía publica sin patente, con mínimos mantenimientos. Los mismos llevan y traen a los jóvenes desde puntos de encuentro hasta el boliche.

Me pregunto si a estos “empresarios de la noche” les costaría mucho trabajar respetando las leyes y las vidas de las personas, estoy segura de que también ganarían dinero pero de una manera lícita.

Luciana Otero

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“El agua, las balas, todo pasa acá y no nos asombra”

Llueve y se inunda todo. Una mujer trata de sacar el agua de su casa y pierde de vista a su bebé de 6 meses que termina ahogado. Esto pasa en nuestro país, pendiente de un partido de fútbol y de la visita de los presidentes más importantes del mundo. El agua nos sigue tapando a todos.

También hay tiros en el Conurbano y las balas dan en la cabeza de los inocentes. Y un familiar de la víctima no pide justicia, sólo que le dejen sacarle los ojos al malnacido que mató a su hija. Esa es nuestra justicia y todos la apoyamos. Porque ese padre sabe lo que viene, sabe que las cárceles no existen y que nada es justo cuando te sacan lo que más querés. El agua, las balas, todo pasa acá y no nos asombra.

Jose Luis Traverso

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Reclama que se impulse una ley de salud integral

En la espera de la muerte, Sócrates, el más sabio de la antigua Grecia, dijo: “Critón, recuerda de llevarle un gallo a Esculapio”. Quizá en forma irónica hacía referencia a que la muerte todo lo cura y el Dios merecía una ofrenda, al destinarle ese remedio para su infausto juicio.

Ésta también puede ser la idea que inspira a las políticas de salud en nuestro país, así como a los sindicatos que administran las obras sociales, los profesionales que viven de esas organizaciones y las empresas privadas de salud. Porque no se entiende el desinterés o la falta de servicios que padecemos, en mi caso como docente, en otros como asociados o clientes de prepagas, afiliados a obras sociales o como ciudadanos que asisten a un hospital público. Deberíamos regalarles gallos por los turnos que demoran la atención semanas o meses; falta de especialistas o internación en la zona de residencia del afiliado; obligación de pasar primero por médicos referentes o retirar bonos que serán completados con el pago de coseguros; falta de cobertura de servicios esenciales como las prótesis dentales; reducción de descuentos en farmacias; suspensiones o cancelación de atención por falta o retraso en el pago a profesionales. Todo nos garantiza un cada vez más largo camino hacia la no sanación. Sin olvidar las penurias de ancianos y jubilados con el PAMI.

Espero que los responsables se pongan a trabajar en una ley de salud integral que cubra las necesidades que como seres humanos tenemos y como ciudadanos merecemos que sean garantizadas por el Estado.

Miguel Ángel Reguera

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Los Préstamos de Honor para estudiantes universitarios

En relación a la columna “Hacia una universidad más inclusiva” de Guadagni-Lima publicada el lunes último, quiero recordar que cuando yo estaba en la universidad a fines de los 60, existía el plan INCE (Instituto Nacional de Crédito Educativo para igualdad de oportunidades). Estaba dirigido sólo a las carreras de interés para la sociedad y el estudiante debía presentar un plan de estudios avalados por un titular o adjunto (padrino). Una vez aprobado el plan, el estudiante comenzaba a cobrar una suma, que si bien no cubría la totalidad de los gastos corrientes de estudio, ayudaba muchísimo. Casi no era necesario trabajar para estudiar.

Como generalmente el estudiante siempre hace cálculos más optimistas, o se podía tener algún tropiezo, entonces cada diciembre había que presentar un descargo, también avalado por el padrino, que explicaba las desviaciones del plan, programando uno nuevo. El Instituto podía aprobar o no el descargo.

Era un Préstamo de Honor, por el cual el estudiante se comprometía a devolverlo. La primera cuota vencía un año después de la graduación, por la mitad de la suma mensual recibida. O sea cancelable en el doble del plazo y con la condición de que el futuro profesional no debía abandonar el país en los próximos 2 o 3 años. Los fondos recaudados pasaban a nuevos créditos. Funcionaba perfectamente y por eso no es necesario copiar ningún sistema del extranjero.

Ing. Juan Bautista Gatti

[email protected]

clubwifiusa


Sources:
clarin-com

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